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Lunes, 24/09/2018

Sala 3

The Disaster Artist

Jesús González Sánchez. Las interpretaciones, el guion, la dirección y los diálogos conforman un conjunto de desastres inconmensurable

  • The Disaster Artist

Realizar una crítica de The Room (2003) podría ser tremendamente fácil: todo en ella está mal. Las interpretaciones, el guion, la dirección y los diálogos conforman un conjunto de desastres inconmensurable.

Sin embargo, un extraño e inexplicable halo de culto la ha convertido en algo más que una simple película mala. The Room es, probablemente, la mejor película mala de la historia reciente del cine.

Por ello, el análisis crítico de la misma se dificulta hasta niveles insospechados cuando entran en juego planteamientos sobre el sentido de su propia existencia, sus verdaderas intenciones, la historia que hay tras su concepción y ejecución. Cuando surge la duda de si hay algo más allá que no estamos teniendo en cuenta y es imposible aseverar nada; o, en definitiva, cuando intentamos acercarnos a la enigmática figura de su creador, Tommy Wiseau, y somos incapaces de diferenciar el humo de la genialidad.

James Franco, fan absoluto de Wiseau y de su obra, decidió intentar dar respuesta a todas estas cuestiones realizando una adaptación de la novela The Disaster Artist, escrita por Tom Bissell y Greg Sestero, este último amigo íntimo de Wiseau y co-protagonista de The Room.

El resultado es una película tremendamente divertida, fresca y gratificante, bajo cuya premisa inicial, una historia hilada por la amistad de dos hombres con un sueño en común, se esconde una brillante reflexión sobre el sentido de la creación y los límites del arte y el talento.

The Disaster Artist narra la extravagante amistad de Tommy Wiseau (el propio James Franco) y Greg Sestero (Dave Franco, hermano menor de James), y cómo esta amistad les llevó a confrontar los estándares de la industria cinematográfica contra los que se topaban una y otra vez en la consecución de sus metas con la creación de su propia película.

Las desternillantes escenas del rodaje de The Room se alternan con aquellas que muestran cómo afecta el proceso creativo a la amistad de Wiseau y Sestero, poseyendo estas últimas, un lenguaje universal sobre lo que significa la amistad y la limpidez de su poder creativo.

Es divertido ver como James Franco crea puentes de unión entre la película a la que homenajea y la suya propia, estableciendo símiles narrativos que, lejos de la parodia, poseen una intención sincera de admiración y afecto. Estas similitudes no solo facilitan la catarsis del público aun cuando estos no hayan oído hablar de The Room, sino que profundizan en todas las cuestiones anteriormente planteadas sobre el contexto de creación de la película.

Las conclusiones que James Franco propone, además de conmover, indagan en el verdadero poder de la expresión artística como instrumento purificador del alma del artista, ya sea este un verdadero genio o un inaccesible y caricaturesco lunático. Y también deja entrever que quizás no exista tanta diferencia entre una cosa y la otra.

Para leer más sobre cine puedes visitar mi blog elmurodedocsportello.wordpress.com

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