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Lunes 25/10/2021

El Loco de la salina

Se está perdiendo la vergüenza

La respuesta la tenemos en la Biblia. Allí, en su libro del Génesis, se cuenta que Yavé hizo al hombre del barro.

Publicado: 16/05/2021 ·
21:17
· Actualizado: 16/05/2021 · 21:17
Autor

Paco Melero

Licenciado en Filología Hispánica y con un punto de locura por la Lengua Latina y su evolución hasta nuestros días.

El Loco de la salina

"Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás" (Albert Einstein)

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Estábamos locos por que llegara el tiempo de playa para refrescarnos y no tener que estar pendientes de los bichos que tanta coba, con uve y con be, nos han dado. Parecía que nunca iba a llegar, pero ya está aquí prácticamente el verano y las calores, por lo que también se puede decir que ha llegado el momento de dar la cara y presentar al público nuestros cuerpos serranos en toda su plenitud. Muchos no quieren ni oír eso de plenitud, porque les parece que el término se refiere más bien a la anchura del organismo, que nos ha dejado un grosor nunca deseado y ahora más temido que nunca. Pero que nadie se preocupe. Quitando los que van a las pasarelas, los demás mortales nos vamos apañando con lo que tenemos, aunque los más tímidos y vergonzosos se resisten a enseñar lo que ahora las ropas ocultan.

La playa nos da la gran oportunidad, ahora que hay menos gente curioseando, de poner nuestras carnes a disposición del sol y del aire sin importarnos el qué dirán ni el qué pensarán los que también tienen tantos detalles que tapar. Lo que pasa es que con la edad se van perdiendo muchas cosas, y entre ellas, la vergüenza. Vivimos en un escaparate, algo parecido al chivato del Facebook, y, si en el móvil sabe todo el mundo nuestra vida y obras, en la playa hasta el más tonto ve nuestros inmensos michelines. Pero eso ha llegado a importarnos un soberano pimiento. Así como creemos que nuestros hijos son los más bonitos del mundo, igual pensamos de nuestros cuerpos, sin imaginar que los de enfrente nos ven impresentables. Van los cuerpos errantes de un lado a otro con la sana e imposible intención de restar algo de grasa a un mogollón de carne que viene tocado de meses atrás por los guisos, los dulces, la pringá (pringada para los más finos), el pan, el chocolate… Nos hemos olvidado de las verduras demasiado tiempo y ahora pagamos las consecuencias.

Sin embargo, los locos, preocupados por tan delicado asunto, nos hemos reunido y le hemos dado muchas vueltas al tema. La primera pregunta que nos hemos hecho caía por sí misma y era de cajón: ¿cómo y de qué manera fue creado el hombre? Por ahí sabremos de qué pasta estamos fabricados para que hayamos adquirido tanto volumen. La respuesta la tenemos en la Biblia. Allí, en su libro del Génesis, se cuenta que Yavé hizo al hombre del barro. Nosotros hemos visto en algún programa de televisión cómo manejan el barro los artesanos del ramo, y ya usted me dirá. Le van dando vueltas al torno y lo que salga salió. Hemos observado que unos botijos les salen redonditos, otros les salen con bultitos, otros más altos, otros más pequeños… Lo mismo hacen botijos que ánforas, que huchas. Así tuvo que ser y así lo hemos heredado. No queremos decir que el hombre sea un botijo, ni la mujer tampoco, aunque esta fuera sacada de una costilla del hombre, y no lo digo yo. El problema es que la cabra tira al monte. Algunos y algunas ya tenían dentro el ansia por comer más de la cuenta y ahora ven los nefastos resultados por tanto come y que disfrute tu cuerpo. Sin embargo, ahí los tienes, orgullosos de una carne recibida en el torno de la vida, porque sería muy complicado explicar cómo algunos señores y señoras tiran de esos cuerpos cambembos sin que tengan reparo alguno en mostrarnos sus amplias debilidades.

A lo dicho, que lo que se van a comer los gusanos, que lo disfrutemos en verano.

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