Actualizado: 09:44 CET
Lunes, 24/02/2020

Provincia de Cádiz

Medina, historia de la división de un pueblo felizmente resuelta

La independencia de Benalup marca los primeros diez años de Democracia. A partir de1991, Medina inicia una década fecunda y pródiga

  • Castillo, muralla y museo arqueológico son los principales atractivos turísticos, junto a la gastronomía y la repostería navideña.

La llegada de la Democracia agitó las ascuas del movimiento segregacionista de Benalup, latente desde principios del siglo XIX. La reivindicación cobró nuevos bríos a finales de los años sesenta y durante buena parte de los setenta, con el régimen franquista moribundo, en las figuras de José Romero Bohollo y Eugenio Espinosa. O Nicolás Vela. “Su único programa ha sido la independencia”, decían de este vecino, alcalde pedáneo e hijo predilecto a título póstumo del nuevo municipio en 1994, a quien preocupaban “las calamidades” que veía en su pueblo, “totalmente discriminado por Medina, que acometía tremendas injusticias sociales”, tal y como aseguraba.

El movimiento se cobró un primer triunfo en 1982, cuando se aprobó el inicio del expediente de segregación, una vez que la dirección provincial del PSOE hubo dado luz verde a esta vía previamente. De manera inmediata, a la contra, se creó la asociación pro defensa del término municipal y se desató una feroz lucha intestina en las filas socialistas. Todo esto llevó al extremo la convivencia en las calles y en la propia formación política durante casi una década.

Hay dos fechas más que resultan claves en el procedimiento y que muestran de manera ostensible la tensión que generaba esta cuestión. En agosto de 1985, el Pleno rechazó la propuesta de la Alcaldía para que Benalup se constituyera en entidad local menor gracias a que la pedanía contaba con mayoría de concejales y los integrantes de la plataforma ocuparon el salón durante horas, hasta el punto de que el entonces alcalde Agustín Flor se vio obligado a suspender la sesión. Dos años después, un joven Francisco González Cabaña, militante socialista pero a la cabeza de la Candidatura Unitaria de Benalup (CUB), a favor de la segregación, reta al PSOE prestando sus votos para hacer alcalde nuevamente a Agustín Flor en detrimento de Juan Cornejo. La situación es insostenible y la independencia se impone en el debate político.

La reconciliación está en marcha y Cornejo toma el bastón de mando meses después. La cuestión sobre la extensión del nuevo término municipal, el triple en la propuesta inicial de la que finalmente se aprueba, es el último escollo. Se salva. No había otra opción. En 1991, Benalup se constituyó como municipio y el PSOE cerró la crisis con dos victorias apabullantes, tanto en un pueblo como en el  otro. Medina encaró entonces una década fecunda y pródiga.

La localidad se dotó de infraestructuras deportivas y sanitarias, combatió la infravivienda y avanzó en la planificación urbanística, con el desarrollo del polígono industrial del Prado de la Feria, al tiempo que el Ayuntamiento fomentó la participación ciudadana. “En solo cuatro años -relata el ex primer edil Mariano Maetzu entre 1995 y 1999-, se crearon veinte asociaciones”.  Con Francisco Carrera como regidor, el municipio dio un nuevo paso en la recuperación del patrimonio histórico y artístico local, que cuenta además con impresionantes casas palacio. Las rehabilitaciones del Castillo y la Muralla de la Fuente Salada y su entorno, así como el trabajo para recuperar las cloacas romanas y abrir el museo arqueológico, marcaron los últimos veinte años y han servido para impulsar la actividad turística. Aún queda tarea por hacer en este sentido. Las iglesias de Santa Ana y San Agustín, cerradas por su lamentable estado de conservación, dan buena prueba de ello.  

Pero Medina encara el futuro inmediato con razonable optimismo. Es cierto que el segundo polígono industrial, El Machorro, precisa de un impulso. Que la tasa de paro, en torno al 30%, sigue siendo demasiado alta. Y aún hoy Ayuntamiento y Junta no han resuelto los problemas con los terrenos de Santa Catalina, cuyos vecinos tuvieron que ser desalojados de sus viviendas y reubicados por un corrimiento de tierras. Pero el desarrollo de las comunicaciones, que han acercado aún más las dos bahías y Jerez y campiña a la localidad, Chiclana y Vejer, y la consolidación de empresas vinculadas al sector primario y la repostería navideña y la actividad turística han renovado las esperanzas. El Balcón de la Bahía, que renunció a instalar aerogeneradores eólicos a menos de seis kilómetros del pueblo, conserva sus esencias pero muestra ambición. 

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