Actualizado: 13:08 CET
Martes, 31/03/2020

Arcos

Poemas para la memoria

Antonio Hernández publica una selección de sus poemas de la mano de las fundaciones Málaga y El Pimpi, recuperando su memoria intrínseca al oficio

  • Detalle de la portada del nuevo poemario de Antonio Hernández.

Los escritores de Arcos vuelven a darnos una agradable sorpresa. Antonio Hernández regresa con un poemario de la colección ‘25 poemas’, auspiciada por las fundaciones Málaga y El Pimpi y que fue presentada hace tan sólo unos días en la capital malagueña.

El autor de ‘Nueva York después de muerto’ presentaba su último trabajo coincidiendo con la fatal noticia del fallecimiento de su hermano Manuel, lo que seguramente le ha dejado mal cuerpo en su reaparición literaria. El hijo predilecto de Arcos explica en su propio prólogo que “la literatura es imposible sin la memoria como es obvio, pero una cosa es el recuerdo como ejercicio de la mente recuperando el tiempo ido y otra  bien distinta la memoria como recurso literario, es decir, como apoyatura de la creación por escrito”. Antonio Hernández se cuestiona si “la memoria es la inteligencia de los tontos” o si “la memoria es el único paraíso del que no podemos ser desterrados”. Sea como fuere, el Premio Nacional de la Crítica y Premio Nacional de Poesía, indaga en su memoria y lo plasma como mejor sabe; a golpe de verso.

Ahora que nos asomamos al Día de Andalucía, la casualidad ha querido posiblemente que su nuevo poemario se abra con ‘Andalucía’: “Me quedé en ella porque era hermosa/ y necesitaba alegría. Nunca/ se puede ocultar al corazón/ lo que han visto los ojos. Nunca/ la alegría al canto. Repetidamente/ fui viviendo en sus cosas y aprendí/ por los ríos, el amor; por un pájaro,/ el desvelo en la paz; por las nubes ligeras,/ la forma de evitarme algún recuerdo./ Todo estaba limpio por sus tierras./ Hasta los pobres, en vez de dolor,/ de una seguridad insuficiente hablaban./ Hasta los jornaleros, en vez de justicia,/ resignación decían. Era un modo/ de ahuyentar la tristeza. Se conformaban/ con lo que les venía desde arriba,/ y con un cante que nació en las raíces/ de su pena y fue extendiéndose a las ramas/ del mundo, como al amanecer la luz./ Cada día iba aprendiendo más: que el vivir/ no es un ave que pasa, sino un pozo/ que queda allí para el que necesite beber,/ que el llevar una tierra clavada en las entrañas/ vale más que haber pisado un continente entero,/ que morir por los brazos de una madre/ es la gran solución para santificarse./ Andalucía era limpia, y por eso/ al renacer en ella, al darme cuenta/ que no sólo de fiestas se trataba,/ defendí su ilusión de más de mil dolores,/ apoyé a la alegría cuando enmascaraba la tristeza,/ robé a todo lo hermoso cuanto pudo mi amor./ No. No era un vino o una guitarra la escena./ Era lo que quedaba dentro de cada uno oculto,/ la alegría, quizá, que le costaba sangre/ a aquellas tierras de secanos cuando/ un campesino alzaba como un Dios/ su ronquido total, su enorme queja,/ su gran desolación vestida de colores”.

Con sus poemas, Antonio Hernández (Arcos, 1943) bucea en su infancia, en las costumbres de su pueblo blanco -con poemas dedicados al Nazareno- y en las cosas vividas; poema a su hijo Miguel Hernández, a la tristeza, al parque, a una novia americana, a un juez, a su Cádiz marinero y vacacional, a la enfermedad o al testamento del poeta que no quiere ganarse el cielo sino por que vuele en paz su ceniza en el olvido.

En fin, háganse con un ejemplar de la colección’25 poemas’ con el que repasar nuevamente los versos de toda una vida, aquellos que han hecho grande a un arcense casi octogenario que se debate entre Arcos y Madrid, que encuentra en este su pueblo blanco esa memoria de la que nunca, nunca, se puede huir.

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