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Viernes, 22/02/2019

Escrito en el metro

El efecto esponja

Los árboles en especial en las ciudades son esa esponja que necesitamos hoy para amortiguar las extremas temperaturas que nos sobrevendrán

  • Los bosques y su importancia.

Por efecto esponja se conoce a distintos fenómenos que tienen en común el que en momentos de bonanza acumulan beneficios que serán aprovechados luego con mesura para sostenerse en los de crisis. Uno de estos fenómenos fue observado ya hace tiempo en algunos bosques que aprovechan las fuertes lluvias para absorber la mayor cantidad de agua posible, que liberaran a cuentagotas durante los períodos de sequía extrema para garantizar así su supervivencia. En nuestro entorno parece ser la estrategia seguida por los cada vez más exiguos bosques ribereños de ramblas y arroyos, y que de esta manera evitan las fuertes escorrentías que tantas catástrofes generan tanto en los ecosistemas como en las personas. Bendita solución de la naturaleza que bien deberíamos propiciar para la seguridad de todos.

Precisamente el ESPON, observatorio territorial de la Comisión Europea,  en un reciente informe en el que analiza la situación de las distintas regiones, en nuestro caso provincias, respecto al cambio climático, advierte de la fragilidad que muestra la malagueña y en especial la Costa del Sol. Sus predicciones pueden sintetizarse en tres puntos. Nuestra tierra es de las regiones de Europa más sensible al progresivo avance de las temperaturas máximas, de las de menor capacidad para su adaptación y en la que el cambio tendrá un mayor y muy acelerado impacto económico negativo. Malos presagios para un futuro cada vez más próximo y frente a los que poco hacemos para mitigarlos.

Hace unos días durante un curso sobre arboricultura e infraestructuras verdes de la FGUMA, en el que se dieron cita más de medio centenar de técnicos, se coincidió en una conclusión: Dadnos árboles y cambiaremos el futuro. Los árboles en especial en las ciudades son esa esponja que necesitamos hoy para amortiguar las extremas temperaturas que nos sobrevendrán, la herramienta más eficaz para adaptarnos a los cambios en las islas de calor urbano de una estrecha franja costeraen las que nos hacinamos, en donde radica buena parte de la riqueza de nuestra tierra. Decía el singular filósofo Bob Esponja que el hombre sirena, siempre alerta, se entrenó para dormir con los ojos abiertos. Las sirenas de alerta han sonado para despertarnos de los cantos de sirenas que cacarean aquello de todo va bien. Necesitamos árboles esponjas para aclarar un mejor y más seguro futuro.

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