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Martes 02/03/2021

Patio de monipodio

De espaldas al río

Sevilla, por obra y (des)gracia de sus gestores, todavía no ha asumido que la corriente fluvial que le dio vida es su gran arteria

Publicado: 26/01/2021 ·
19:39
· Actualizado: 26/01/2021 · 19:39
  • El Guadalquivir a su paso por Coria del Río
Autor

Rafael Sanmartín

Rafael Sanmartín es periodista y escritor. Estudios de periodismo, filosofía, historia y márketing. Trabajos en prensa, radio y TV

Patio de monipodio

Con su amplia experiencia como periodista, escritor y conferenciante, el autor expone sus puntos de vista de la actualidad

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El islote perdido entre marismas y canales, por eso defendible, se vio convertido en tierra firme cuando el mismo río que aportaba su agua a los pantanos circundantes los fue rellenando de lodo y arena. El Guadalquivir, el padre Betis, el Río Grande, el de la gracia y el salero que en eso da lecciones hasta al mar según Cavestany, es la víctima de una ciudad olvidadiza y desagradecida por culpa de unos gestores que, desde el siglo XIII hacen vivir a la ciudad de espaldas a su río. Un río es un tesoro, ciudades grandes y pequeñas hacen gala de sus ríos y riachuelos; son capaces de convivir en consonancia con sus corrientes fluviales, hechas atractivo y vías de comunicación. Las ciudades tienden puentes entre ambas orillas y hacen calles de sus corrientes, como París, Londres, Estocolmo y otras varias. Sevilla tardó en asumir que su vía fluvial era mejor autopista para el deporte que la mar abierta, y vuelta a coincidir con el poeta de Morón.


Sevilla, por obra y (des)gracia de sus gestores, todavía no ha asumido que la corriente fluvial que le dio vida es su gran arteria, su avenida principal. Pasado el tiempo de los reyes poetas, de la medicina avanzada, del rechazo a la Inquisición, de la exportación, de las revoluciones todavía pendientes, las administraciones, sobradas de tiempo y medios, la encerraron en sí misma, en su recuerdo. La obligaron a ver pasar puertos deportivos y barcos cargados de contenedores enviados a Tánger, que aquí la industria «no encaja». La bañaron en las aguas plácidas de su pasado y, hasta este siglo XXI del 5G, con sus orillas frías y despersonalizadas, la mantienen limitada al limitado uso deportivo de los club, únicos capaces de sacar algún provecho de sus posibilidades. La confabulación de las administraciones tiene vacío el lecho más productivo de una ciudad que fue productiva mientras se lo permitieron.


Gracias a la imaginación, a la creatividad, a la capacidad imposible de cercenar por más que se intente, el río está recobrando vida. Esta arteria central puede prestar a la ciudad, a las ciudades situadas a sus orillas un servicio útil, esencial. El río de Sevilla puede recuperarse como vía de comunicación. La más eficaz, rápida y económica. El proyecto parte de la mente de un Ingeniero informático, Agustín Javier Salas García, que ha puesto su mente y su fortuna al servicio de la lógica. Criado junto al río, en La Puebla, actualmente avecindado en Coria, junto al río también, ha diseñado el método más revolucionario -lo más revolucionario suele ser lo más lógico- para permitir que la principal arteria de la conurbación sea el medio de transporte metropolitano, exportable a todo el mundo. Pensar en Sevilla es pensar en el mundo, Agustín Salas lo está demostrando. Su invento, patentado y dispuesto para su puesta en marcha, combina estaciones capaces de permitir la entrada y salida de viajeros en pocos minutos, y trenes acuáticos con velocidad de crucero superior a la habitual de los barcos. Diseñado el sistema y sus elementos, se ha creado el consorcio capaz de ponerlo en marcha. Sólo queda esperar que Sevilla sea la primera ciudad en adoptar un medio de transporte rápido, eficaz y económico.

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