Actualizado: 15:36 CET
Sábado, 21/04/2018

Málaga

Miguel mantiene su huelga de hambre en el Puente de Tetuán tras ocho días

Lleva desde el 21 de diciembre sin comer para reclamar la pensión de sus hijos. Un defensor de la movilidad sostenible, un negocio de bicicletas le llevó a la bancarrota y denuncia que le embargan "sin miramientos" la ayuda de 426 euros. ¿Tienes un empleo para él? Escríbe a redaccion@vivamalaga.net

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Miguel sueña un futuro mejor para sus dos pequeños, de 14 y 11 años. Con menos humos y más bicicletas en una Málaga que se parezca, al menos, un poco más a los países del norte de Europa. Se ha convertido en su filosofía de vida y una lucha muy personal después de que “mi madre fuera atropellada en la Alameda Principal, justo a 150 metros de aquí”, señala. También en la culpable, a su pesar, de que su situación económica sea angustioso.

Este vehículo, sin embargo, ahora es uno de sus compañeros en las frías noches al raso en la esquina del Puente de Tetuán con la Alameda de Colón, donde ha hecho visible su protesta. También el peludo ‘Bombón’ que aguarda paciente mientras su dueño lleva nueve días sin probar bocado, a base de agua.  “He luchado mucho porque instalaran carriles bici en Málaga, por defender esta movilidad sostenible, es algo que inculco a mis hijos para dejarles una herencia, un aire más limpio, debemos dar ejemplo. Aquí prefieren circular en un tanque porque tienen miedo, y es que da miedo circular en bici”, nos relata.

Sistema injusto
Este malagueño de 48 años, mecánico de bicicletas en paro, decidió ponerse en huelga de hambre el pasado 21 de noviembre por la manutención de sus hijos. Con sólo una ayuda de 426 euros, denuncia que la madre de los pequeños no se hace cargo de la pensión. Protesta así contra un sistema que considera “injusto, hace víctimas a los niños sin culpa de nada”. Con mimo, saca un tocho de currículums de una carpeta. “He sido mecánico de bicicletas, profesor de mecánica, he hecho cursos de cocina... me conformo, como todos en esta época, con el trabajo que salga”, asegura.

Tanta es su pasión por la bici que le llevó a embarcarse en un taller en las Flores que ha acabado dejándole, tras su cierre, una deuda cercana a los 4.000 euros, que le quita el sueño, y reduce sus mínimos ingresos a números rojos. “No fue bien, no conseguía que me salieran los números, la gente está muy habituada a su forma de vida y cuesta cambiar, aunque reconozco que cada vez hay más bicis”, admite.

De momento, tiene fuerzas para aguantar en la calle. Aunque admite, que si se anticipa su vuelta, no dudará en “regresar a casa con mis hijos”.  Activistas malagueños le acompañan a diario en esta carrera de fondo, que ya se ha hecho un hueco en algunos medios de comunicación en plena Navidad. Una historia por la que también se ha interesado la Junta de Andalucía, que estudia su caso.

Mientras, una Málaga bulliciosa sigue como si nada, a nuestro lado, mientras nos despedimos. Con su ritmo trepidante, incesante, de compras, Navidad y fiesta. “Yo coloco mi hamaca, para no dormir en el suelo y no tengo problemas”, bromea. De momento, el sueño, reparador y esperanzado aunque gélido, se convierte en su mejor refugio.

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