Actualizado: 11:43 CET
Lunes, 24/06/2019

Lo que queda del día

La nueva pose

Quienes deberían seguir el ejemplo de Lennon o de Serrat prefieren ahora seguidores en Instagram o en Twitter

  • War is over!, el mensaje de John Lennon en las navidades de 1971

En las navidades de 1971, Yoko Ono publicó una página de publicidad en los principales periódicos de Nueva York en los que anunciaba la apertura de su última exposición en el Museo de Arte Contemporáneo. Aquella misma mañana se formó una larga cola para visitar la muestra. Para sorpresa del público y de los propios empleados de las instalaciones, no había prevista ninguna exposición de Yoko Ono. El director del Museo se puso en contacto con las oficinas de Apple Music en busca de una explicación y a media mañana la encontraron en boca de la propia artista japonesa: Se trataba de una exposición “conceptual” que “sólo existía” en su mente.  

Lo cuenta el documental John and Yoko, en el que se describe todo el proceso creativo que rodeó la grabación del álbum Imagine de John Lennon, desde 1969 hasta finales de 1971, y en el que se recogen igualmente los testimonios de parte del público que acudió a la inexistente exposición, desde los que se consideraban estafados, hasta los que calificaban a Ono como una auténtica “majareta”; pero, también, los que interpretaban la iniciativa como una genialidad, incluido un niño de 10 años que felicitaba a la ciudad por disponer de un museo en el que podías ver lo que tus ojos quisieran. 

John Lennon había decidido por esas fechas que quería publicar una canción navideña. La tituló Happy Xmas (war is over), mundialmente famosa desde entonces, y aprovechó igualmente para emprender otra original campaña por su cuenta: alquiló uno de los enormes paneles publicitarios de Times Square y, entre anuncios de espectáculos de Broadway y grandes firmas comerciales, colocó en grandes letras mayúsculas la frase “War is over!” (“La guerra ha terminado”), acompañada del subtítulo “if you want it” (“si tú lo quieres”) y una breve felicitación navideña en su nombre y en el de Yoko. El mensaje era el colofón al año de Imagine, cuya letra -lo terminaría admitiendo- tomaba como punto de partida uno de los poemas publicados por Yoko Ono a mediados de los sesenta en el libro Grapefruits.

El documental, convertido también en pretexto para ofrecer una imagen más afectuosa de “la mujer que rompió los Beatles”, es un brillante acercamiento al proceso creativo de una de las figuras fundamentales de la música del siglo XX, y a la de John Lennon en sí mismo, pero también al retrato de la época y la influencia que la misma ejerció sobre su trabajo, con la guerra de Vietnam, los ecos del mayo del 68 y la lucha por los derechos civiles como telón de fondo, cuya consecuencia directa fue la grabación del álbum Imagine. Lennon tenía 29 años cuando lo compuso.

También en 1971, aunque muy lejos de Manhattan, un cantautor catalán de 28 años, de nombre Joan Manuel Serrat, publicaba su tercer disco en castellano, Mediterráneo, que aún sin documental, y salvando las distancias -o las dimensiones-, posee para nosotros tanta trascendencia como el trabajo del exbeatle; en ambos casos, himnos emocionales y universales que nos acompañarán toda la vida.

47 años después, Serrat ha decidido conmemorar la publicación de aquel disco con una gira en la que repasa su fantástico repertorio. Esta semana se ha sabido -hay un vídeo que recoge el momento- que en una de sus actuaciones en Barcelona tuvo que interrumpir Aquellas pequeñas cosas para responderle a un señor del público que empezó a reclamarle que cantara en catalán. Le respondió en catalán, por supuesto, y muy enfadado: “Todos vamos despistados a muchos sitios. El despiste es general”, le dijo por justificarle su falta. En el fondo, hay que leer entre líneas para entender que hacía referencia a la “cuestión catalana” o, si lo prefieren, a la estupidez como signo de nuestros tiempos, ahora bajo el amparo de las redes sociales.

En Serrat no cabe la pose, como tampoco cabía en el caso de Lennon cuando arremetía contra Nixon. Quienes deberían seguir su ejemplo prefieren ahora seguidores en Instragram o en Twitter; a lo sumo, la pose contra Trump, que también vende.

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