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24/01/2021

Barbate

Las hierbas del bien y del mal

La mayor preocupación del hombre ha girado en torno al dolor y la enfermedad desde tiempos prehistóricos

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  • Adormidera.
  • Las cabezas de adormidera cocidas con miel curaban la jaqueca y si se les agregaba leche de mujer y azafrán también la gota
  • La morfina es 10 veces más potente que el opio y la heroína 10 veces más que la morfina

Desde tiempos prehistóricos, la mayor preocupación del hombre ha girado en torno al dolor y la enfermedad. Este binomio le sigue acompañando desde el periodo Neolítico hasta nuestros días. En este tiempo trataban de actuar sobre él apoyándose en lo que le brinda la naturaleza, las plantas, ya que pronto también descubrirán que muchas tienen propiedades contra el dolor y medicinales.

La mandrágora era un gran relajante muscular y al actuar sobre la pelvis de la mujer facilitaba el parto curando el vaginismo y los dolores por el coito

Hoy sabemos que el opio y otras plantas derivadas de la adormidera se emplearon con estos fines y las almacenaban en sus cavernas. El oscurantismo en que se vivía solo permite para estos males el estudio de las plantas y las prácticas religiosas. En el siglo I destacó Dioscórides como el primer científico que aplica la botánica a la medicina (manuscrito de materia médica) donde estudia cerca de mil plantas, entre ellas destacan dos fundamentales: la mandrágora y la adormidera. Por consiguiente, me limitaré a estas dos que, de alguna manera, encabezan la terapia de la enfermedad y el dolor hasta la Edad Media. Incluso hoy se emplea alguno de sus derivados.

La mandrágora es una planta mitológica, planta mágica ligada al esoterismo (lo que resulta difícil de entender) y que florece en primavera y otoño, con flores acampanadas y verdosas. Su raíz parece una figura humana y por eso se le llama así antropomorfa (forma humana), su olor es fétido, de raíz grande y doble que se asemeja a las piernas humanas con una pequeña raíz en medio. Si se arranca emite unos sonidos (como chillidos) que, al oírlos en la antigüedad, consideraban como peligro de muerte. Por eso se aconsejaba no arrancarla y sí se indicaba taparse los oídos con cera. Consideraban fundamental trazar tres círculos con la punta de un cuchillo a su alrededor, después excavar la tierra que quedaba dentro de ellos y se utilizaba un perro negro que se ataba a la planta ofreciéndole comida para que tirara de ella y la arrancara. Mientras se huía de "los chillidos" de la planta y el animal moría al hacerlo.

Esta planta se utilizó como anestésica y para favorecer la fecundidad en la mujer, después de machacada y filtrada, se empleaba para curar úlceras. Bebida, trataba y mejoraba las convulsiones o atraía la menstruación en mujeres estériles aumentando su belleza. Su nacimiento estaba ligado a la ejecución por ahorcamiento de criminales que, en ese momento por el terror de la muerte, relajaban sus esfínteres y se producía emisión de orina con eyaculación que servía de abono a la planta para mejorar su crecimiento. En su raíz se han observado figuras semejantes a hombrecillos que si se consumían tenían efectos saludables.

No todo eran ventajas, pues a dosis altas, provocaban alucinaciones y muerte o podía producir locura, sobretodo su variedad MORION, cuyo fruto con forma de manzana podía también matar, por lo que se le llamaba manzana de Satán. En el papiro de Ebers aparece una fórmula para mitigar el dolor: jugo de mandrágora, con raspaduras de heces de moscas y algo de miel. Paracelso, astrólogo y alquimista suizo, de inteligencia brillante, al final de su vida estuvo a punto de descubrir la auténtica anestesia de nuestros días que llamó fluido blanco, pero como estaba dirigido a la obtención del opio de las adormideras no se dio cuenta de lo que tenía tan cerca. Arrojó a la hoguera la noche de San Juan de 1527 el canon de Avicena e Hipócrates y decidió olvidarse de Galeno. Su fórmula magistral era: media onza de semilla de opio, ocho onzas de raspaduras de mandrágora y tres onzas de cicuta. Diluir todo en agua, o mejor, leche de mujer y así ser el remedio más potente cuando se practicara la amputación de un miembro.

Se empleó para el dolor intenso de muelas combinando los excrementos de la rata negra con raíz de mandrágora machacada, filtrada y disuelta en vino.

  Otra técnica utilizada en la cirugía fue la compresión de la carótida (del griego karos, sueño profundo) que producía un desvanecimiento parecido a lo que ocurría con el consumo de mandrágora.

Helena de Troya hizo con la mandrágora un bebedizo con poder energético y quitaba las penas y temores. Se habla de que se empleó con Jesucristo suministrado por uno de sus fieles seguidores para que le ayudara en el suplicio de la crucifixión en el Gólgota. Esta energía que confería ayudaba a la recuperación postraumática para lograr un nuevo desarrollo, RESILIENCIA, tan de moda ahora, ayudando a la fragilidad de la naturaleza del niño y protegerlo de problemas de sus padres (separaciones, conflictos...)

La mandrágora era un gran relajante muscular y al actuar sobre la pelvis de la mujer facilitaba el parto curando el vaginismo y los dolores por el coito.

Raquel, segunda mujer de Jacob, al no poder tener hijos le dijo a su marido: "dame hijos si no quieres que muera". A lo que Jacob padre de varios hijos de su anterior relación, contestó: "es Dios el que le niega el fruto a tu vientre, debes orar". Ella arrancó una planta cuyas raíces parecían hombrecillos que nombraron como mandrágora y decidió cuidarlos como sus hijos. Dios al ver sus esfuerzos maternales, se los concedió, nombrando al primero José y al último Benjamín.

Tras la adormidera y sus propiedades, el hombre no cesó en su empeño por curar la enfermedad y mitigar el dolor, por lo que encontró otra planta con idénticas características: la adormidera (Papaver Somniferum) de la que se conocen 50 especies. Dos mil años antes de Cristo ya se hablaba en las "tablillas de barro de los Sumerios" sobre el beneficio de su uso en la jaqueca, dolor de caries dental. dolor de parto, grietas del pezón al amamantar al bebé, diarreas y enfermedad pulmonar.

A veces la primera dentición en los niños resultaba dolorosa, impedía el sueño, producía irritabilidad y babeo, no comiendo el niño. Se empleaba entonces saquitos con semillas de adormidera mucho antes que el chupete. Galeno, médico de los gladiadores, usaba el opio de la adormidera para mitigar el dolor de las heridas o el que producía al curarlas. El opio de hecho es el jugo del látex de la adormidera, símbolo del sueño y del olvido, y con él se pierde la noción del tiempo. Nerón lo consumía para dormir: 70 gramos de opio diario mezclados con vino y Augusto tomaba una fórmula de su médico Filonio con opio, tábano, pimienta blanca y miel.

El emperdor Heliogábalo de la dinastía Severa, “una bestia de todos los vicios”, lo consumía en sus banquetes junto con la mandrágora acompañado de abundante vino. En sus desmanes llegó a enviar a las legiones romanas a que mataran a las alondras y esquilmaron sus bosques en 5 días, sumiendo a Roma en el silencio de su canto. Fue el primer travesti de la historia y su propósito era darle un festín a base de las lenguas de estas aves a sus dos amantes Hierocles, su auriga, y Aurelio Zótico famoso por su virilidad. Se pintaba los ojos, se depilaba y lucía peluca antes de prostituirse, se casó a la vez con sus dos amantes y elegía a los más dotados. Solía ejercer como esposa, pero aun así tuvo cinco esposas y una de ellas era sacerdotisa vestal que pagaría su impureza con ser enterrada viva si la descubrían. Le obligaba a que asistiera a sus orgías y presenciara sus escenas y era un adicto al opio.

Las cabezas de adormidera cocidas con miel curaban la jaqueca y si se les agregaba leche de mujer y azafrán también la gota. Otro remedio fue el láudano de Sydenham que asociaba una libra de vino con polvo de opio y una onza de azafrán, para aumentarlo progresivamente. El poder de la adormidera radica en el opio, pero sobretodo en sus alcaloides: la morfina (anestesia), codeína (tos seca) y papaverina (vasodilatador y relajante muscular).

La morfina se aisló en el siglo XVIII y su nombre se debe al dios Morfeo, vigilante y ministro del dios sueño (Hipnos), hijo de la noche, que habitaba en un palacio impermeable al sol donde no llegaba ruido alguno. Morfeo solo permite el débil murmullo del rio Olvido que invita al sueño. Elena de Troya tenía una fórmula de un bebedizo a base de adormidera muy energético que suministró a Telémaco en busca de su padre Ulises.

La morfina es 10 veces más potente que el opio y la heroína 10 veces más que la morfina. Se llamó así porque en el siglo XIX se empleaba para las amputaciones y se conocía como “droga heroica de las guerras”. Hipócrates decía lo que no cura la hierba, lo cura la cirugía y lo que no cura la cirugía lo hace la muerte. Dioscórides advierte que estas sustancias dañan el espíritu y producen embriaguez y pesadez de cabeza. Paracelsius científico en 1916 lo recomienda y dice que hay que emplearlo bien, ajustando dosis y agregar los venenos porque matan las dosis, no los venenos.

Aún así, no estoy de acuerdo, hay circunstancias como en la concentración micelar mínima, el ph del medio, la existencia de grasas saturadas recalentadas, que pueden provocar situaciones extremas, incluso la muerte.

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