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Viernes, 13/09/2019

Notas de un lector

Pinocho regresa

A punto de cumplirse los 125 años de su muerte, la editorial Reino de Cordelia, con buen criterio y mejor gusto, ha preparado una cuidada edición del famoso libro (¿novela?, cuento?), en versión castellana del poeta Antonio Colinas, e ilustraciones del pintor Manuel Alcorlo.

Desde que Carlo Collodi lo pone de pie, a finales del siglo XIX, la andadura universal de Pinocho (“Pinocchio”) ha sido singular y, sobre todo, incesante. De un lado a otro, de un idioma a otro, de un país a otro, este “burattino”, este muñeco italiano, ha hecho popular su condición y sus aventuras. No creo que Collodi (pseudónimo de Carlo Lorenzini, Florencia, 1826 – 1890) pensara, cuando lo creó, en el eco que su personaje llegaría a alcanzar.

A punto de cumplirse los 125 años de su muerte, la editorial Reino de Cordelia, con buen criterio y mejor gusto, ha preparado una cuidada edición del famoso libro (¿novela?, cuento?), en versión castellana del poeta Antonio Colinas, e ilustraciones del pintor Manuel Alcorlo. El volumen, encuadernado en tapa dura, alcanza las trescientas páginas, y constituye un verdadero regalo para lectores y bibliófilos, desde su inolvidable Capitulo I: “De cómo acaeció que el maese carpintero Cereza encontró un trozo de madera que lloraba y reía como un niño”.

     En una nota editorial se nos dice que la obra fue “publicada por entregas desde 1880 en GiornaledeiBambini (el primer periódico italiano para niños)”. Si me detengo en este punto, es, porque en el estudio que le dedica, Giovanni Gigliozzoli da como fecha de publicación 1878, y puntualiza: “después, en volumen, también en Florencia, en 1883, con el título “Las aventuras de Pinocho – Historia de un muñeco” (Le aventura di Pinocchio. Storia de un burattino) y con ilustraciones de Enrico Mazzanti”. Gigliozzoli añade: “El libro tuvo en seguida tal éxito que las ediciones se multiplicaron. Recordemos particularmente la edición de 1911. Ilustrada por el pintor AttilioMussino, quien intuyendo las posibilidades representativas de Pinocho, fijó el tipo del muñeco como ha venido siendo visto hasta la interpretación de Walt Disney en los dibujos animados del mismo título”.

     En este sentido, debemos reconocer la aportación que aquí y ahora hace Alcorlo. Madrileño de 1935, miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, este pintor une a su indiscutible capacidad creadora como tal, su experiencia ilustradora, probada en obras como “Amor y gimnasia” de Edmundo de Amicis o “Gitanjali”, del Nobel Rabindranath Tagore, aparecida este mismo año. Su concepción del personaje protagonista es hábil y certera, como lo son sus abundantes ilustraciones, enriquecedoras de la edición.

     No menos certera ha sido la elección de Antonio Colinas como traductor. El escritor leonés une a su reconocida valía como maestro del verso, su dominio de la lengua italiana, acrecentado por su actividad docente en aquel país, y sus versiones poéticas, tal la de la obra completa de Salvatore Quasimodo, que le valió el Premio Nacional de Traducción en 2005.

   Un Pinocho, pues, que salido de las manos de un solitario y entrañable carpintero, vuelve hasta nosotros en fechas prenavideñas,y que se nos antoja como un espléndido presente para grandes y pequeños. En verdad, un volumen absolutamente recomendable.

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