Actualizado: 14:36 CET
Miercoles, 24/04/2019

Provincia de Cádiz

La Mar de Verde aúpa los huertos urbanos en Cádiz

Ha desarrollado su idea en el antiguo invernadero de Tartessos para ahondar en la agricultura urbana y generar relaciones con colectivos y particulares

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Las mejores ideas surgen cuando la necesidad apremia. Ese es un dicho que casi puede convertirse en una realidad de la mano de la asociación La Mar de Verde, que ha sido capaz de crear un huerto urbano en el Centro de Tartessos. Y quiere llegar más allá. Con la premisa de la transversalidad y optando a la confluencia con otros colectivos y formaciones quiere ahondar en el mundo de la agricultura vista desde otro prisma.  

El entorno silencioso de ese pequeño invernadero, cerrado desde hace más de 16 años, donde la naturaleza se hace evidencia, donde el compostaje, el humus, las macetas, los semilleros, las tomateras, las plantas aromáticas tienen su espacio, invita a acompañar a  Ramón García Almozara, presidente de esta asociación.

Hace unos tres años, desempleados del Movimiento en Lucha, frente a un acuerdo plenario que había para el uso de espacios, se proponía que 2.000 metros se destinaran como huertos urbanos, para desarrollar una actividad productiva y formativa para unas nueve personas. Todo arrancó ahí. Era introducirse en la agricultura urbana en una ciudad como Cádiz, donde apenas existían referentes.

Cinco de esos desempleados se reunían con las delegaciones municipales, recibiendo incluso una ‘pseudo formación’. “Hicimos un estudio de mercado, probando las sensibilidades de las concejalías, sobre una actividad que se puede desarrollar con muchas disciplinas. Empezamos a buscar los espacios para plantear los proyectos”, recuerda el presidente de La Mar de Verde. Esto ocurría en 2017.

El objetivo era dar uso a unos espacios públicos y dinamizarlos con actividades de cara a cualquier tipo de colectivo o a aquellos que estuvieran implicados con el entorno”. Se podía jugar con los programas de inserción social, por ejemplo.

De repente, apareció este invernadero que llevaba cerrado desde hacía 16 años y al que se le vieron todas las posibilidades. “No como un vivero, sino como un laboratorio que se podía proyectar a la ciudad”. A partir de ahí se empiezan a generar alianzas con las asociaciones, que conceden alternativas y dan sus frutos poco a poco. “Hay colegios con actividades relacionadas con la agricultura urbana pero no hay conexión entre ellos. Y en eso es en lo que hay que trabajar”, dice García Almozara.  

Teniendo un espacio “podemos brindar un encuentro. Los elementos sueltos se convirtieron en recursos. Estas instalaciones les permitieron introducirse en el compostaje, en la recogida de materia orgánica, en su procesamiento y conversión en abono de una manera autónoma, identificando elementos”.

Según el presidente de La Mar de Verde, se ha podido demostrar que “con mínimos medios podemos tener una serie de recursos aplicados”.  En un año se ha podido sacar una tonelada de compost: con elementos orgánicos como harina de roca, ceniza, carbón, hojarasca de la sierra...

Se introdujo también en el cultivo de las lombrices, que ya tenían su materia prima y su alimento, “permitiendo un abono de mayor calidad”. En este espacio se aborda todo el proceso “en el que se consolidan  cuáles son las vías de autosuficiencia, se confirma que las ideas llevadas a la práctica demuestran un buen resultado para seguir avanzando”.

También cuentan con 150 metros al aire libre, donde pudo desarrollar el compostaje.

Ahora se está aplicando en la construcción de unas composteras y de unas vermicomposteras para el cultivo de las lombrices al mismo nivel, para “poder producir tanto humus, como compostaje y lombrices”. Con todo lo que ha sacado ha podido abonar tanto los jardines como el propio invernadero, que refleja unas plantaciones con gran fortaleza y con muy buen estado de salud.

Tiene espinacas, acelgas cinco tipos de tomates cherry, zanahorias de la zona, rábanos, habas, tirabeques, lechugas rizadas... Estas plantas, de las que ya poseen semillas, y que pueden servir para abastecer futuras demandas, o para hacer huertos verticales y móviles... Ahora está interesado en utilizar las plantas de vínculos, encontrar a personas que a través de estas plantas se pueden hacer “acciones, actividades, para posibilitar que esos vínculos se estrechen tanto a nivel particular como con asociaciones”.

La finalidad es “tener un muestrario para inculcar y capacitar a las personas en la diversidad de cultivos y en la forma de cultivar. De ahí, se pretende mostrar que hay una diversidad que se puede plasmar en una metodología.

Ya han tenido visitas de asociaciones y tienen planteadas relaciones con colegios como el de la Viña, que plantea un proyecto muy ambicioso. La intención era “introducir las disciplinas de la agricultura urbana en las asignaturas a través de talleres, para así profundizar en conceptos de matemáticas, física y químicas, a la vez que crear una relación generacional”.

García Almozara afirma que hay una docena de colegios que ya han empezado a trabajar con los huertos urbanos, pero “no están relacionados entre sí, cuando sería estupendo poder crear itinerarios, compartir experiencia y organizarse”.

Hay que poner en evidencia que “tenemos un potencial que es la capacidad de organizarnos. Hay que saber cuántos somos, qué estamos dispuestos a hacer y cómo lo hacemos”. En esa búsqueda están en los integrantes de La Mar de Verde.

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