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Martes, 11/08/2020

Lo que queda del día

Paranoicos o no paranoicos

No paramos de compartir noticias y vídeos de nuestras playas cerradas y/o masificadas, que son en este momento la peor invitación a la elección del destino

  • Playa de Bolonia

En Ventajas de viajar en tren se ofrece una de las mejores y más resumidas descripciones de lo que podemos entender por paciente paranoico: es una persona que “está siempre atenta a los estímulos externos, estableciendo entre ellos vínculos erróneos”. Conviene tenerlo presente, puesto que desde la llegada de la pandemia a nuestro país, y más aún a nuestra realidad más cercana, hemos llegado a dividir a los integrantes de la sociedad que nos rodea entre paranoicos y no paranoicos. A los primeros, por supuesto, les achacamos que se hayan situado entre los defensores de las lecturas más catastrofistas, sobre todo a partir de la entrada en las progresivas fases de desescalada.

Puede que por las peculiaridades de nuestra provincia, por el clima o por cierta responsabilidad ejerciente, el tiempo ha terminado por quitarles la razón: establecieron vínculos erróneos entre lo que veían -los niños y mayores por las calles, los deportistas, los bares, las playas...- y lo que iba a suceder. Sin embargo, los artículos que escribe a diario Javier Sampedro en El país, convertidos en una colección imprescindible para entender lo que viene sucediendo en España y el mundo desde el pasado mes de marzo, respaldan dichos vínculos sin caer en la paranoia; le basta con apoyarse en lo que dicta la ciencia. Y, en su opinión, “nuestro gran problema no es una segunda ola pandémica, sino que no hemos logrado salir de la primera”, pese a lo cual nos ha faltado tiempo para irnos directos al chiringuito.

Y es cierto que, no solo la economía, sino la sociedad en general, necesitaban ciertos estímulos de alegría después de los meses de encierro, pero la progresiva vuelta a la normalidad tampoco está deparando una reactivación acorde con los titulares y los mensajes de optimismo que no han parado de producirse durante las últimas semanas en torno a tan atípico verano, como si hubiera que convencer a los turistas de que pueden venir a bañarse en nuestras playas sin riesgo a acabar devorados por un tiburón.

Buena prueba de que no está siendo así lo reflejan el retraso en la apertura de muchos hoteles, las cifras de ocupación que manejan hasta ahora y la caída en la propia demanda turística, reconocida por ejemplo por Renfe, que esta semana ha activado una segunda conexión diaria entre Madrid y la provincia, cuando el año pasado por estas mismas fechas había hasta seis trenes diarios rumbo a Jerez y Cádiz abarrotados de turistas que dieron como resultado una cifra récord de viajeros en todo el año: casi 900.000 -pisándole los talones al propio aeropuerto de La Parra-.

Este último asunto da para otro debate, ya que la patronal hostelera considera que la demanda no crece al ritmo del año pasado porque tampoco lo ha hecho la oferta de conexiones, pero, del mismo modo, también hay que atender a cierta duda razonable en la reducción de esa demanda y que puede tener que ver con la imagen que, nosotros mismos, estamos ofreciendo de la provincia al exterior cuando no paramos de compartir noticias y vídeos de playas cerradas y/o masificadas, que son en este momento la peor invitación a la elección del destino; entre otras cosas porque son situaciones y en localizaciones puntuales que desvirtúan la oferta de sol y playa de la provincia en su conjunto. Una pena que para una vez que los telediarios obvian hacer conexiones con La Malvarrosa, lo hagan con la playa de La Caleta y su agua quieta.

Aun a puerta cerrada, ni siquiera el Mundial de Motociclismo, que a partir de este lunes centrará su actualidad durante dos semanas consecutivas en el Circuito de Jerez, ha sido incentivo para que caravanas de moteros planeen su viaje a la provincia como en un primer momento se llegó a plantear como posibilidad, aunque solo fuera por revivir el ambiente exterior de la prueba, cuando, en realidad, solo fue por alentar una ilusión, como las de las ferias en otoño o como la de un verano mejor de lo esperado. Todavía hay estímulos que cuesta vincular en medio de tanta incertidumbre.


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