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Viernes, 16/11/2018

Matrícula de deshonor

Escuelas de delincuentes

Publicado: 25/06/2018 ·
10:59
Actualizado: 25/06/2018 · 10:59

El sistema penitenciario se ha convertido en un espacio de aislamiento que proteja a la sociedad sin considerar al penado como parte de ella

Mis primeros contactos con la justicia de forma directa y profesional fueron allá por 1995, en Málaga, en mi formación como psicoterapeuta en la rehabilitación de toxicómanos, donde las condenas constantes estaban al orden del día. Era triste trabajar largos meses con chicos dependientes y dotarlos de instrumentos terapéuticos para solventar las dificultades asiduas de la vida, encontrando alternativas al consumo que les hicieran libres. Aquellas sentencias llegaban en los peores momentos, y eran pocas las alternativas que teníamos para mostrar las diferencias existentes en los cambios abismales entre aquellos toxicómanos que las cometieron y las nuevas personas en las que se estaban convirtiendo, debiendo interrumpir su proceso y soportar largos meses de prisión, en la mayoría de los casos si un programa terminado, con todo lo que ello conlleva.

Han pasado 23 años de aquel inicio y sigo en el mismo frente, con diferentes perfiles, pero con los mismos absurdos parámetros judiciales. Las cárceles españolas siguen ancladas en un pasado tosco y carentes de humanidad, con faltas de criterios y regidas por leyes generales que se alejan de la individualidad, sin personalizar y tener en cuenta circunstancias adversas que determinen otras alternativas más adaptadas a los nuevos perfiles actuales, y que generen positivos cambios en los reclusos para evitar la reincidencia. El sistema penitenciario es obsoleto y se aleja de la estructura que debería ser. Se ha convertido en un espacio de aislamiento que proteja a la sociedad sin considerar al penado como parte de ella y sin opciones de cambio, siempre que no seas hijo de... Son pocos los jueces que estiman otras opciones, como comunidades terapéuticas controladas, antes de un ingreso directo en prisión; lo importante es el quebrantamiento de la ley y no da lugar a más.

Debo reconocer que existen pequeños cambios que algunos jueces tienen en cuenta, pero ni son suficientes ni se adaptan a las realidades. Cabe destacar que, según la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, el 80% de los presos son drogodependientes, un porcentaje que ya debería haber alertado a las altas esferas y poner en marcha planteamientos que minimicen estas circunstancias, que siguen al alza. Deberían oír mas a los reclusos, a sus familiares y a quienes trabajan en estos terrenos, para saber qué ocurre entre rejas, conocer las realidades que entre barrotes se viven; las prisiones son escuelas de delincuentes para muchos presos, donde se aprenden nuevas formas de consumo, de tráfico, de engaños, de robos... donde se crean relaciones contraproducentes y convierten a un ‘robagallinas’ en un potencial peligro social. De mi experiencia de aquellos ocho años en los que estuve entrando en prisión puedo dar veracidad al conocido refrán carcelario: “De lo de la calle, aquí, de todo, salvo la libertad”.

 

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Autor en Andalucia Información

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