Actualizado: 10:33 CET
Miercoles, 19/09/2018

Curioso Empedernido

¿A cambio de qué?

Hay promesas que no deben hacerse porque no pueden cumplirse y otras que no se deberían llevar a cabo aunque se hayan prometido

Estamos en una sociedad mercantilista, en la que nada es gratuito, todo tiene un precio, y cada cual  exige hacer las cosas a cambio de algo. Resulta extraño y casi inaudito encontrar a esos seres generosos que apoyan, trabajan y regalan sus ideas sin pedir ninguna contraprestación.

Hay riquezas que son ruinosas y miserias que encierran grandes tesoros, ignorancias que guardan algunas sabidurías y lecciones aparentes que esconden un enorme vacío, discípulos aventajados y maestros atrasados, fatalismos imposibles y relativismos mágicos que lo resuelven todo.

En el camino de lo de allí y lo de aquí, hay promesas que no deben hacerse porque no pueden cumplirse y otras que no se deberían llevar a cabo aunque se hayan prometido., tal vez porque hay demasiado personalismo en donde deberían primar los intereses colectivos.

Como casi siempre estamos más pendientes de que nos van a dar a cambio de, nos precipitamos, y donde debería existir sosiego y reflexión, hay en ocasiones excesiva imprevisión e improvisación, con lo que tenemos muchas posibilidades que aquello que nos podía salir bien se convierta en una verdadera chapuza.

En más de una ocasión, más gente de la necesaria, peca de irresponsabilidad, y no son capaces de armonizar lo heterogéneo  ni seguir una línea coherente entre lo que dicen y lo que hacen,y en más veces de las deseables cometemos errores que serían evitables.

Nos damos cuenta que por mucho trueque que queramos o nos quieran vender, somos tan iguales y tan distintos, que nos hace movernos entre lo aburrido y lo apasionante, las pequeñas letras, las bonitas palabras y los grandes textos.

Entre lo concreto y lo abstracto, nos diferenciamos y nos parecemos, nos entendemos o somos incompatibles,  y cuando nos sentimos pletóricos estamos dispuestos a comernos el mundo, mientras que en los momentos depresivos  tenemos la sensación de que el universo entero nos aplasta.

Cuantas veces cambiaríamos lo que fuera por no esperar, mientras que otras nos sentimos agotadas y con la paciencia al límite  de tanto contar  las horas, esperando que suceda lo que tal vez jamás ocurra. Hay victorias que se vuelven en nuestra contra y se transforman en derrotas.

Ante provocaciones y desafíos, hemos de superar obstáculos, conflictos y dificultades, y a veces hemos de aislarnos para mantener nuestra eficacia ante el ruido y el griterío externo, intentando reencontrarnos con la concentración para poder crear y escribir.

Cuando nos invade una ola de optimismo, nos permite ver las cosas de otros colores, tenemos una forma más amplia de ver la vida y de vivir la realidad, sintiéndonos inspirados y siendo capaces de dar lo mejor de nosotros para poder cumplir nuestros sueños.

Siempre estamos dispuestos a  producir un cambio en nuestras vidas, lo que nos preguntamos es ¿A cambio de qué? Muchas veces tenemos  un exquisito cuidado para no ser víctimas de fetiches ni talismanes, para que no nos cuelen como verdad la que es la mayor de las mentiras.

Nos sorprenden las interpretaciones que escuchamos de los ayeres que nosotros hemos vivido, y las predicciones de un mañana que ninguno conocemos, y entre descuidos y advertencias por mucho que nos alertemos o nos avisen, nos sigue asombrando  el que se fue sin avisar, y en algunas ocasiones no volveremos a ver, o aquel que llega inesperadamente. La mejor manera de superar nuestros problemas es con sentido del humor y pensando que si algo es interesante, no puede ser ni trivial ni tibio.
 

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