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03/03/2024  
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Jerez

“El andalucismo es fundamental para Andalucía”

La presentación en sociedad de su tercer libro ha dado pie a una conversación sobre literatura, enseñanza y política con este profesor y ensayista que nació en Cádiz y que lleva más de tres décadas viviendo en nuestra ciudad.

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  • Carlos M.López Ramos -

—  ¿La Noche de los Relámpagos?
— El título está sacado del primer manifiesto del surrealismo de Andrés Bretón, de 1924, en el que habla de una noche que llama de los relámpagos y en la que, de alguna manera, simboliza la magia, las posibilidades de una noche en la que parece que todo puede ocurrir, una noche estimulante, la noche de la creación pero que también puede ser la noche de la destrucción.  En cualquier caso, lo que yo he querido, y le he puesto el titular al libro por eso, es que la obra de Manuel Caballero resalte. Porque La Noche de los Relámpagos lleva un subtítulo que es La Simbología en la Pintura de Manuel Caballero. La obra pictórica de Manuel Caballero está llena de símbolos que proceden de la cultura mediterránea, desde las más remotas a las más modernas, y Caballero en su obra  funde unas tradiciones clásicas de tipo artístico y cultural, pero al mismo tiempo también la vanguardia, la postvanguardia y la transvanguardia. A mí se me figuró que toda la obra de Caballero era como una gran noche llena de relámpagos y esos relámpagos iban iluminando los aspectos más importantes de la realidad. 

—¿Por qué le ha interesado la obra del isleño Manuel Caballero?
— Soy amigo de Manuel Caballero desde hace cuarenta años. Coincidí con él en la Universidad, estudiando Filosofía.

—¿En Cádiz?
— Empezamos a estudiar en el Colegio Universitario de Cádiz, que era un aulario de la Facultad de Filosofía de Sevilla y a los tres años nos fuimos a terminar los dos últimos de la especialidad a Sevilla. Nos conocimos el año 71 ó 72. Manolo, que es autodidacta, ya pintaba y, desde mi punto de vista, ha conseguido una técnica extraordinaria y una capacidad de expresión magnífica. Yo asistí al nacimiento de esa pintura que comenzaba con cuadros y con dibujos en los márgenes de los apuntes. El libro prácticamente estaba escrito porque yo iba tomando notas sobre lo que me inspiraban sus cuadros e, incluso, había publicado bastantes artículos sobre su obra, concretamente en el grupo Publicaciones del Sur, y lo que he hecho ha sido darle forma, actualizarlo y al final lo que ha salido es un ensayo que, como ensayo que es, tiene que ser breve. Son sesenta páginas y lleva un complemento de veinte imágenes con cuadros de Manuel Caballero. La selección la he hecho yo y creo que ahí se ve un poco ese mundo de esa noche de los relámpagos que he descubierto a lo largo de su obra. El libro, en definitiva, es fruto de la amistad que mantenemos y mantendremos y, lógicamente, también porque me gusta su obra ya que coincide con mis criterios artísticos.

—Es su tercer libro.
— Sí. Además ahora tendré más tiempo para escribir. De hecho tengo uno a medio terminar que confío será el cuarto. Pretendo que se termine en enero y mi idea es seguir escribiendo, escribiendo ensayos literarios. 

—Porque usted, sobre todo, es ensayista.
—  Realmente, sí. Lo que pasa es que puedo escribir un ensayo que puede parecer un poema o una novela corta. Eso ocurre con este libro, La Noche de los Relámpagos, donde se pueden leer partes que son casi poéticas, aunque eso  no lo tengo que decir yo sino los lectores, y otras que son narrativas y otras informativas porque, por ejemplo, hay muchos detalles biográficos míos o autobiográficos y biográficos de Manolo, aunque al final son experiencias comunes.

—Me habla de datos autobiográficos. ¿Piensa escribir su biografía? 
—  No. Tengo muy mala memoria y la tendrían que escribir. Puedo escribir alguna memoria, pero para una autobiografía hay que tener unos datos y una capacidad de organización que no poseo.

—Su cuarto libro entonces...
—  Va sobre la narrativa de José Ruiz Mata, un novelista jerezano, consagrado...

—Pero quizá poco reconocido en su ciudad.
— Es cierto que está más valorado fuera de Jerez, tal vez por aquello de que nadie es profeta en su tierra...Es una obra la de Ruiz Mata que me ha interesado siempre y cojo tres novelas suyas y estudio lo que es su técnica narrativa en esas tres novelas que son especialmente significativas.

— ¿Más que un ensayo puede ser un crítica literaria?.
— Es crítica, pero ensayística. Le explico. No es una cosa demasiada académica, aunque tiene un gran aparato bibliográfico, sino que intento darle una agilidad, aunque es verdad que tiene bastante crítica literaria. En los últimos retoques voy intentar darle una especie de salida ensayística, hacerlo más leíble, para que no  entorpezca su lectura.

—Y es que aunque se define ensayista, también ha ejercido y ejerce la crítica literaria.
—  Llevo ejerciendo la crítica literaria, ciertamente, desde hace mucho tiempo. La empecé en Publicaciones del Sur y también voy a escribir pronto en el periódico Sur de Málaga. Independientemente de ejercer la crítica periodística en estos medios, también escribo en revistas especializadas de literatura.

Apuraba el café calentito de la fría tarde jerezana en una terraza cerca de su casa, de su estudio, de su laboratorio literario. Fumaba con parsimonia un cigarro que él mismo se había fabricado y repasaba datos de su vida, una vida intensa, en una charla entre dos amigos que se había sentado a tertuliar, con la grabadora de por medio y la amistad de muchos años juntos en este mundo de juntar letras. No se ha dedicado profesionalmente a la prensa, a la literatura y sí a la enseñanza. Roza los 60 y, por eso, en el recuerdo de la conversación me había quedada grabada la frase de “ahora que voy a tener más tiempo”...  .    
— Es que me jubilo a final de este curso 2014-2015. Hay que darle paso a la juventud. La verdad es que he vivido mucho y bien siendo profesor. Ha sido un trabajo muy estimulante. Siempre he dicho que el contacto con la juventud rejuvenece y es cierto. No me quejo en absoluta de mi etapa profesional en la enseñanza. Ha sido una trayectoria provechosa pero, como le he indicado, ha llegado la hora de retirarse y dejar paso a la juventud. También quiero disfrutar en ese tiempo nuevo que me va a permitir escribir con mayor intensidad y tranquilidad.  .     

—¿Le ha transmitido a sus alumnos el afán por la lectura?
— Sí...  

— Porque la juventud en general lee poco..
—  Lee poco porque todo está dominada por los medios audiovisuales. Internet, whatsapp... y eso tira mucho, pero yo siempre he intentado inculcarles ese afán por la lectura, la maravilla que es abrir un libro, sumergirse en un mundo que tiene una aventura porque hay libros inolvidables. No todos..., pero tengo muchísimos alumnos a los que he visto entrar en el mundo del libro y luego me lo han agradecido.

— Por cierto, cuántos años ha estado en las aulas.
— Treinta y ocho con el paréntesis de los doce años que estuve en la política, en servicios especiales.

— En esos años la educación ha cambiado mucho. No sé si a mejor o a peor.
— Ha cambiado demasiado y casi siempre a peor. Se han hecho cambios, desde mi punto de vista, que no se han pensado bien y que se han aplicado mal. No ha habido presupuesto para que las aplicaciones de esos nuevos sistemas fuesen productivas y ha habido una degradación general. Hasta hoy mismo, esa LOMCE que creo que no va a entrar en vigor porque tiene mucho rechazo y porque nos encontramos en vísperas de elecciones que puedan traer cambios importantes en el Gobierno del país. En líneas generales podemos decir que la trayectoria de la educación en España ha sido cuesta abajo.

— ¿Y Jerez va cuesta abajo o cuesta arriba, que usted ha estado doce años en la política?
— Sí. He estado en el PA, PAP y en el PSA.

— ¿Cómo independiente o cómo afiliado?
— Afiliado. Yo estaba afiliado al andalucismo. Esa es otra de mis señas de identidad, el interés por Andalucía. Fui durante muchos años presidente del Centro Blas Infante, que organizó conferencias muy importantes con gente de todo el espectro ideológico. No había sectarismos...aunque me había preguntado por Jerez.

— Sí, le cuestionaba si iba cuesta abajo o cuesta arriba...
— Jerez es una ciudad con muchos problemas y, entre ellos, ese problema del paro del que todos somos conscientes. Mire, ahora mismo no estoy muy metido en la vida política ni de Jerez, ni de la provincia, ni de la comunidad autónoma ni de España. Tengo una información general pero no es como cuando yo he hecho crítica política. En este mismo periódico la he hecho. Era sobre todo sobre relaciones internacionales pero también había temas cercanos. En estos momentos estoy centrado en la literatura pero no por ello dejo de reconocer que Jerez necesita un cambio. Me dicen..., pero no, mi actividad política diría que se agotó.

— ¿Qué le quedó, sin embargo, de aquellos doce años en el Ayuntamiento?
— Muy buenos recuerdos. Siempre me quedo con lo bueno, con las cosas que se hicieron, con la Fundación Caballero Bonald.

— Donde continúa.
— Sigo siendo, efectivamente, miembro del consejo asesor de la Fundación y miembro del consejo de redacción de la Revista Campo de Agramante, que es la revista oficial de la Fundación. Estoy vinculado y lo estaré de por vida porque así fue la voluntad de nuestro presidente.

— También pertenece al Centro de Estudios Históricos Jerezano.
— Y espero tener más tiempo para dedicarle la atención que merece, porque es una institución con muchísimas posibilidades culturales y no le he podido dedicar el tiempo que quisiese al tener las mañanas ocupadas con las clases y las tardes con la escritura.

— Hablábamos o recordábamos su etapa en el Ayuntamiento como concejal de Cultura.
— Y le decía que me quedo con lo que habíamos hecho, como traer los Cursos de Otoño de la Universidad de Cádiz, se trajo a Jerez la UNED. Participé en proyectos muy importantes y me quedo también con el contacto con la ciudadanía, intentar ayudar a la gente, contribuir al desarrollo de la ciudad de alguna manera. Supongo que en mi expediente habrá aciertos y errores como en los de cualquiera, pero guardo muy buenos recuerdos, entre otras cosas porque, por naturaleza, soy positivo y porque, realmente, hubo más bueno que malo, al menos en lo que es experiencia personal propia.

— ¿Qué le llevó a la política municipal, el andalucismo o la figura de Pedro Pacheco?
— Las dos cosas. El andalucismo y la figura de Pedro Pacheco que, en aquellos momentos, brillaba con luz propia en Andalucía y en España. Eso lo sabemos todos los que lo hemos vivido y, sobre todo, el andalucismo. La presencia de una organización que se centraba en la defensa de los intereses de Andalucía, de la cultura andaluza, me llamó siempre la atención. Lo lamentable es que ese proyecto que tuvo, no lo olvidemos, representación en el Parlamento de Madrid, amplia presencia en el Parlamento de Sevilla y muchísimos alcaldes en poblaciones de Andalucía, haya naufragado totalmente. No ha naufragado el andalucismo, que está ahí, lo que ha naufragado es ese proyecto que pasó por esa diversidad de siglas y que hoy no sé dónde está. Confío que esas personas que se han quedado ahí, en esas siglas o en otras organizaciones, logren revitalizar los ideales andalucistas porque creo que son fundamentales para el desarrollo de nuestra comunidad autónoma.

— Perdone, pero no tengo más remedio que preguntarle por la figura de Pedro Pacheco. ¿Merecía, desde su punto de vista terminar de la forma que ha acabado, privado de libertad?
— No. Creo que no. Le voy a ser sincero. Pedro Pacheco ha cometido errores y ahí está la justicia que es la que decide y hay que respetar sus decisiones, pero yo veo, en el panorama nacional, unos agravios comparativos porque hay personas implicadas que no se sabe si serán condenadas o no porque existe la táctica de alargar los procesos para que en un momento determinado prescriban o se le da tiempo a la persona imputada para destruir pruebas. Entiendo que Pedro Pacheco está siendo una cabeza de turco, sin que por eso manifieste mi disconformidad con las decisiones judiciales. En todo caso veo una cierta desproporción en la condena.

— ¿Continúa su amistad con Pacheco?
— Por supuesto. Y espero ir a verlo y que mejore su situación, siempre desde el respeto a las decisiones judiciales porque si no nos estaríamos saliendo del estado de derecho. Los amigos cometen errores, a veces errores muy gordos, pero son amigos. La persona, para mí, siempre está por encima de las vicisitudes de la vida donde muchas veces hay voluntad y a veces no hay tanta voluntad como parece y en otras son las circunstancias las que te llevan, pero vamos a dejarlo ahí, porque entraríamos en una casuística muy amplia del ser humano.

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