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Miercoles, 25/04/2018

Palabras en Libertad

La segunda muerte de Miguel Ángel Blanco

El homenaje a Blanco no es ni supone comulgar con el PP. Desde luego que yo no lo hago

Falsa polémica, como siempre. La muerte de Miguel Ángel Blanco es igual que la de cualquier víctima del terrorismo: un drama inadmisible. Polémica resuelta. Pero no. Para algunos, recordar a Miguel Ángel Blanco en el 20 aniversario de su asesinato supone un agravio con otras víctimas. Las víctimas se pronuncian en sentido contrario. Polémica resuelta. Pero no. La muerte de Miguel Ángel Blanco es un buen  negocio político para el PP y no es representativo del sentimiento general. Los ciudadanos que llenaron las calles de Ermua, con Carlos Totorica, su alcalde socialista, a la cabeza, durante la interminable vigilia que acompañó al ultimátum terrorista que precedió al crimen, atestiguan lo contrario. Igual que los miles, decenas de miles, centenares de miles, millones de personas que se rebelaron, insólitamente, contra el asesinato del joven concejal.  Los ertzainas que se quitaron los pasamontañas para estar a la altura de los vecinos que se manifestaban contra los terroristas y los abertzales, lo atestiguan también lo atestiguan. Lo atestiguan de igual modo las decenas de reporteros y enviados especiales al País Vasco que cubrieron la terrible noticia del secuestro y asesinato de Blanco, que fueron capaces de transmitir al mundo entero la rebelión ciudadana y cívica contra el terrorismo. Polémica concluida, pero no.

La gran pancarta que da la bienvenida a los refugiados, instalada en la fachada del Palacio de Cibeles para recibir a los refugiados que nunca han llegado, es una solemne nadería política. Una muestra de insustancialidad, de dejadez institucional. Si tanto es así, ¿por qué no convoca el ayuntamiento movilizaciones para reclamar la llegada de refugiados? Porque basta con el gesto, el folclore, la sin nadería clásica del efectismo sin fondo. Nada. Poner, en ese contexto una pancarta recordando el acontecimiento que supuso el crimen de Miguel Ángel Blanco es una ofensa a otras víctimas. La de los refugiados hiere etimológicamente a los inmigrantes, a los exiliados.

El homenaje a Blanco no es ni supone comulgar con el PP. Desde luego que yo no lo hago. Al contrario, abomino de su utilización interesada para sacar siempre rédito electoral. Pero eso no elimina la variable fundamental que da sentido a la ecuación: el crimen perpetrado y la movilización social registrada.
Se hacen homenajes a la movilización del 15M pero no a la movilización espectacular, ciudadana, digna y e indignada contra ETA. Si esto coincide con las declaraciones de Iglesias sobre la dignidad de Otegui, que estaba en la playa, según sus propias palabras, durante la agonía y asesinato de Blanco, entonces uno sospecha que estamos en el primer acto de la reescritura de la etapa más negra de nuestra historia reciente: el terrorismo de ETA.

Lo peor de todo, escuchar las justificaciones de Carmena. Con el respeto que le tengo. Abominable. Polémica resuelta.

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