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Viernes 30/09/2022  

Cádiz

Los recuerdos de Beni regresan a la ciudad de Cádiz

El hijo del popular cantaor dona al Archivo Municipal fotos, vídeos y memoria de la faceta más familiar de su padre

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  • Una de las imágenes de Beni de Cádiz donadas al Archivo.

A Benito Rodríguez Rey no le gustaba su nombre. “Es nombre de droguero”. Quizá por eso se le perpetuó el Beni y se le añadió el de Cádiz para presumir de arte y procedencia. Tenía razones de sobra para lucir origen. Era nieto de cantaor y creció en un ambiente acomodado, ya que su padre era un próspero industrial, Amós Rodríguez. A su madre, Carmen Rey, le dio un disgusto pronto. “Su hijo no es buen estudiante”, le soltó el director de la escuela. Pero la consoló enseguida. “Pero será un gran artista”.

Y no se equivocó. Ha sido José Luis Rodríguez, uno de los hijos del Beni de Cádiz el que ha recobrado en su ciudad la memoria de uno de sus artistas más queridos y adorados, por su talento para el flamenco, su gracia natural y sus populares embustes. Su vida, iniciada en 1930 y concluida en 1992, el año en el que también se fue Camarón, es una recopilación de maravillosas anécdotas, que José Luis conserva en sus recuerdos, y también en un discreto, pero intenso y mimado conjunto de carpetas de ordenador, que acaba de donar a Cádiz.

El Archivo Municipal de Cádiz custodia desde hace unos días esta donación, que ya puede ser consultada por los investigadores que quieran acercarse a su sede de la calle Isabel La Católica, donde no abundan los documentos en torno al flamenco. Hay música, en audio y vídeo, hay carteles, discografía, fotografías, como Beni con su hijo José Luis vestido de comunión, y una sentida biografía con la que su hijo recuerda emocionado la vida de su padre.

“Su tierra estaba arraigada en lo más profundo de su alma, y por muy lejos que se encontrara de ella, siempre estuvo omnipresente en su vida, en su obra artística y en su pensamiento. Con la antigüedad de Cádiz siempre realizaba un sinfín de bromas, y con su inigualable ingenio, dejó la antológica frase de “fíjate si es antigua Cádiz que no tiene ni ruinas”, rememora José Luis en este archivo donado a la ciudad de su padre.

Beni era nieto de El Niño de la Isla, y bisnieto de compositor musical. Así que el duende le venía de lejos. A los diez años ya conocía los principales palos flamencos, “y los interpretaba con pureza y maestría”, en palabras de su hijo. Pero en los estudios no destacaba mucho, como se sinceró el director del colegio, quien sí le vio el futuro asegurado como artista. Empezó pronto. De hecho, a los 16 años ya formaba parte, como bailaor, del cuadro flamenco de la compañía de Lola Flores y Manolo Caracol. Fue este quien, al descubrir su prodigiosa voz, le sacó un día al escenario y le brindó su debut como cantaor.

José Luis Rodríguez describe orgulloso el éxito fulgurante de su padre, que le hizo grabar sus primeros discos. El primero en solitario se llamó Solo por tranquilizarte, bajo el sello Alhambra. “Nunca le atrajo lo de ser empresario, pero en 1955, con 25 años, ya tenía su propia compañía. Su primer espectáculo lo tituló Pregón de coplas. Aquella aventura no duró mucho. En 1959 Beni de Cádiz murió. Fue su primera muerte. Le mataron varios periódicos de Madrid, tras haber enfermado y tener que ser operado de una lesión en la columna, que le tuvo inmovilizado un tiempo. La publicación de su defunción llevó a varios artistas a homenajearle en el Teatro Falla. Allí estaban la Niña de Los Peines, Juanito Valderrama, La Paquera, Antonio Mairena o La Perla. Una muestra de lo muy querido que era entonces. Logró resucitar y dos años más tarde ya estaba cantando en los tablaos.

Conoció a grandes personajes de la época. Su hijo cita a Kennedy, Luther King, Orson Welles, Frank Sinatra, Grace Kelly, y Ava Gardner. También a Franco, quien, según explica su hijo, le pedía al Beni de Cádiz que le contara chistes. “¿Usted sabe por qué los gitanos se llevan tan mal con los churreros? Porque lo que quieren son palos del flamenco, no porras del Generalísimo”, dicen que le soltó en la celebración de un cumpleaños del dictador. En 1971 ganó los premios nacionales de seguiriya y alegrías de Cádiz en el concurso de Córdoba. Entre el archivo donado, están los vídeos y audios de aquella bendita jornada. “Tenía la voz en el cielo, y la quebraba, globulaba, caracoleaba, modulaba oportunamente, como si estuviera reinventando, ya no el cante, sino la manera de cantar”, repasa su hijo citando al catedrático Agustín Gómez.

José Luis Rodríguez también recuerda a su madre Angelines Jiménez, a la que el Beni conoció en 1951, y que murió prematuramente. Beni volvería a casarse con su última pareja, Perla, en 1992, cinco días antes de su muerte. “Él hacía muchas cosas surrealistas”. Su hijo se lamenta de que su padre no tuviera interés en “dejar huella”, porque eso ha privado de tener más material suyo, al ser tan desprendido. Ha querido que lo que conserva de él, por poco que sea, también lo disfruten los gaditanos.

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