Actualizado: 18:48 CET
Martes, 13/11/2018
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¿Amar al prójimo?

Vivimos, en fin, uno de los errores históricos de mayor tamaño que ha cometido Europa, y no nos quepa duda que algún día nos pasará factura y tendremos que pagarlo

Las imágenes nos lo han dicho ya casi todo, aunque, seamos prácticos (porque la urgencia y la desesperación así lo exigen y también lo reclaman), no han servido para que demos la solución que el drama de los refugiados sigue clamando. Por eso me quedo en esta ocasión con una frase que pronunció una voluntaria hace pocos días, recién llegada de Idomeni, en la Cadena SER, cuando a la pregunta de que si ellos seguían pensando que Europa los iba a acoger, contestó que si no lo pensaran se morirían. 

Es tan humano lo de no perder la esperanza que practican los refugiados como lo de dejarlos morir de pena, en el mejor de los casos, que estamos haciendo a este lado. Esperanzados. Y eso que los hemos ignorado, machacado, zarandeado, hacinado y, ahora también, disparado; lo que se resume en puteado, sin conciencia ninguna. Porque hemos pagado para que nos los quiten de encima, para que no nos manchen con ese barro, por ejemplo, sobre el que malviven en la frontera con Macedonia muchos miles de millones, que, claro está, no íbamos a invertir en acogerlos, en darles un presente que haga viable su porvenir, en trabajar a través de campañas de concienciación para prevenir y curar el rechazo de tanta población insolidaria y falta de valores.


Vivimos, en fin, uno de los errores históricos de mayor tamaño que ha cometido Europa, y no nos quepa duda que algún día nos pasará factura y tendremos que pagarlo, si es que ello es posible.
Como en tantas historias, en fin, que escribimos a diario, nos quedan más intenciones que hechos y más reflexiones que acciones, y, como en tantas historias, nos podemos quedar con que de nuevo la sociedad civil, las personas, los ciudadanos, están dando una vez más una lección a sus gobernantes (auténtica gentuza), el lado más amable; o con que el resumen es, como escribió Joaquín Sabina, que “la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”. n

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