Actualizado: 15:05 CET
Martes, 16/10/2018

Cádiz

Los abuelos que escribieron la historia de Cádiz

Más de 700 años suman los nueve alumnos de los talleres de memoria y escritura del Plan Lector, que se celebran los miércoles en la biblioteca Celestino Mutis

Taller de escritura y memoria en la biblioteca Celestino Mutis.

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Taller de escritura y memoria en la biblioteca Celestino Mutis.

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Taller de escritura y memoria en la biblioteca Celestino Mutis.

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Taller de escritura y memoria en la biblioteca Celestino Mutis.

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Taller de escritura y memoria en la biblioteca Celestino Mutis.

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Taller de escritura y memoria en la biblioteca Celestino Mutis.

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 Sobre la mesa de una de las salas de la Biblioteca Celestino Mutis se sumaban 711 años. Carmen, Isabel, Mari Paz o Rafael son algunos de los integrantes del grupo de los talleres de escritura y memoria del Plan Lector. Unos talleres gratuitos que cuentan con la ayuda económica de La Caixa.

Las citas son todos los miércoles de 10 a 12 y el maestro de ceremonias es David Monthiel, que, además de cariño y empatía en el trato, pone muchísimo sentido del humor. Pasar esas dos horas con ellos es como estar con tu abuelo y para quienes ya no tenemos esa suerte es una experiencia conmovedora.

 

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Monthiel pone sobre la mesa distintas fórmulas para motivar que este grupo de personas mayores obliguen a trabajar al cerebro.  Momentos como qué recuerdas del día de la explosión de Cádiz (18 de agosto de 1947) o el momento histórico de la muerte del general Franco (20 de noviembre de 1975)  sembraron multitud de recuerdos. Los lamentos de esas personas que lloraban la pérdida de un ser querido o el cielo que parecía que iba a romperse, rojo, lleno de hierros, y la oscuridad son parte de una descripción en grupo que después se veía aderezada con la lectura de ‘Las mil y una historias de Pericón de Cádiz’, justo el día de la explosión en San Severiano, recorriendo calles y lugares de Cádiz como el hotel Manolita -un lugar que era conocido por todos los que estaban en la mesa-.

Tras este repaso por estos dos episodios históricos, en parejas, los protagonistas de esta historia recordaban sus viajes o cómo fue su experiencia al montarse en un avión. Le contaban al de al lado su vivencia y su oyente después se encargaba de resumirla a los demás. Técnicas que obligan a dar detalles, relatar historias y recordar fechas o momentos que tuvieron relevancia en sus vidas.

El instructor es la primera vez que se enfrenta a este curso pero ganas no le faltan. Escucha con paciencia cómo Rafael León, que fue bombero en sus años mozos, se considera el “descubridor del Teatro Romano”, tras una hazaña laboral que puso en peligro su vida.

Otros hechos relevantes en la ciudad como la subida del Cádiz a Primera División, que algunos pasaban en el Estadio, otros en el hospital “y aquí estoy, viva”; o el hombre al que le atravesó una bengala en el Estadio Carranza (un 21 de abril de 1985);  una historia que vivió de  primera mano una de las alumnas del taller que fue “socia del Cádiz CF durante 20 años”; o la inauguración del propio puente Carranza, que “fue una fiesta preciosa con puestos y cohetes (28 de octubre de 1969).  Las Grandes Regatas o el Primer Trofeo Carranza fueron algunas de las citas que no se perdieron ninguno de estos alumnos tan especiales y tan llenos de vida y de ganas de participar.

 

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A mitad de la jornada, después de la charla por parejas y de explicar cada uno cómo vivieron algunos de estos acontecimientos jugaron al ‘memory’. Con estos hitos históricos, David Monthiel  creó un juego que fue mejorando a medida que iban haciéndose a la técnica. “A las cartas, hay que buscar las cartas iguales”, explicaba con gracia una de esas mayores, considerada por el grupo de “las más jovencitas que hay aquí”, por eso “acierta más” le echaban en cara con cierta cursilería las mayores del grupo.

Estos abuelos demostraron que tienen un buen ‘palique’,  y que controlan el vocabulario gaditano. La siguiente práctica fueron refranes y palabras de Cádiz. En los refranes todos sacaron matrícula de honor, incluso hubo alguno que fue capaz de poner sobre la mesa dichos poco conocidos: “Hay quien mea en lata y no suena, y quien mea en lana y suena”. Todos sabían su significado. Tras el chaparrón de refranes llegaron las palabras gaditanas: empetao, tajá, quillo, gachí, paniza... Ninguno de los allí presentes tenía ganas de irse, era pura diversión y ellos un manantial de sabiduría del que es difícil despegarse. 

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