Actualizado: 21:55 CET
Lunes, 20/01/2020

La crisis se nota más en un complejo de alto estanding que en una barriada

Y el hombre en la sombra, Oleguer Pujol Ferrusola, sigue escalando puestos en el mundo de los negocios.

  • Vivir en un complejo hotelero tiene unas servidumbres muy caras.
  • La inseguridad jurídica hace mella y vivir en un lugar prohibido rompe la normalidad aparente
  • Los apartamentos tienen unos gastos de comunidad muy superiores a lo normal
Los apartamentos, dúplex, estudios y bungalows del complejo hotelero de Bahía Sur salieron a la venta a unos precios que en 2003 se podían considerar bajos para como estaba ya la vivienda, y gracias a esos precios, asequibles a matrimonios preferiblemente jóvenes y sin hijos o mayores que cumplieran esa premisa. Por falta de espacio, no por otra cosa. 

La situación económica en general del país permitía respirar con tranquilidad y pedir una hipoteca no suponía mayor complicación teniendo una o dos nóminas con las que responder. Eso es, se daban todas las circunstancias que propiciaban la compra y aún sobraba para gastos varios, que en el caso de los apartamentos de Bahía Sur, se irían notando en el día a días más que en la inversión original. 

Eso es en cuanto a quienes compraron, conociendo o no las circunstancias en que se encontraba el complejo, con la intención de usar los apartamentos como residencia habitual o más o menos habitual, ya que en el caso de los que compraron como inversores netos, aunque los gastos fueron los mismos, se supone que invertir puede hacerlo el que le sobra lo suficiente para hacerlo. 

El “pero” que tenía poder contar con apartamento en un lugar privilegiado como el complejo hotelero de Bahía Sur, para los que compraron con la intención de habitarlo y porque eran asequibles a sus disponibilidades de entonces, es que precisamente por estar donde estaban tenían que hacer frente al pago de una cuota de ‘comunidad’ que ni mucho menos se asemeja a la de un bloque de pisos de cualquier parte de la ciudad.

Muchos gastos
Vigilancia, limpieza, servicios variados, mantenimiento como el que requiere un establecimiento que vive del público, hay que pagarlo y lo que en principio es posible, las circunstancias, si se vuelven adversas, lo van haciendo inviable hasta el momento en que en algunos casos lo convierten en imposible. Más aún en una época en la que se pierden muchos puestos de trabajo y de poder adquisitivo. 

A ello se suman otros aspectos menos materiales de los que se hablaba en la primera edición de este informe, como la realidad de vivir en un lugar donde es ilegal vivir, y por lo tanto no puede existir a efectos tan prácticos como la escolarización de los niños y otros asuntos de tipo administrativo que precisan de un domicilio alternativo en el que “administrativamente” se pueda vivir.

Inseguridad
Por último y en lo que a vivencias personales se refiere, está el hecho de que después de varios años habitando en un espacio en el que se habita de forma ilegal sin que hasta ahora haya ocurrido nada, no mitiga la sensación de las personas de estar viviendo en el alambre y de que en cualquier momento se pueden torcer las cosas. Torcer para ellos, que es lo mismo que enderezar para el buen uso del complejo hotelero.
Obviamente, ninguno ha hablado por ahora, de esa situación. Pero existir, existe.

Demasiados disgustos para el PA por culpa del complejo de Bahía Sur
Se hablaba en estos días de que los responsables de la operación de compraventa del complejo Bahía Sur, Luis Elías Rodríguez-Viña y Jesús Sagarra Martínez (el primero como administrador único de Complejo Bahía Sur SL y el segundo como apoderado, además de apoderar la firma HG Hoteles que abandonó el proyecto a los pocos meses), no se había entrevistado desde el primer momento con el alcalde de la ciudad y que únicamente tuvieron lugar contactos técnicos con el entonces secretario general, Miguel Ríos, al tratarse de un tema “eminentemente jurídico”, según dijo Antonio Moreno. 

Pero eso no quitaba que hubiera cierto resquemor en la primer autoridad municipal porque el primer contacto no se produjera hasta un mes y medio después de comenzar la operación y cuando ya se habían vendido muchos inmuebles. La falta de cortesía y la utilización de uno de los bungalow como oficina de venta (que aún existe, igual que quedan existencias), fueron las quejas de los representantes municipales, que a esas alturas del siglo ya eran gato escaldado con el dichoso y comprometido complejo deportivo y comercial de Caño Herrera, al que llamaban “el complejo más ilegal de toda Andalucía”.

Y el hombre que no aparece sigue escalando puestos
El hombre en la sombra en esta operación y que entonces actuaba como representante de la empresa que apadrinaba la compra, la norteamericana ‘Cargill’, sigue escalando puestos en el mundo de los negocios a pesar de su juventud y las últimas noticias sobre su actividad profesional, fechadas a finales de marzo de este año, lo colocan como administrador único de Drago Capital, la empresa que compró las oficinas del Banco de Santander en 2007, en una de las operaciones más importantes de de los últimos años junto a la de tres edificios del Grupo Prisa, en el año 2008. 

Aunque la primera de esas operaciones se hizo bajo la batuta de Luis Iglesias, proveniente de JP Morgan, Oleguer Pujol Ferrusola formaba ya parte de Drago Capital en España como representante de Pavane Investments, instrumental domiciliada en Luxemburgo que era cabecera de la sociedad española, según la información publicada por ‘Negocio’. 

En los dos casos se trata de operaciones en las que la empresa compradora se ha convertido en ‘casera’ de la vendedora, pues tanto en el caso del Banco de Santander como en el del Grupo Prisa, siguen ocupando los edificios en alquiler. La compañía en cuestión está gestionada por Mare Nostrum Capital Managers,como se informaba en la edición de ayer.

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