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Sábado, 23/06/2018

La Gatera

Sevilla, ciudad de libros

Es un libro de libros. Una sucesión de libros usados de contenido filosófico, inocentemente adquiridos por ciudadanos anónimos...

Sevilla es una ciudad muy cinematográfica. No le descubro nada, lo sé. Y no me refiero al Festival (con su polémico cartel) ni a los multicines llenos de palomitas (que también). Me refiero a que a Sevilla le sienta muy bien el suspense, la intriga y sobre todo la penumbra de la sospecha. Les digo esto porque hace muy pocos días el escritor sevillano Luis Felipe Campuzano ha "parido" una nueva novela. Y ha querido ambientarla en Sevilla, sin que la ciudad sea la protagonista. Ha querido que fuera ese maravilloso atrezzo que tan bien sabe ser nuestra ciudad. Ha sido a los libros a los que Campuzano ha hecho protagonistas. Porque es una novela que es meta-literatura como diría mi amigo, el poeta Pepe Gálvez. Es un libro de libros. Una sucesión de libros usados de contenido filosófico, inocentemente adquiridos por ciudadanos anónimos en diferentes mercadillos callejeros de Sevilla, desatan una trama macabra y brutal en la que estos se verán envueltos. Libros, firmados por pensadores de la talla de Descartes, Kant, Pascal...que ofrecen un común denominador: el haber formado parte alguna vez del índice de libros prohibidos por la Inquisición, una relación de títulos que era necesario expurgar por ser considerados perniciosos para la Fe. Por eso le ha llamado "La ciudad de los libros malditos".

En Sevilla se sabe escribir. Somos una ciudad literaria y novelesca. Una ciudad que se reinventa cada primavera. Algunos con una cruz de ceniza y otros con el despertar del azahar. Y sabemos contarlo, no por ser cuentistas, sino porque nos gusta ser parte del cuento. Se lo digo yo que llevo leídos kilómetros de líneas escritas por manos sevillanas. Vamos que si uno todos los libros que he leído de paisanos, podría ir a la luna y volver un par de fines de semana... Y aunque estos kilómetros de líneas parezcan que me dan autoridad para decirlo, también es un lastre. Porque pocas cosas enganchan ya a estos hipermétropes ojos de editora. Pero Campuzano lo ha conseguido. He disfrutado paseando por las calles de esa ciudad maldita de libros malditos, y de malditos lectores que como yo no dudarían en jugarse la vida entre página y página.

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