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Viernes, 13/09/2019

Una feminista en la cocina

Los poetas sí mueren

Publicado: 30/05/2019 ·
12:01
Actualizado: 04/06/2019 · 16:55

La vida es precisa porque es finita, como la pluma sesgada de un poeta que nunca tuvo género- ni estirpe- más que la de afilar palabras para que nos dieran algo

Muere la memoria y quien la dispensa. Muere el mar y acaba en playa. Muere lo que queremos y lo que odiamos y morimos nosotros que somos solo sueños de un tarado con mucho tiempo.                                                                                                                           

Amanecer.

La vida es precisa porque es finita, como la pluma sesgada de un poeta que nunca tuvo género- ni estirpe- más que la de afilar palabras para que nos dieran algo más que dolores de cabeza. Nunca entendí la poesía porque la intensidad existencial me produce ansiedad igual que casi todo. No me medico porque disiento de las píldoras magistrales, de los farmacéuticos encapsulados en la rebotica y en los cajones que llevan a otros cajones más pequeños. Mercedes Escolano ha parido libro de poemas en el amanecer de sus años más fértiles. “Placeres y mentiras” se llama el niño, recogidito entre sedas de matrona complacida, con ojos de cachorro hambriento. No sé si sabrá Mercedes que lo trae a un mundo que no entiende a los poetas. No sé si menos a las mujeres que ejercen la poesía porque nunca he tocado ese palo, pero sí sé que éste es un mundo donde la negritud impera y un niño ahogado en la playa hace abrirse conciencias y nacer comentarios internaúticos a miles, pero que al día siguiente la bandada de insatisfechos comedores de plástico embotellado vuelve la faz hacia otro tema.

No sé si los versos plagados de amor, deseo, colores brillantes y sensaciones  gustarán al mundo, pero me gustan a mí tanto como las cervezas frías sin alcohol a pie del Marítimo. Gloria Ocón con su excelsa estatura estará de acuerdo conmigo…Escolano  vale mucho más que estas miserables letras tiradas al aire como dados trucados.  “Quiero ser fiel y volver a sus brazos, encontrando la cicuta, el cuchillo, los venenos y las agujas”. Quiero morir escribiendo y vivir para parir un texto. Mercedes lo sabe, porque  dispensa cada día paciencia en Secundaria a renglones cárnicos que nacieron desafinados y sordos para la literatura; incapaces de desgajar métricas imposibles que los grandes como Lope confeccionaban (¡¡ la madre que lo parió tan perfecto!!) al tiempo que se endilgaba un par de mozuelas discretas. Las mujeres de ahora- al modo Escolano-sobrevivimos y parimos cuando nos dejan. Ella más porque combina “Placeres y mentiras” con amueblamiento de cerebros de 12 años a los que pertrecha con versos apalabrados y bien paridos, entre horas robadas al sueño y desorden en la cocina. Nunca nos entenderán los que nacieron muertos, los que no pueden ponerse en la piel de estos versos…”El peso de la tinta, el peso del papel acariciado, el peso sutil e ingrávido de las palabras, ¿qué más placer podrían darme?” Porque esperamos que lo imposible se cumpla y los adolescentes entiendan, para que no tengan la marca del móvil en la yema de los dedos tatuada. Porque somos ese escollo insalvable que queda entre “Placeres y mentiras”, entre lo que nacimos y lo que nos vamos haciendo a nosotras mismas.

 

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Autor en Andalucia Información

Ana Isabel Espinosa

Ana Isabel Espinosa es escritora y columnista. Premio Unicaja de Periodismo. Premio Barcarola de Relato, de Novela Baltasar Porcel.

Una feminista en la cocina

La autora se define a sí misma en su espacio: "Soy un cajón de sastre anímico. Así que cógete a lo que puedas, porque vienen curvas"

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Publicado: 30/05/2019 ·
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