Actualizado: 23:39 CET
Martes, 12/11/2019

Jaén

“Nuestro problema es la indefensión aprendida, nos falta autoestima”

La economista Inmaculada Herrador, hoy en 'Jaén 2020'

  • Inmaculada Herrador Lindes, en la terraza de los Baños Árabes de Jaén

Tiene Inmaculada Herrador Lindes (Úbeda, 1975) ese aire vitalista de quien habla de forma apasionada de su tierra. Lleva media vida trabajando en la planificación técnica de la provincia jiennense, primero como coordinadora del I Plan Estratégico y ahora como directora del II Plan, cuya vigencia era 2012-2020 aunque todo indica que ampliará su horizonte temporal. “Jaén será lo que quieran los jiennenses,  nadie va a venir desde fuera a solucionarnos los problemas”, reflexiona en voz alta esta economista que lleva más de dos  décadas pulsando el termómetro a la realidad socioeconómica de la provincia.

Cuando se le pide un retrato del Jaén que se prepara para entrar en el año 2020, a Herrador le resulta imposible la concisión. “Es evidente que Jaén es una tierra con muchas potencialidades, pero muchas de ellas no se  han sabido explotar bien”, comenta como punto de partida de un análisis más profundo de los diferentes sectores productivos. Del aceite de oliva se queda con el salto tan grande dado en la mejora de la calidad, pero advierte de lo mucho que queda pendiente en cuestiones como la comercialización, profesionalización, innovación y también la agricultura sostenible. “El monocultivo del olivar no es hándicap para el desarrollo económico de Jaén, pero es evidente que hay que trabajar en la diversificación agraria”, subraya. Del sector industrial aporta unos datos que pueden sorprender a más de uno: en el último año hubo más personas ocupadas en el sector industrial (unas 30.000) que en el sector agrario, y el peso respecto al PIB de la industria jiennense, del 13,5%, supera incluso a la media andaluza (11,5%). La explicación a esos números tan halagüeños hay que buscarla en la consideración que se tiene de las almazaras (más de 350 en la provincia) como parte integrante del sector industrial. Y en el turismo, como pata principal del sector servicios, Inmaculada Herrador alude a sus “grandes potencialidades” y el margen de crecimiento que tienen campos como el oleoturismo. Ahora bien, la cuota de mercado no termina de crecer y la población ocupada del sector hotelero es la misma que hace 20 años, en torno a un millar de personas. El sector alcanzó su récord de pernoctaciones y viajeros en 2007, después vinieron años de caída y actuamente se advierte una cierta recuperación.

El diagnóstico del tejido productivo de la provincia entronca con otra realidad insoslayable: la falta de convergencia de Jaén. “Es cierto, crecemos lentamente y, sobre todo, lo hacemos de manera más lenta a otros territorios”, admite esta economista, que alude a la necesidad de introducir “elementos diferenciales y singulares” que activen la palanca de desarrollo de Jaén. Tampoco se olvida de la iniciativa privada: “Nos vendría muy bien contar con un tejido empresarial fuerte, que se quedó muy dañado durante el periodo de crisis”.  Eso sí, cree que a los empresarios “hay que ponerles el camino fácil” además de contar con un ecosistema que aglutine innovación, ciencia y empresa. Inmaculada Herrador rehúye en su discurso el victimismo y el agravio.  Por eso, se resiste también a hablar de discriminación  de la provincia de Jaén. “Queremos lo mismo que otros territorios, un trato igualitario”, entona, no sin admitir que al menos  en la licitación de obra pública del Estado y la Junta de Andalucía Jaén sale cada año mal parada. Recuerda en ese sentido que en 2008 la inversión pública en Jaén era de 1.400 euros por habitante, y una década después se situó en 170 euros.

Con todo, Herrador no cree que la solución a los males de Jaén sea solo mirar hacia fuera y, por eso, ve necesario un ejercicio de autocrítica colectiva : “Uno de los problemas que tenemos los jiennenses es la indefensión aprendida, pensar que no somos capaces y que tenemos menos potencialidades de las que tenemos. Nos falta autoestima, nos tenemos que creer que somos capaces de alcanzar otros niveles de desarrollo”, subraya la directora del II Plan Estratégico de Jaén, en cuyo documento puede leerse  a modo de declaración de intenciones que “los territorios que progresan son aquellos que se hacen socialmente responsables de su propio desarrollo”. El problema no es solo que Jaén crezca muy lentamente, sino que la sangría demográfica de la provincia avanza también de manera preocupante. “No se va más gente de la que se iba en 2007, lo que ocurre es que ahora vienen menos personas desde fuera y el saldo migratorio tiene una tendencia negativa por la caída de la natalidad”, indica. Y, aunque tiene claro que el reto demográfico no es algo específico de Jaén, apuesta por  medidas que eviten la inversión de la pirámide de población que se está dando en los últimos años. “Sobre todo es preciso reducir la desigualdad en el mercado laboral, y mejorar la conciliación. Aquí en Jaén, en el sector agrario, hay muchas lacras en ese sentido”, concluye.

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