Actualizado: 00:40 CET
Viernes, 26/04/2019

Lo que queda del día

Toca remangarse

La "nueva política" solo triunfará si vence al escepticismo y a los prejuicios. Juanma Moreno se enfrenta al primero; Santiago Galván ha combatido los segundos

Visita de Juanma Moreno a Cádiz.

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Santiago Galván

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Al PSOE le está costando acostumbrarse a que cuando Juanma Moreno sale en las noticias de Canal Sur, debajo de su nombre aparece rotulado “presidente de la Junta de Andalucía”, como si se hubiera apropiado de un título nobiliario que hasta ahora solo podía heredar alguien con carné socialista. Peor aún, se han adueñado hasta del “nuevo tiempo”, de la “nueva forma de hacer política”. En Ciudadanos lo repiten mucho, como si hubieran superado un test de calidad. Es su forma de ahuyentar fantasmas, recelos, inquietudes, además de subrayar una declaración de intenciones que habrá que ver si son capaces de sostener en el tiempo los socios de gobierno.

De momento, los gestos les avalan; como el de Juanma Moreno, que ha elegido la ciudad de Cádiz para su primera visita oficial a una capital de provincia: reunión con José María González Kichi. O el de Ana Mestre, que eligió en su caso Jerez para debutar como delegada del Gobierno. ¿Golpe de efecto o normalidad institucional? En cualquiera de las dos respuestas salen ganando con su iniciativa, como si hubieran lanzado al aire una moneda con doble cara, sin que en este caso sea jugar con ventaja, sino poner de manifiesto una iniciativa carente de complejos y, a priori, ajena a los sectarismos.

Más difícil es contestar a esta otra variable: ¿Nueva forma de hacer política o mero escaparate? El PSOE cree en lo segundo; no hay tiempo para los cien días de confianza, ni ganas para pedir el comodín del público, y toca repetir como un mantra las dudas, incertidumbres y temores que puedan vincularse a cualquier proyecto o iniciativa pendiente de ejecución por parte de la Junta. Ay, si hubiesen estado igual de despiertos cuando gobernaban “los nuestros”: un proceso identitario tan arraigado que cuando en los 90 Canal Sur eligió como lema promocional “la nuestra”, Manuel Ponce -para más señas, del PP-, que formaba parte del Consejo Audiovisual, terminó por lamentar en un artículo: “La nuestra no, la de ellos”. Y así hasta hace un mes.

Moreno Bonilla, que empieza a gustarse en el cargo mientras nadie le recuerde alguna de sus promesas electorales -la del fin inmediato del peaje de la AP-4, por ejemplo-, ha dicho esta semana ante agricultores de la provincia que está dispuesto “a remangarse” por ellos, pero no se trata sólo de saber emplear en cada momento el léxico adecuado, sino de ir más allá de los gestos y de las palabras y de hacer extensiva su voluntad de trabajar de una vez sin tener en cuenta el carné de los alcaldes, quién sea el más votado en una ciudad o dónde te dan más o menos palmadas en la espalda. Eso, que es lo que parecen insinuar con lo del “nuevo tiempo”, y que tantas veces hemos escuchado a otros políticos, es lo que ahora tendrán que terminar por demostrar que es posible, si es que de verdad creen en ello. Les invito a derrotar mi escepticismo, y el de muchos otros, inmensa mayoría.

En realidad, no se trata sólo de escepticismo, también de prejuicios. Quien ha logrado derribarlos en estos últimos cuatro años ha sido Santiago Galván. Galván, por si ya lo han olvidado, tuvo que soportar, primero, una traición interna; y después, las bromas y ocurrencias del PP -poner cara de póker, ir de farol, el as en la manga...-, pero mientras unos se escabullían y otros reían las gracias, ha sabido forjarse una seria trayectoria al frente de una de las áreas más complicadas del Consistorio y reivindicarse como uno de los miembros mejor valorados del gobierno local.

Ahora, el hasta dentro de muy poco delegado de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Jerez, ha anunciado que no repetirá en las listas del PSOE junto a Mamen Sánchez, porque ha decidido presentarse como candidato a alcalde en su municipio natal, Zahara de la Sierra. A algunos les ha parecido un paso atrás en su carrera política, incluso una huida; a otros, un feo a la agrupación local y al ejecutivo del que forma parte. Yo, que aunque escéptico en cuestiones políticas -y quizás equivocado-, sigo creyendo en determinadas causas y en saber volver, prefiero verlo como una dignísima forma de querer remangarse, literalmente.

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