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Lunes, 18/06/2018

La tribuna de El Puerto

Cataluña/ Andalucía

Yo creo que no, lo demostró una vez y lo volverá a demostrar. “Un cuatro de diciembre muere un malagueño, una bala traidora le quitó la vía...”.

Sí, es inevitable, toca escribir sobre el asunto catalán. Será una opinión más que, en la situación de irascibilidad latente, puede que no sea del gusto de todos o de ninguno.

Ha pasado ya el 1-O con su secuela de desorden público; con políticos con discursos encasillados; con unas fuerzas de seguridad que, según el color del uniforme, se pasaron o no llegaron; y con unos jueces y fiscales proveyendo en sus despachos autos y mandatos que debían ser aplicados a miles de personas en la calle. La epiqueya se fue imponiendo según avanzaba el día.

¿Y ahora qué? Las soluciones que se plantean por los distintos partidos políticos no son eficaces, porque toda ellas están mediatizadas por el interés partidista a corto plazo (el horizonte no va más allá de las próximas elecciones generales que puedan celebrarse) y no por conjugar un proyecto común, que, a estas alturas, se debe plasmar en un cambio sustancial del sistema, para ser más claros, en una reforma constitucional de calado.

Los independentistas catalanes, los de derecha de toda la vida y los de extrema izquierda que juntos comen ahora en la misma mesa, dicen que quieren dialogar, con mediación internacional, pero ¿sobre qué? Van a renunciar ahora a la independencia tras sacar a la calle a media Cataluña. Se tendrían que exiliar por traidores.

Y el gobierno central, con sus apoyos envenenados, qué va a negociar. Acaso un escenario que no sea la independencia, porque no se la llame así, pero que en la práctica sea homologable.

Se enfrentarían al repudio de sus incondicionales inconscientes que en las redes sociales exigen mano dura y algo más.

Pero también es cierto que cualquier solución en la que Cataluña consiga un grado superior de autonomía o de semi-independencia será el comienzo de un proceso sin retorno. Ya la constitución del 78 estipulaba una España con autonomías a dos velocidades, una propuesta que Andalucía no aceptó y forzó, en la calle, sí en la calle, su derecho a estar con las nacionalidades llamadas históricas.

¿Se quedarían ahora los andaluces callados ante un nuevo intento de restaurar las dos Españas, la rica que avanza y la pobre que se queda estancada?

Yo creo que no, lo demostró una vez y lo volverá a demostrar. “Un cuatro de diciembre muere un malagueño, una bala traidora le quitó la vía...”. 

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