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Jueves, 15/11/2018

De incógnito

El escudo, lo oficial y su trascendencia

Hay que apuntarle un tanto a González Rojas: si no es por él, muchos ni se hubieran entrado de que se estaba en proceso de aprobar un escudo oficial...

Como pasa casi siempre, nos enteramos de muchas cosas casi cuando ya no tienen más remedio o cuando alguien mete el dedo en la llaga o saca los pies del plato. Hace unas cuantas semanas, en este miismo diario, se publicaba la noticia de que el BOP incluía entre sus páginas el periodo de exposición pública para elegir el escudo de la ciudad. Reconozco que pensaba, y me da la impresión de que les ocurre a muchos sevillanos, que Sevilla ya tenía su escudo oficial. Es más, me parecía increíble que la ciudad de San Fernando y la madeja no tuviera un escudo oficial. Y no, resulta que no lo tiene pero también resulta que ha pasado casi desapercibida esta historia en la ciudad hasta que ha llegado Izquierda Unida y ha levantado la polvareda. Hay que apuntarle un tanto a González Rojas: si no es por él, muchos ni se hubieran entrado de que se estaba en proceso de aprobar un escudo oficial.

Pero no todos se han enterado. Sevilla habrá podido utilizar a lo largo de los años un escudo más o menos parecido al que todos nos imaginamos que representa a la ciudad, pero no hay escudo de Sevilla. La ciudad “Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Invicta y Mariana” ha ido utilizando a lo largo de la historia determinados símbolos que se han ido repitiendo pero que también se han ido modificando, aunque en algunos aspectos ha quedado casi inamovible. Y sólo ahora se ha decidido hacer oficial lo oficioso y, además, porque la ley así lo impone, abrir un proceso de participación antes de que se apruebe formalmente, eso sí, por el Pleno del Ayuntamiento, máxima representación de la soberanía de los sevillanos.

La polémica suscitada por las declaraciones de González Rojas, que al fin y al cabo no se sale ni un ápice de su ideología, al menos ha hecho posible que se hable del membrete que se va a estampar con oficialidad en el IBI que paguemos o en la multa que queremos recurrir. Otra cosa y muy diferente es si el tema importa o no a la ciudadanía como para interesar lo suficiente para que haya una verdadera participación ciudadana. Porque en este mundo tan presto a la lectura rápida y al teclado fácil, muchas de las cosas que incendian -aunque sea un ratito- las redes sociales no son al final tan trascendentes como aparentan Facebook o Twitter. 

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