Actualizado: 16:12 CET
Miercoles, 13/11/2019

Lo que queda del día

26M (II): Las paradojas del PP

El mismo PP que perdió alcaldías con notables resultados, podría recuperarlas ahora con resultados discretos si logra consumar esperadas alianzas

  • Antonio Saldaña junto a Sanz, Pelayo y Teófila

Antonio Sanz ha reivindicado esta semana la necesidad de que el PP vuelva a gobernar en Jerez. Hasta ahí, todo correcto. No cabía esperar menos. Pero entre sus argumentos no se encontraba sólo la aspiración de un mero deseo partidista. Sanz lo justificaba a partir del hecho de que la ciudad llevaba cuatro años gobernada por una “perdedora”, en alusión a Mamen Sánchez. No lo volvió a repetir. Algo en su interior debió decirle que ése no era buen camino para seguir adelante con el discurso. No hay más que mirar al gobierno de la Junta al que él mismo pertenece en este momento: Juanma Moreno no ganó precisamente las elecciones; es más, obtuvo uno de los peores resultados del PP andaluz de los últimos tiempos. ¿Está gobernada la Junta por un perdedor?  

Y una cuestión más, a partir del mismo ejemplo -es una de las opciones-: Antonio Saldaña, su candidato por Jerez, podría convertirse en el próximo alcalde de la ciudad sin ganar las elecciones.

Es, no cabe duda, una de las paradojas que se asientan sobre el futuro inmediato de los populares en la provincia, entre otros motivos porque ya ha surtido efecto, incluso de forma plausible, como hemos podido comprobar en la formación del ejecutivo andaluz.

Un partido como el PP va a salir, por supuesto, a ganar, pero ellos mismos son conscientes de las dificultades añadidas con las que comparecen en las municipales tras el desastroso, y tan reciente, resultado en las elecciones generales, que en el caso de la provincia les ha situado como cuarta fuerza en respaldo electoral.

Y aún así, insisto, tiene en su mano mantener y recuperar el gobierno de diferentes municipios en los que ya cuenta con experiencia de gestión, a partir de la necesaria suma del bloque de derechas, puesto que también se parte de la certeza de la dificultad extrema de lograr mayorías absolutas y, en cierta medida, incluso de no ser el más votado en ciudades clave como Cádiz o Jerez. Si la suma les da la victoria, también habrá quien les recuerde su antiguo apego a que gobierne “la lista más votada”. Paradojas de la vida y de la política, que también se escribe con renglones torcidos.

En este sentido, el caso de Jerez resulta muy particular. El partido se encontró hace poco más de un año con la renuncia de María José García-Pelayo a liderar de nuevo la candidatura popular. Su relevo natural fue Antonio Saldaña, mano derecha, número dos, cerebro y alma del partido, así como del anterior gobierno local. A nadie extrañó, pues, su designación, por impepinable, aunque también pesó la sensación de que llegaba precipitada en el tiempo. De hecho, la pregunta clave se la hizo David Gallardo en su presentación oficial ante los medios: “¿Quién será ahora el Antonio Saldaña de Antonio Saldaña?”. Clave porque implicaba una doble lectura: la de la imagen pública del candidato hasta ese momento -escudo protector de Pelayo y duelista dialéctico- y la de la falta de un suplente que hiciera a partir de ahora esas veces.


Saldaña ha resuelto el primer dilema a base de calle y de marketing, pero no el segundo, por mucho que haya empujado a Jaime Espinar a asumir el papel de tentetieso cuando tocaba elevar el tono o enseñar colmillo. Lo ha apostado todo al uno y, guste más, menos o nada -no hay que olvidar las ampollas provocadas en su propio partido con el lema Jerez Cappital- hay que reconocerle su enorme capacidad de trabajo y entrega durante todo este año y la innovadora campaña que ha puesto en práctica, que parece seguir al pie la máxima de Einstein: “haz cosas diferentes para que pasen cosas diferentes”.

Si le valdrá para lograr su objetivo es algo que aún permanece en blanco en la página que ha de escribirse el 26 de mayo, y sobre la que van a decidir tantos condicionantes; entre ellos, los que son ajenos a cada partido, y los que inciden sobre su propia trayectoria -el pasado, para lo bueno y para lo malo- y sobre su propia autoenjundia, que a veces lleva a confundir el deseo con la realidad y, más aún, a minusvalorar al adversario, que es lo que le puede ocurrir al PP con el PSOE. Pero ya sabemos que, a falta de victorias, el PP aún podrá recurrir a las paradojas.

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