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Domingo, 23/09/2018

Sala 3

Star War: Los últimos Jedi

Rian Johnson, director de la estupenda Looper (2012), escribe y dirige la nueva película de Star Wars con determinación y valentía

  • Star Wars

En algún momento, para alcanzar nuestras metas y propósitos, se nos hace inevitable dejar el pasado atrás. Hay quienes simplemente lo aceptan y superan, dejando que forme parte de su futuro sin distorsionar el presente, pero también hay quien reniega de él y necesita matarlo para cortar las raíces que lo retienen de convertirse en aquello que tanto anhelan.

Los primeros, llegan a comprender el fracaso al que nos vemos abocados en la mayor parte de nuestros días y lo convierten en enseñanza vital imprescindible para seguir hacia adelante, salvando aquello cuanto aman.

Los otros, impacientes y codiciosos, no ven más allá de la frustración que los ciega y aparta de alcanzar el verdadero éxito, renegados al impulso de destruir aquello cuanto odian. Star Wars: El Despertar de la Fuerza (2015) constituía un puente con el que conectar las diferentes trilogías de la saga —y sus respectivas generaciones de fans—, que respetaba lo clásico mientras abría la posibilidad de una futura expansión de los límites (autoimpuestos) que habitualmente encorsetaban la galaxia. Ahora, Star Wars: The Last Jedi (2017) juega a dinamitar toda esa construcción nostálgica de paso para caminar sobre sus escombros, tomar lo justo y necesario, y lanzarse de cabeza al hiperespacio para remodelar, de una vez por todas, las claves mitológicas y temáticas de la saga, deconstruyendo sus bases y simplificando al máximo su esencia.

Rian Johnson, director de la estupenda Looper (2012), escribe y dirige la nueva película de Star Wars con determinación y valentía, condensando su narrativa en el breve lapso de tiempo que abarca una persecución espacial a vida o muerte entre la Nueva Orden y los rebeldes.

Esta narrativa se fracciona conforme sus personajes principales se separan, componiendo un relato a tres voces que, tras profundizar en las temáticas principales de la cinta a través de los diferentes arcos de sus protagonistas, convergen en un clímax final digno de poseer algunos de los mejores momentos que nos ha regalado la saga. Así, con Rey (Daisy Ridley) y Kylo Ren (Adam Driver) aprendemos que, de alguna manera, hay que cortar con lo viejo —el pasado, los orígenes—, a través de un sutil uso de la metaficción que engloba tanto el papel de ambos personajes en la historia como la verdadera intención de la película para con el futuro de la saga.

Junto a Leia (Carrie Fisher), la Vicealmirante Holdo (Laura Dern),  Poe Dameron (Oscar Isaac), Finn (John Boyega) y Rose (Kelly Marie Tran), valoramos la importancia de salvar lo que amamos por encima de destruir lo que odiamos, puesto que las revoluciones se encienden con chispas de valentía y corazón, no con falsas y costosas victorias de inútil trascendencia.

Y, por último, de la mano de un crepuscular Luke Skywalker (Mark Hamill), recibimos la mayor enseñanza de todas: en el fracaso reside el verdadero aprendizaje. Superar el fracaso-el pasado-el odio, o, en definitiva, la oscuridad, nos encamina hacia la luz, y aunque nunca dejamos de movernos en ese espectro infinito de constante equilibrio al que los Jedi se refieren como la fuerza, en nuestra mano está elegir la senda de la luz o dejarnos seducir por el lado oscuro.

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