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Martes, 19/06/2018

De vuelta a Ítaca

Cuando la Justicia no es igual para todos

Aunque los más jóvenes no lo recuerden ya, Pedro Pacheco forma parte importante de la historia reciente de la política andaluza de fin del siglo pasado...

Aunque los más jóvenes seguramente no lo recuerden ya, Pedro Pacheco forma parte importante de la historia reciente de la política andaluza de fin del siglo pasado. Y no. No exagero. Pues aunque ahora algunos se hayan olvidado de él, Pacheco fue uno de los padres del andalucismo moderno, y ocupó cargos importantes, y participó en mil y un actos, y protagonizó fracciones y creó partidos,... Aunque como todos los que sostuvieron aquella ideología y no supieron reciclarse oportuna -o más bien oportunistamente-, también dejó de ser tenido en cuenta cuando del PA histórico no quedaron más que cenizas de lo que antaño había sido un partido fuerte que llegaría a tener representación institucional, incluso fuera de las fronteras andaluzas.

Hoy -aunque de eso también nos hayamos olvidado-, el ángel caído jerezano está en prisión, y lleva ahí la friolera de más de 1100 días sin que se aviste todavía la posibilidad del tercer grado. Las cosas son así. En política ha habido demasiado sinvergüenza como para que podamos sentir compasión por un hombre que ya ha llegado a los 68 años, y que posiblemente no salga de la cárcel hasta cumplir los setenta. Pero el caso es que lo de Pacheco no es justo, al menos si comparamos su caso con el de otros que habiendo hecho mucho más que él, disfrutan de la impunidad en un país en el que la corrupción está desgraciadamente a la orden del día.

No es mi intención defender a Pacheco, no crean. Ni tengo ni tuve nunca simpatías políticas hacia una figura que me ha recordado siempre al típico político caciquista andaluz. Pero es que lo que está sucediendo aquí no puede más que indignarme. Porque Pacheco está en la cárcel por enchufar en el ayuntamiento de Jerez a un par de asesores que no iban a trabajar, favorecer a un amigote en un concurso público y usar el dinero de los jerezanos en comprar una casa en El Rocío para la Hermandad de la ciudad. Y sí. Vale que todo esto está mal. Y a mí de hecho actos así me repugnan en lo más hondo de mis entrañas. Pero es que me sorprende que en un país en el que eso ha ocurrido en miles de ayuntamientos sin que nadie fuese condenado por ello, Pacheco se las vaya a comer todas sin que ni siquiera haya habido enriquecimiento personal, y habiendo devuelto con su patrimonio ya hasta el último céntimo de cada una de esas irregularidades.

Lo siento. Pero en un país en el que a las ofertas de empleo público en los ayuntamientos pequeños sólo les falta poner el nombre y apellidos necesarios para concursar; y en el que el partido que gobierna -más que supuestamente -se ha financiado ilegalmente y entregado sobresueldos a sus dirigentes a cambio de concesiones sin que nadie haya pisado todavía cárcel, la cosa está clara. Y es que la Justicia diga lo que diga la Ley o el mismísimo Rey, aquí no es igual para todos. Porque si a todos los políticos que hubiesen cometido una irregularidad se les hubiera juzgado y condenado con el mismo celo que a Pacheco, en España lo mismo no habría cárceles para albergar a tanto corrupto. Pero no. Pacheco no tiene poder ni influencias. Y por eso se va a tragar la pena que le corresponde de acorde a nuestras leyes igual que nos la tragaríamos usted y yo. Como se la tragarían todos los de la mayoría social. Esa mayoría que no es poseedora de fortunas o dirige alguno de esos dos grandes partidos que han arruinado a España.

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