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Jueves 04/03/2021

El Loco de la salina

¡Qué frío, coño!

Estoy por no contarlo, porque para escribirlo tengo que sacar los deditos, y mis dátiles no están para pasar ese calvario.

Publicado: 24/01/2021 ·
20:13
· Actualizado: 24/01/2021 · 20:13
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Autor

Paco Melero

Licenciado en Filología Hispánica y con un punto de locura por la Lengua Latina y su evolución hasta nuestros días.

El Loco de la salina

"Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás" (Albert Einstein)

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No se pueden ustedes hacer una idea del frío que hemos pasado en el manicomio todos estos días, y lo que nos queda que pasar. Estoy por no contarlo, porque para escribirlo tengo que sacar los deditos, y mis dátiles no están para pasar ese calvario. Está el manicomio que es peor que la Siberia, aunque menos mal que aquí tenemos el frigorífico grande que nos da algo de calor cuando lo abrimos y nos ponemos frente a él como pidiéndole calorcito. Hasta el mismo director iba ayer por los pasillos con una manta echada por encima de los hombros bendiciendo al verano y cantando por Rocío Jurado “¡Ay, ay, qué no daría yo por empezar de nuevo!”

Y si fuera el frío solamente lo que nos tiene locos, vale, pero es que vivimos de disparate en disparate y se nos va a reventar el coco entre una cosa y otra. Los locos somos mucho de la tele y nos sentamos horas y horas viendo las cosas que nos aconsejan. Y entre las pamplinas que se les ocurren a los muñecos que allí salen y las que se nos ocurren a nosotros, cada vez estamos más desconcertados por la rebujina que se nos forma en la cabeza. Nos dicen una y otra vez que no salgamos de casa, por Dios, que ni aparezcamos por la calle, y yo me quedo alucinando. ¿Cómo voy a salir, si los vigilantes son de esta estatura y no están para bromas? ¿Cómo voy a salir, si tengo las piernas encogidas y el cerebro estancado? Me hubiera gustado ir a sentarme junto a la estatua de Camarón para la inauguración del museo, pero no veas la corriente que tiene que haber allí. Incluso iba a ir a los gitanos, porque las mantas de Paduana deben estar baratitas, pero cualquiera va por la Magdalena. Y ¿quién se pone en la barra de un bar, si han puesto unas tiras de pegatinas como las que pone la policía cuando hay un muerto por medio?

Después dicen que tengamos cuidado y que no nos vayamos a resfriar, porque eso tiene más peligro que Rambo cabreado corriendo por una calle de Madrid en pleno deshielo. Pero no han terminado de hablar, cuando don Simón sale con el pelo de aquella manera, como siempre, y empieza a repetir que por favor mantengamos las ventanas bien abiertas, que hay que airearlo todo. Más tarde añade que tengamos en cuenta que esos bichos llevan una corona, y vuelan a miles como los aviones, y son tan rápidos que van pegando vueltas por el aire con una mala leche impresionante hasta que aterrizan en cualquiera de nuestras ventanas. Cierro inmediatamente la mía para que no entre ni uno, y todavía estoy echando el pestillo, cuando entiendo que me dice, porque tiene la voz cortita, que de todas formas hay que mantener las habitaciones ventiladas y que lo mejor de todo es abrir de par en par las ventanas. Y venga frío y más frío. Y abro, y cierro y vuelvo a abrir…

Está claro que el frío no entiende de películas. Además, yo creía que, como ahora todo es virtual y la realidad no existe, el frío también lo era y que me iba a entrar calor de un momento a otro casi sin darme cuenta. Pero estoy comprobando que no hay cosa más real que un pedazo de frío como el que estamos pasando.

La verdad es que aquí estamos todos que mírame y no me toques, pero, anda, que ahí fuera no se quedan atrás. A ver si se aclaran de una vez.

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