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Sábado, 15/12/2018

Notas de un lector

La espera de los sueños

En 2005, Juan José Vélez Otero obtuvo el premio de poesía “Cáceres Patrimonio de la Humanidad” por su libro “La soledad del nómada”. Dos años más tarde, “El solar”, era galardonado con el premio “Aljabibe”.Ven ahora la luz bajo el título de “En el solar del nómada”

En 2005, Juan José Vélez Otero obtuvo el premio de poesía “Cáceres Patrimonio de la Humanidad” por su libro “La soledad del nómada”. Dos años más tarde, su poemario, “El solar”, era galardonado con el premio “Aljabibe”.
Aquellos dos volúmenes -nacidos de forma unitaria, pero separados por razones de edición y del azar de los certámenes mencionados-, ven ahora la luz bajo el título de “En el solar del nómada” (Valparaíso Ediciones. Granada, octubre de 2014).
Con ocho libros ya en su haber, este sanluqueño del 57, que  alterna su tarea literaria con la docente, ha traducido también al castellano lírica norteamericana -Donald Hall y YusefKomunyakaa, Jane Kenyon…-, así como a la poetisa palestina NathalieHandal.

     La poesía de Juan José Vélez Otero se mueve al compás de unsostenido desamparo que confronta el plural aprendizaje de la existencia con la única y mortal condición humana. Sabedor de que lo pretérito no retorna y que es complejo domesticar el presente, su visionario escepticismo le devuelve hasta una íntima espiritualidad ora esperanzada, ora desasosegante. Todo ello, tamizado por un verso de acentuado sentimentalismo, ajeno a vacuas retóricas, y cuya métrica respira tonalidades métricas muy bien ritmadas.

     De vuelta a su decir, “En el solar del nómada” es un volumen múltiple y multiforme, en el que sobresale una mirada desde la que el yo lírico siente un cierto desconcierto, un cierto vencimiento de la conciencia propia y colectiva. Ese vacío, resuelto en muchas ocasiones a través de un verbo herido y desencantado, deja al poeta en un estado de hondo desasosiego: “No me pidas la vida. Sólo puedo ofrecerte/ los ojos sin lustre de una libélula disecada (…) Sólo puedo ofrecerte/ un candil apagado;/ la miserable soledad entre las pitas”.
Consciente de que la poesía es el arma que nos salva de nosotros mismos, Vélez Otero convierte su cántico en testimonio y confesión, y de sus vitalistas reflexiones, nacen los textos de mayor consistencia e íntima expresividad: “Alguien,/ desconocido y cercano,/ dejó en este cajón/ el libro de una historia,/  un diario brumoso/ acuñado en el plomo/ de los días de espera./ Pintó un reloj en cada página,/ un laberinto invisible/ trazó en el desvaído/ papel indescifrable:/ la espera de los sueños,/ el humo del fracaso,/ y un profundo abandono/ de pétalo olvidado”.

     En su jugoso prefacio, José Jurado Morales desgrana con detalle las claves principales que abrigan los versos del vate andaluz y revela la recurrente temática que anida en estas páginas: “`En el solar del nómada´ -escribe- aporta una indagación en el mundo interior del sujeto poético determinado por unos conceptos muy repetidos: la soledad y la nostalgia, el fracaso y la derrota”.
Además de éstos, y aunque en menor medida, pueden hallarse instantes en los que el poeta  quisiera arrancarle a la esperanza, promesas, creencias, ilusiones, que conviertan el vivir en feraz certidumbre (“con un mapa de luz/ trazado en la memoria/ y el recuerdo del sol debajo de mis párpados”), en anhelo amatorio (“Me gusta recordar en estas tardes/ de invierno y bruma tus ojos,/ la calidez mordiente de tu boca”).

     Un poemario, al cabo, preciso y desnudo de artificios, que dialoga cómplice con el paso del tiempo y con la brújula de nuestra finita y nómada existencia.

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