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Domingo, 23/09/2018
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Semana Santa

La histórica manifestación de Fe de un pueblo con la folclórica idiosincrasia de la gente de Andalucía nos ha traído hasta el día de hoy

No se puede concebir Andalucía sin la Semana Santa. La histórica manifestación de Fe de un pueblo con la folclórica (en el mejor sentido de la palabra) idiosincrasia de la gente de Andalucía nos ha traído hasta el día de hoy.

Con independencia de las creencias particulares o de los gustos individuales, lo cierto es que Andalucía tiene arraigada en su misma definición la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo como todo lo que celebra y hace Andalucía: en la calle.

No entender eso, más allá de otras connotaciones turismo-cultural-económicas, es no entender la esencia de Andalucía. Por eso, las administraciones que gestionan los recursos públicos en Andalucía no pueden sino gobernar conforme a esta forma de ser tan nuestra.

Lo contrario, no es sólo ir contra un colectivo muy numeroso de ciudadanos, sino querer ir contra la idiosincrasia y forma de ser de un pueblo, el andaluz. No es que a todos los andaluces les guste o les tenga que gustar la Semana Santa. Estaría bueno. Como a nadie nos tiene por qué gustar todo.

Pero no se gobierna para los gustos de consumo propio, sino para el conjunto de la población. Si a todo esto unimos el impacto económico que en cada una de nuestras ciudades tiene la celebración de la Semana Santa, darle la espalda es aún un error más grande.

De hecho, el Ayuntamiento de El Puerto ha reaccionado a tiempo de lo que podría haber sido un error mayúsculo, lo que no me posiciona explícitamente a favor de que las hermandades condicionen su estación de penitencia al cobro de una subvención municipal. No sólo no se puede gobernar de espaldas a un pueblo, es que no se debe procurar actuar de forma contraria a los intereses del pueblo gobernado porque se estaría yendo contra sus puestos de trabajo, contra las ventas de sus negocios, su llegada de turistas y de potenciales consumidores.

La Semana Santa es una grandísima expresión de Fe de un pueblo, sí; pero no es menos una manifestación de patrimonio cultural difícilmente igualable, un polo de atracción de personas de todos los puntos de España que ya querrían para ellos un fervor popular de este calibre, un motor de consumo y negocio que sustenta gran parte de la economía local.

Y eso sin contar todo lo bueno que tiene que, con motivo de una fiesta religiosa, sea festivo nacional varios días seguidos y recibamos, por nuestra condición de destino turístico, la visita de miles de personas que quieren disfrutar de lo que nosotros vivimos todo el año.

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