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Jerez

Identidad y poesía : Nazanin. Irán

Nazanin nació en Teherán y vivió su infancia en pleno conflicto entre Irán e Irak. La suya es una de las historias ‘Irrepetibles’ de CEAin

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Nazanin es traductora profesional en España.

Nazanin es traductora profesional en España.

  • Actualmente es traductora profesional y colabora con CEAin en el área de protección internacional
  • Para Nazanin, la migración abarca dimensiones que van más allá del propio hecho de moverte de un lugar a otro

“Nadie comprendía el perfume de la oscura magnolia de tu vientre.

Que alguien tenga que aprobar tu aspecto para permitirte entrar en la facultad es duro de aceptar, pero como tu objetivo de estudiar es tan grande, ignoras todo lo demás

Nadie sabía que martirizabas un colibrí de amor entre los dientes.

Mil caballitos persas se dormían en la plaza con luna de tu frente,

mientras que yo enlazaba cuatro noches tu cintura, enemiga de la nieve”.

Nazanin lleva escritos a mano en su libreta estos versos de Federico García Lorca, uno de sus autores favoritos. Acaba de terminar en Jerez un Máster en Interpretación y Comunicación Internacional y su trabajo final de máster ha sido una investigación de la influencia de la poesía persa en la obra del poeta español.

Nació en Teherán y vivió su infancia en pleno conflicto entre Irán e Irak, sin embargo, por encima de la guerra, ella recuerda el amor: «De pequeña veía mi vida normal, sabía que había periodos de calma y otros de huida, cuando nos atacaban y teníamos que marcharnos a otro lugar. Ahora me doy cuenta de todo lo que mis padres hicieron por amor, para que fuéramos felices. Llenaban de juguetes los escondites en los que teníamos que ocultarnos cuando había aviso de bombas y pasaban todo el tiempo jugando conmigo, así que recuerdo que cuando sonaba la alarma roja yo pensaba:“¡bien vamos a jugar!” Solíamos ir a menudo a una torre junto a la tienda de mi padre porque era un lugar bastante seguro cuando caían las bombas. Íbamos toda la familia con algunos vecinos. A mí me gustaba estar así, todos juntos en el suelo. Yo percibía las cosas de esa manera gracias al amor de mis padres y de mi hermana mayor que siempre me estaba cuidando. Estos son los recuerdos que se han quedado conmigo».

Fue a la universidad y se licenció en Literatura, Lengua y traducción española. Con 23 años vino a España a hacer un Máster de Filosofía y Ciencias Sociales en la Universidad Complutense de Madrid. Volvió a Irán durante las movilizaciones de la Primavera Árabe, que allí se denominaba movimiento verde, para estar junto a su familia mientras estudiaba por la UNED. Dos años más tarde volvió a España para hacer los exámenes y no perder el visado de estudiante que tanto le costó conseguir. «Nunca pensé que me quedaría en España.Tenía claro que volvería y daría clases en la universidad en mi país. El choque cultural para mí no fue tan grande porque desde pequeña he viajado, mi padre nos llevó a diferentes lugares porque quería que conociéramos el mundo. Pero una vez aquí construí una vida que era mía. Me di cuenta de que hasta ese momento había estado pensando de una manera más colectiva: en mi familia, en mis vecinos, en mi grupo social… De pronto, cuando salgo de ahí, me doy cuenta de que hay una persona a la que debo reconocer, que soy yo misma. Cuando pude construirme a mí misma me gustó tanto que me dio miedo perder a esa que era yo si volvía a mi país».

Para Nazanin, la migración abarca dimensiones que van más allá del propio hecho de moverte de un lugar a otro: «También es una decisión, una emoción. Puedes vivir años en otro sitio y aún no sentir que te has ido, hasta que de pronto en tu interior das ese paso. En mi caso, ese momento concreto llegó con una oportunidad de trabajo estando en Madrid, tenía sólo una maleta, pero pensé “si vuelvo a Irán siempre será lo mismo”.  Quería algo más. En ese momento decidí quedarme. Y hasta ahora».

Mientras realizamos esta entrevista, las calles iraníes vibran con las protestas a raíz de la muerte de Mahsa Amini, joven de veintidós años asesinada por la policía por no portar el velo como marca la ley. «Los últimos acontecimientos me han hecho sentir muy triste pero sobre todo enfadada. ¿Por qué tiene que pasar esto?» – se lamenta Nazanin.

Me cuenta cómo vivió su juventud siendo mujer en Irán, aclarando antes que en Irán hay muchas comunidades y las circunstancias de las mujeres pueden variar según el contexto social y su etnia: azerí (la de su madre), kurda, baluchí, lurí... «Para una mujer, tener una vida normal en Irán supone aceptar que la realidad es la que hay, con sus limitaciones. Es decir, te pones el pañuelo y vas a la universidad, después quedas con tus amigos, haces fiestas clandestinas en casa… Cuando era pequeña esperaba con ilusión el momento de ponerme el velo, porque para mí significaba hacerme mayor para poder empezar a ir al colegio. Que alguien tenga que aprobar tu aspecto para permitirte entrar en la facultad es duro de aceptar, pero como tu objetivo de estudiar es tan grande, ignoras todo lo demás».

A sus cuarenta años, Nazanin reflexiona sobre cómo se sentía cuando ella era una joven estudiante: «En ese momento vives con tanta opresión que ni siquiera te planteas que se puedan cambiar las cosas. Automáticamente lo aceptas, porque no tienes más remedio. Mi generación se adaptó y ahora quizás nos preguntamos: ¿cómo lo hemos permitido?»

Tal y como dice Marjane Satrapi en su obra Persépolis: “La guerra había quedado atrás y teníamos tantas ganas de ser felices que olvidábamos que no éramos libres”.

«Antes de la Revolución Islámica no había tantas limitaciones, ni obligación de ponerse el velo, ni restricciones de música, las mujeres podían cantar... En estos cuarenta y tres años han cambiado mucho las cosas. Y aunque tú nazcas ya en esa nueva realidad y para ti sea lo normal, tus padres te explican, esa conciencia se hereda. Ahora son las nuevas generaciones las que están saliendo a la calle, quieren tener una vida normal, con la conciencia que tenemos ahora en el mundo. Me siento orgullosa por las chicas que están liderando las protestas y por los chicos que también están saliendo a las calles junto a ellas. Estamos hablando de derechos humanos y de libertad. Ya basta de tanta injusticia».

Ese mismo deseo de Nazanin, de trabajar por los derechos humanos, la ha llevado a especializarse en el ámbito social. Actualmente es traductora profesional y colabora con CEAin en el área de protección internacional: «Es un trabajo hermoso, cada mañana que voy allí me siento feliz, pero también es duro, porque, al ser intérprete de las familias, todas las historias te las llevas contigo y eso hay que gestionarlo. Te planteas, ¿estoy haciendo suficiente? A menudo no se trata sólo de traducir, también es un acompañamiento, saber cómo guiar una conversación puede cambiar un contexto, aliviar una tensión…» Nazanin acaba de comenzar su doctorado con un grupo de investigación de la Universidad Pablo de Olavide en Sevilla, enfocado en la interpretación del idioma persa en el ámbito de asilo y personas refugiadas.

Más allá del ámbito profesional, la vida de Nazanin está ligada a la literatura, especialmente la poesía persa, que según me cuenta, es lo que más le hace sentirse orgullosa de ser iraní. Los libros siempre le acompañan: «Cuando tengo algún problema, leo a Molana o Rumi y mis problemas se hacen muy pequeños, mi mundo cambia. Uno de mis poetas favoritos es Khayyam, comparto con él su filosofía, él habla del presente, de la importancia de percibir el momento».

Reflexionamos acerca de lo que define realmente a un país:¿Son unas líneas geográficas trazadas en un mapa? ¿Termina en sus fronteras? ¿O abarca mucho más de lo tangible? Una forma de sentir, una memoria colectiva, el idioma, la poesía…

«La literatura es algo que me he traído conmigo y puedo llevarla donde sea. Cambias de país, pero te puedes llevar lo que tú quieras. A mí la poesía y mi idioma me generan esa sensación: estar muy cerca estando lejos. De hecho, alejarte también te da la oportunidad de conocer más lo tuyo, cuando yo estaba allí no sentía esa necesidad de encontrar ese punto de conexión. Escuchas, ves, vives… pero cuando estás aquí es una tarea individual buscar ese lugar dentro de ti, entonces las fronteras no te limitan, se amplían».

Nazanin siente también un vínculo muy fuerte con el idioma español: «Me suena a poesía, perfeccionarlo cada día y aprender palabras nuevas es uno de mis mayores logros».

Junto a los versos de Lorca en la libreta que siempre le acompaña, Nazanin también lleva escritos de su puño y letra algunos versos del poeta persa Khayyam:

“Nadie puede comprender lo inefable.

Nadie es capaz de ver lo que se oculta detrás de lo aparente.

A este mundo, cual agua que fluye

sin saber por qué ni de dónde, vine yo sin querer

y de aquí como el viento del desierto

ignorando hacia dónde, algún día disparado saldré”.

 

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