Actualizado: 23:17 CET
Domingo, 18/11/2018

Arcos

‘El abajo firmante’, de la contemplación a la reflexión

Miguel Ángel Rincón publica nuevo libro, una miscelánea de sus artículos periodísticos

Luis de Manuel, José Antonio Benítez, Ana Fernández, Miguel Ángel Rincón y Rosalía Galindo.

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El autor y la delegada Ana Fernández.

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En estos tiempos en los que la prensa está más denostada que nunca, dicen que los columnistas son los que salvan las publicaciones, los escritores que invitan a la reflexión para acabar creando opinión y quienes prestigian las páginas de nuestros periódicos y nuestras tertulias radiofónicas y televisivas. Desde hace casi una década, Miguel Ángel Rincón ejerce esa función en nuestro semanario ‘Arcos Información’ y, ahora, ‘Viva Arcos’; primero como articulista de la página editorial del periódico y ahora cerrándolo desde su sección ‘La Lanzadera’ que figura en su última página.
Esta semana ha visitado Arcos junto a un grupo de amigos para presentar en una caldeada capilla de La Misericordia su nuevo libro ‘El abajo firmante’, en el que recopila casi cien artículos publicados en este medio y en ‘La Voz del Sur’, así como algunos de nueva confección. Para ello, el autor se hizo acompañar del amigo periodista  Luis de Manuela, epilogista del libro;  Rosalía Galindo (editorial ‘La Atalaya’) y del director y redactor del periódico, José Antonio Benítez, que ha tenido el privilegio de realizar el prólogo.  Como anfitriona, asistió la delegada municipal de Casco Antiguo, Ana Fernández, cuya gentileza facilitó el maravilloso espacio escénico del acto.

Como un epitafio del periódico, este aún joven pradense, aunque nacido en Ronda, pone guinda al trabajo de toda una semana, como si la lectura de su artículo fuera un tonificante, un alejamiento momentáneo del suplicio informativo tan sometido a la estricta ley de la actualidad, un ratito de paz y de recreación de los sentidos. Pero como el periódico es un producto, sí, transitorio, que caduca en siete días, y agarrado con pinzas al rigor del día a día, bien merecía la pena que Miguel Ángel Rincón reuniera algunos de esos artículos multitemáticos para, digámoslo así, ponerlos guapos para la posteridad. Y digo para la posteridad porque el soporte de un libro conserva en sí otro carácter, como invitando a una lectura más sosegada, para formar parte del patrimonio bibliográfico que guardamos en las estanterías de la vida como algo de mayor valor que las hojas de un periódico que acaban descoloridas y tiesas por el paso del tiempo.

La obra se divide en cuatro partes, donde el autor nos habla desde sus frecuentes y saludables paseos por la Sierra, de sus recuerdos de la infancia... incluso de la ufología y otros fenómenos paranormales, para terminar con una profunda reflexión.

El prólogo
¿Habrá algo más normal y placentero que andar por el gusto de hacerlo -eso que ahora llaman senderismo-, escuchar música sin las imposiciones de la moda o de la radiofórmula de turno o, simplemente, sentarse a contemplar un atardecer en buena compañía, incluso solo? Son algunos privilegios que todavía tenemos las personas que atesoramos la inmensa suerte de vivir al lado del campo.

Miguel Ángel Rincón vive al lado del campo, en esa maravilla de territorio que, como reza en el legendario dicho, descansa entre el olivo y el pinsapo.  Sí, es Prado del Rey, el pueblo blanco serrano, marinero en tierra por su devoción a la Virgen del Carmen, con gran tradición de buenos músicos, romero y gracioso, donde la amistad tiene un sabor especial. Sus raíces también están en la Ronda bandolera, en sus cumbres blancas y en esa silueta que adivinamos desde la Sierra de Cádiz.

En los años noventa, Miguel Ángel Rincón era un niño que apuntaba maneras. Solía visitar con frecuencia la emisora de radio, hoy desaparecida, de su pueblo natal. Pero su vida no acabó por los derroteros de la comunicación, sino por los caminos de la educación especial y por la literatura. Años más tarde tuve la suerte de reencontrarme con aquel chaval, pero ya hecho un hombre, que entonces se dedicaba a educar a esos seres inocentes que mal llamamos discapacitados, tarea que compaginaba con la no menos bella de escribir. Tal fue así que Miguel Ángel Rincón nos sorprendió con una ‘nutritiva’ obra poética como ‘La Tormenta’, ‘Elucubraciones de un superviviente’, ‘Espacios compartidos’, ‘Poemas en el equipaje’, ‘La máquina quimérica’, ‘40 planes de fuga’, y algunas antologías con otros autores. Libros, en suma, que destapan el alma de un ser tan inquieto como sensible, tan arraigado al terruño como abierto a la mundología. Y ese carácter universal de los temas que aborda, pero, insisto, siempre desde la humildad del campo, le condujo a hablar de mil y un asuntos que ha venido retratando durante casi una década en el periódico ‘Arcos Información’, hoy ‘Viva Arcos’. Primero en la página editorial y luego en la contraportada del semanario, Miguel Ángel Rincón ha sabido y sabe fotografiar con la palabra, en tan sólo una veintena de líneas, el mundo que nos rodea, con su belleza, su crueldad, sus dilemas y su realidad desgarradora. Pero el autor es sobre todo una persona agradecida; agradecida a la vida que le ha tocado vivir, aunque haya tomado los malos tragos de perder a un ser querido o sufrir una enfermedad. Quizás sea en el sufrimiento donde uno se encuentra a sí mismo, cuando sabe de lo irremediable y cuando sabe que el tiempo no es para perderlo, sino para ganarlo.

En sus artículos periodísticos nos recuerda constantemente que existe algo más allá de ‘Operación Triunfo’, del móvil, del estrés… para convertir lo sencillo de la vida en poesía, hasta tal punto que sus relatos te invitan a mirar la vida con generosidad y agradecimiento, porque él sabe que la vida es un don que no se puede desperdiciar.

Presten atención a esta selección de artículos, porque sólo el esfuerzo de seleccionar entre tanto material, bien merece todo el respeto. Analicen sus opiniones, su reflexiva mirada al mundo, su buen gusto a la hora de tratar los temas de más rabiosa actualidad o retrotraerse a los hechos claves de nuestra historia, a los personajes de ayer, de hoy y de siempre. Pero sobre todo, disfruten con su estilo natural, espontáneo y claro, directo, sin rodeos ni florituras literarias que nos despisten de lo auténtico.

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