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Jueves 26/11/2020

Jerez

"Siempre he dado el callo porque mi profesión ha sido fundamental en mi vida"

Conoció las linotipias y se adaptó a las redes sociales, comenzó como corrector y terminó presentando 500 programas de televisión. Con ustedes, Ángel Revaliente

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  • ?ngel Revaliente, en la jerezana plaza de las Angustias.

Plomo, tinta, linotipias, galeradas... fueron palabras comunes en su día a día cuando se inició en el mundo de la prensa como corrector de La Voz del Sur a inicios de los años 70, aunque su auténtica aspiración -su gran vocación, de hecho- era escribir crónicas deportivas y convertirse en periodista. Y así fue, y así ha sido durante más de cuatro décadas. La semana pasada se convertía en el primer periodista de este grupo, Publicaciones del Sur, en alcanzar la jubilación, y junto a él repasamos una trayectoria que es asimismo la de la propia ciudad de Jerez y la de la evolución del ejercicio periodístico en la prensa local, en el que pasó de teclear en una Olivetti a tuitear la última hora del Xerez CD, de aguardar cada domingo los resultados de la jornada en Telégrafos a presentar 500 programas de televisión durante los últimos siete años. En esta larga entrevista, casi un testimonio de vida, seguro, encontrarán muchas cosas en común, otras con las que coincidir y, también, con las que discrepar.  Pero, como nos enseñó Dickens, comencemos por el principio.

¿A dónde se remonta tu primer recuerdo de la infancia?

Lo primero que recuerdo es ver a mi padre llegar a casa por la noche con un periódico que se llamaba España de Tánger, donde escribía como corresponsal de Jerez Diego Campoy Miró y donde se hablaba de las cosas del fútbol de Jerez. Con cuatro o cinco años lo hojeaba, serían las diez de la noche, y luego me acostaba escuchando los minutos deportivos de Manuel Deportista en Radio Jerez, que empezaban justo después del parte de las diez. Eso sería entre 1959 y 1960. Ahí creo que fue cuando se despertó mi interés por el periodismo, de siempre quise ser periodista deportivo. Me gustaba al fútbol y jugaba de portero en la calle, con los vecinos de la calle Fontana, pero aquello no se me daba demasiado bien. Recuerdo que poníamos las porterías en medio de la calle y cuando venían los guardias teníamos que salir corriendo.

¿Por esa época ya te llevaban al fútbol?

Al fútbol empecé a ir con cuatro o cinco años. Siempre iba a Fondo Norte, en el estadio Domecq, y veíamos los partidos de pie, porque mi padre se ponía junto a la barra del bar. Recuerdo un partido en el que el Xerez le ganó doce a cero al Atlético Sanluqueño y que estaba lloviendo a mares, y allí estaba Ángel Revaliente. Después tuve la inmensa fortuna de ir con mi padre al campo del Calvario de Salamanca, en 1966, a ver una promoción de ascenso en la que allí perdimos 2-1 y aquí ganamos 3-1. Estuve también en el ascenso de Badajoz, también con mi padre, un día que fuimos seis mil jerezanos a acompañar al equipo…, y ya a partir de ahí empezó a entrarme de verdad el gusanillo del periodismo. Los siguientes ascensos ya los viví como periodista.

¿Cómo era ese Jerez de tu niñez al que te referías cuando hablabas de los partidos de fútbol sobre el empedrado de la calle Fontana?


Jerez era una gran pueblo, con idiosincrasia de pueblo y viviendo como un pueblo. Era un Jerez con estratos sociales muy diferenciados. Había gente con mucho dinero y gente con muy poco dinero, pero lo recuerdo como un Jerez muy feliz. En casa se comía huevos fritos con papas para almorzar y papas fritas con huevos para cenar; y sobre las seis de la tarde el cabero del pan con una onza de chocolate. Pero yo era muy feliz. Vivíamos en dos habitaciones. Llegaba del colegio, tirabas la maleta y te ibas a la calle a jugar, y en verano te podían dar las tres o las cuatro de la mañana jugando a la pelota, entre otras cosas porque dentro de la casa era casi imposible dormir. Pero había mucha solidaridad entre los vecinos, las puertas siempre estaban abiertas, la gente se ayudaba, se compraba fiado en los almacenes del barrio… Era una vida de mucha solidaridad y muy humilde, pero creo que la gente era mucho más sana que ahora aunque había de todo. A algunos de aquellos vecinos los veo ahora y los siento como hermanos, porque han compartido conmigo alegrías y penurias. Recuerdo cómo una vez mi madre se puso mala y las vecinas se quedaron allí toda la noche para acompañarla. Hoy a una vecina se la lleva la ambulancia y te enteras a los cuatro días.

Más allá de esas relaciones entre vecinos, ¿cómo era realmente la ciudad?

Desafortunadamente las mujeres no tenían en la sociedad el sitio que tienen ahora, era una sociedad mucho más machista, pero era una sociedad más alegre. Recuerdo aquellos mediodías eternos en los que la gente entraba en los bares a las dos de la tarde y le daban las seis tomando copas. Era un Jerez donde se bebía vino de Jerez. Los domingos era el día de salida. Todo el mundo se vestía muy bien y se iba a la calle Larga a pasearse, y el que podía se metía en La Venencia y se tomaba una tapita.

Te produce nostalgia recordar esa época…

Yo muchas veces digo que hubiera parado la vida en los años setenta. Como yo viví en aquella época no he vuelto a vivir después, lo que ocurre es que hay que adaptarse a las circunstancias y es lógico que la sociedad vaya progresando. Era un Jerez con mucho trabajo, donde sonaba la sirena de la bodega Domecq a las siete de la mañana y entraban 1.200 personas a trabajar. Sonaba la sirena de González Byass y entraban a trabajar otras tantas personas. Teníamos la mayor empresa de artes gráficas de España, que era Jerez Industrial; una fábrica de botellas trabajando las 24 horas del día, con tres turnos de ocho horas… Había dinero, nacían las nuevas barriadas y gracias a eso también trabajaba el carpintero, el albañil, el fontanero… Había mucho dinero y de hecho fue entonces cuando comenzó la expansión urbanística y demográfica de la ciudad. La gente de la Sierra venía aquí a trabajar porque aquí había trabajo. Ahora cuando veo que alguien se viene a vivir no sé por qué lo hacen, porque aquí desafortunadamente no hay trabajo, pero en aquellos tiempos salía un autobús diario de Chipiona para traer gente a trabajar a González Byass… Jerez le daba trabajo a toda la provincia.

Yo muchas veces digo que hubiera parado la vida en los años setenta. Como yo viví en aquella época no he vuelto a vivir después

Todo ese negocio del vino se vino abajo poco después... ¿Qué se ha hecho mal en esta ciudad?

Lo de Rumasa de 1983 fue mortal para esta ciudad, aunque tampoco era normal que Ruiz-Mateos absorbiera tanto volumen de negocio. A partir de ahí empezó un poco el declive de esta ciudad y luego no se promovió ningún plan de reindustrialización. Aquí llegó un momento en el que Pedro Pacheco apostó por otro modelo y dijo que en Jerez no iba a haber más chimeneas… Se vino abajo la industria vinatera, las artes gráficas… Aquí estaban las bodegas grandes, pero es que además teníamos doscientas pequeñas bodegas que generaban una actividad económica. Todo eso se ha perdido. Se debió reindustrializar Jerez, pero no se hizo. Un buen amigo mío, que es Antonio Conde, ha dicho siempre que esta zona debería pedir un plan de reindustrialización, y coincido con él, porque todo ese hueco no se ha llenado. Aquí se pensó que era posible vivir del ocio y de la construcción.

Tampoco se han abierto otras vías…

Es que tampoco tenemos un tejido grande a nivel de funcionariado, que se ha concentrado en Cádiz. No se hizo una apuesta clara por el mundo educativo, porque al final lo que tenemos en Jerez es un ‘minicampus’ cuando siempre se había reivindicado una Universidad de Jerez, teniendo como tiene esta ciudad tejido social, económico y demográfico para sostenerla. Podíamos haber tenido una universidad privada, como Murcia tiene la UCAM por ejemplo, pero cuando tuvimos algo parecido impulsado por la Caja se fue al garete.

La pérdida de la Caja de Ahorros de Jerez tampoco se ha cubierto…

Esa pérdida fue fundamental y decisiva, porque la Caja era el motor económico que movía a esta ciudad. Todo el mundo acudía a la Caja para pedir dinero y la Caja era además quien dinamizaba la vida social y cultural. Quizá esa pérdida haya que ponerla también en el debe de los políticos, porque cuando las cajas de ahorro se politizaron fue cuando perdieron esa obra social y cultural que sostenía a las ciudades.

¿Qué personas han tenido una influencia en tu vida? ¿Quiénes te marcaron conforme fuiste creciendo?

De entrada mis padres. Tuve una madre que se me fue demasiado pronto pero que quería a su hijo como pocas madres pueden querer a un hijo. Luego he tenido a un padre más serio que llevó a Revaliente hasta donde se quiso dejar llevar. Además de mis padres tengo que recordar a Alejandro Daroca, que fue mi director en La Voz del Sur y quien me dio la oportunidad de escribir en el periódico y dedicarme a esta profesión. De hecho todavía hoy tengo contacto con su hija Mercedes, que siempre me ha mostrado su aprecio. La Voz del Sur era una familia, pero fundamentalmente el eje de aquello era Alejandro Daroca. Después no hay demasiadas personas que me hayan marcado, porque he hecho mi vida a mi modo y a mi manera, con muchas equivocaciones y algunos aciertos. He vivido la vida que me ha salido del alma. A partir de ahí tengo que reconocer que estoy aquí gracias a mi mujer, que en un momento de mi vida me supo soportar y enderezar. Luego están mis hijos, a los que quiero con locura, pero Revaliente se ha hecho a sí mismo, para lo bueno y para lo malo.

¿Te arrepientes de algo? ¿Cambiarías algo de tu vida?

El pasado no se puede cambiar por mucho que se quiera, porque siempre somos esclavos de ese pasado. Podría haber estado más en contacto con mi mujer y con mis hijos en una etapa de mi vida, podría haber vivido el crecimiento de mis hijos de otra manera…, pero no me arrepiento, porque entonces se vivía de una forma diferente. Pero tengo que decir una cosa, y es que a pesar de aquella forma de vivir jamás falté un día a trabajar, en ningún sitio. Siempre he dado el callo porque mi profesión ha sido fundamental en mi vida. En mi fuero interno sí me arrepiento de algunas cosas que he hecho, pero lo que tengo claro es que nunca jamás le hice daño a nadie, y si se lo hice fue sin querer. El pasado está ahí para lo bueno y lo malo. Me podría arrepentir por ejemplo de haber empezado a trabajar con 17 años, porque no tuve juventud, pero las vivencias que tuve entonces no las podían tener otros niños. Perdí todas mis amistades de infancia, porque mis compañeros siguieron estudiando y yo estaba trabajando ya hasta las cuatro de la mañana, pero no me arrepiento.

Empiezas a trabajar en La Voz del Sur a principios de los setenta, en un medio que pertenecía a la denominada Prensa del Movimiento y en el periodo final de una larga dictadura. ¿Cómo se vivían todas esas circunstancias en la redacción de un periódico local?

Me incorporé el 1 de septiembre de 1972. Estaba colaborando. Recuerdo que el primer artículo que escribí llevaba como titular ‘La cantera también cuenta’. Escribía en mi casa, llevaba los artículos por la tarde y por la mañana buscaba el periódico a ver si me habían publicado. Empecé desde abajo, desde el taller, como corrector de prueba. Entraba a las diez de la noche y salía a las cuatro de la mañana. Aquello era un taller artesanal en el que trabajaban alrededor de 30 personas. Y el ambiente era el que he contado de aquella época. Subías a la redacción y te encontrabas a Antonio Arias con una copa de ponche sobre la mesa; con Manolo Liaño en verano vestido con traje blanco y camisa rosa, que parecía un dandy; con Falcón de redactor jefe; con Juan Contreras; Julio de Vega Chacón, que era un antiguo militar y al que he visto con la pistola sobre su mesa…; y en el taller había un ambiente de gente sana y trabajadora que cuando terminaba la faena a las cuatro de la mañana te acompañaba a casa pero después de haberte metido dos medias botellas entre pecho y espalda escuchando al Juanata o a quien fuera en la peña Los Cernícalos, y Antonio Benítez Manosalva te ponía un puchero o una berza a las cinco de la mañana… Era una vida totalmente distinta a la de hoy, en la que salías de trabajar a las cuatro de la mañana, llegabas a casa a las ocho, te levantabas a las doce y te ibas a La Cruz Blanca, que era como el café Gijón de Madrid… Allí paraban futbolistas, pintores, artistas… Era el Jerez de entonces. Los coches en la plaza de la Yerba uno encima del otro, las copas de vino encima de los coches, e incluso alguno que otro llegaba hasta allí desde el campo con el caballo. Eso se cuenta ahora y parece que han pasado cuatro siglos, pero así era Jerez en los años setenta.

Has dibujado el contexto social, pero cómo se vivía el Régimen dentro de la redacción en lo que al trabajo en sí se refiere. ¿La situación política condicionaba vuestro trabajo, teniendo en cuenta que el periódico pertenecía a la Prensa del Movimiento?

Mi primera nómina, que es de ese mes de septiembre de 1972, pone Falange Española de las JONS… , pero por lo demás aquella situación no nos afectaba absolutamente para nada. Más lo noté cuando años después llegó el PSOE al Gobierno, cuando el periódico pertenecía ya a los Medios de Comunicación Social del Estado. Entonces sí se percibía porque el director recibía órdenes concretas y diarias. La idea era que había que machacar a Pacheco, que ya era alcalde, y se machacó. Siendo Prensa del Movimiento no ocurría aquello, se trabajaba un poco al margen de ese contexto político. Sí es cierto que se hacía un periódico que no tenía nada que ver con lo que se hace ahora. Se hacían entrevistas a la gente de la calle, la noticia entonces era la gente de la calle y no tanto la política. Lo único que se percibía era que la información del Consejo de Ministros tenía que ocupar siempre la portada. Para lo demás teníamos libertad. Nunca me echaron para atrás nada de lo que escribí, aunque uno era consciente de que no se podían escribir cosas raras porque había una dictadura, no había partidos políticos…

Te has referido a los últimos años del franquismo y a la llegada del PSOE al Gobierno, pero qué ocurrió en los años de la UCD. ¿Cómo se vivió la transición en el periódico?

El partido político más torpe con diferencia que ha existido en España ha sido la UCD, porque tenía unos periódicos a su cargo y no les echó ni cuenta. No se recibía ninguna orden y de hecho no hubo cambios, porque Alejandro Daroca siguió como director. Ya se empezó a hablar de que el Estado no podía tener periódicos a su cargo, pero aquello se vivió con mucha tranquilidad en Jerez. Aquí tampoco se notó demasiado. En Madrid y otros sitios sí debió notarse, pero aquí no hubo grandes sobresaltos. Cómo sería entonces el periodismo que en 1979 salió Pedro Pacheco como alcalde y fue él quien se presentó en el periódico a las nueve de la noche para presentarse al director. Las relaciones con Pacheco fueron fenomenales en aquellos años, porque desde el 79 al 83 fueron los mejores años a nivel de Gobierno municipal, porque todo el mundo trabajaba para todo el mundo. A partir de 1983 aquello cambió porque se empezó a profesionalizar la política. Entre 1979 y 1983 los concejales seguían igual que en la etapa anterior de la dictadura, salvo Pacheco que era el alcalde el resto continuaba en sus trabajos. Recuerdo haber entrevistado al entonces delegado de Fiestas, Pepe Gutiérrez Murillo, en su trabajo de Viajes Concordia, que estaba en la calle Corredera…

Cómo sería entonces el periodismo que en 1979 salió Pedro Pacheco como alcalde y fue él quien se presentó en el periódico a las nueve de la noche para presentarse al director

¿Cómo era la relación con Pacheco como alcalde esos primeros años hasta que se profesionalizó la política?

Recuerdo que en el 83 había elecciones nacionales y se vivían allí en el Ayuntamiento. Pacheco no se metía con nosotros. La publicidad que se movía no era publicidad institucional, sino publicidad de partido. Ese año hubo una guerra total entre el periódico y Pacheco porque Benigno Cid, un madrileño que fue el director que sustituyó a Daroca y vino a cerrar La Voz del Sur, se puso en contra de Pacheco. La campaña electoral de Pacheco era “Usted ya sabe”, o “Tú ya sabe” y me llamaba y me decía vete por ahí y busca si hay alguna pocetilla mal o algo y hazle una foto. Cogíamos esa foto y le poníamos “Pacheco, tú ya sabes” para meternos con él. Aquello fue lamentable, pero los primeros años con Pacheco fueron muy bien. Tampoco en aquel entonces el periodismo hablaba de política, hoy en día la gran diferencia del periodismo es que se ha echado en manos de la política. Nosotros hacíamos un periodismo de la gente de la calle, la política pasaba a un segundo plano. No nos interesábamos ni por el PSOE, ni por IU que estaba en  el poder, ni por UCD. Seguíamos nuestra ruta y santas pascuas, no se hablaba absolutamente nada de política. La política municipal pasaba a un segundo término o a un tercer término. El periódico hacía campañas y hubo una para poner un monumento a Pedro Domecq Lustau, que al final no se hizo. Si a nivel de fútbol el Xerez necesitaba dinero, el periódico se ponía al frente para hacer una campaña para recaudar fondos para el Xerez Club Deportivo. Era otro periodismo totalmente diferente.

¿Cómo has vivido tú la evolución del periodismo en Jerez desde los 70 hasta ahora? Porque has estado en todos los procesos de transformación de la prensa a nivel local

Hombre, mira, la prensa y el periodismo han sido una evolución lógica de la sociedad. El otro día lo conté en la televisión, lo que pasa es que con tantas emociones no lo dije. El 30 de marzo de 1984 cierra La Voz del Sur y nos quedamos allí para llevarnos el último periódico calentito de la rotativa a casa. Llegué a mi casa a las siete o las ocho de la mañana llorando como un niño chico. Cuando mi mujer me vio, me dijo: ¿Te has puesto morado y te ha dado por llorar?, y le contesté: no me he tomado ni una copa de vino, ni una mala cerveza en toda la noche. Entonces, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras? Me preguntó mi mujer, porque nosotros nos íbamos transferidos al Estado, unos a la Junta de Andalucía y otros al Gobierno central. Y se lo dije: Sole, lloro porque esta vida que hemos tenido de aquí para atrás no volverá.

Cuando cerró La Voz del Sur se lo dije: Sole, lloro porque esta vida que hemos tenido de aquí para atrás no volverá.

Y no te equivocabas

No volvió esa vida, porque la sociedad iba avanzando. En aquella sociedad -lo he contado mil veces- la gente te regalaba de todo. En La Voz del Sur nosotros éramos los dueños de la sociedad: había una conferencia en la Academia de San Dionisio y si no estaba el periodista y el fotógrafo de La Voz del Sur no se empezaba. El periódico tenía una fuerza tremenda. A mí aquí había una empresa de Jerez que llegaba la Navidad y me daba un talón de 25 o 30.000pesetas de los años 70 para gastar en esa empresa para productos para tu casa. Las bodegas te regalaban yo qué sé la cantidad de vino. Yo le regalaba vino a todo el mundo porque en mi casa no me cabían. Llegaba cualquier artista aquí en Jerez como Los Pecos, Lolita, Isabel Pantoja… y me llamaba Carlos Vergara -que ha sido uno de los mejores periodistas y sobre todo el mejor radiofonista que ha dado esta ciudad, lástima que se fuera excesivamente joven-, y me decía ponte guapo y vente para la bodega Domecq, que va a estar allí Lolita. Llegaba Lolita y la bodega Domecq nos daba un condumio espectacular. Hacía la entrevista, luego nos íbamos a cerrar la entrevista a Lolita a comer al Gaitán y después nos poníamos música gregoriana para despedir la jornada y me iba al periódico a escribir la entrevista de los artistas que venían aquí. Entonces era otra historia. Me preguntabas por la evolución…pues aunque esa sociedad se fue al garete, esa evolución del periodismo la viví yo de forma distinta, porque en el 84 me incorporé a la Junta de Andalucía, al primer gabinete de prensa. Yo viví el nacimiento de la Junta de Andalucía aquí en la provincia de Cádiz. Me acuerdo de que en Las Angustias había una Subdelegación de Cultura, que ya despareció, y se hizo una rueda de prensa a la que vino José Luis Blanco, delegado de Gobernación, para decir lo que la Junta de Andalucía podría hacer en Andalucía y cuáles eran las competencias

¿Cómo fue pasarse a ese lado del periodismo?

Aquello fue también apasionante, el conocer otro mundo. Lo que pasa es que a mí aquel mundo no me gustaba. A mí el mundo que me gustaba era el de la información y pronto me llamó Antonio Castro y me metí de corresponsal deportivo de ABC, donde estuve desde el año 88 al año 94, en el que me llamó Piosa. Yo me adapté a las circunstancias, al final tú te adaptas a las circunstancias. El Diario de Jerez era entonces el único periódico que había, y era un periódico que tampoco miraba tanto en aquel entonces a la política. Yo eché en falta lo anterior porque fue mucho lo vivido, mucho y muy bueno, pero me adapté muy bien a estas circunstancias, y la transición en el periódico, hombre, me acuerdo cuando nació El Guadalete, que parecía que era como un agua fresca que llegaba y, bueno, se hizo un periódico, vino gente de fuera y demás, pero fue un mal proyecto.  Después ya viví esa transición con el Información, lo que pasa es que en el Información ya se mirara más lo político, pero la verdad es que yo aquí también me he encontrado a gusto porque al final es lo que te decía al principio: yo siempre he hecho aquí lo que me ha dado la gana. Llegué con Alejandro Ramírez, hice mi compartimento estanco con el deporte. Yo escribía mi deporte y lo que hacían los demás no me importaba ni mucho ni poco. Después con Manu Garro como director, fenomenal, y contigo (por Abraham Ceballos), igual. Para mí no fue traumático ese paso. Yo sé que para otros compañeros sí, porque había que adaptarse a las nuevas tecnologías. Date cuenta que yo escribía en la Olivetti y santas pascuas, y ahora tú entregas la página hecha con la publicidad metida y demás. Yo creo que el ser humano tiene un poder de adaptación grande y aquí en Jerez la transición fue muy tranquila.

Has hablado muchas veces de deporte, pero no hemos profundizado. ¿Qué ha pasado en Jerez  en los últimos años? ¿Cómo ha sido la evolución?

Aquí al deporte de Jerez le ha pasado lo que le ha pasado a muchas cosas de Jerez. En el fútbol de Jerez estaba el Xerez Club Deportivo y el Jerez Industrial. El Industrial era un equipo que estaba de alguna manera sostenido por Antonio Salido Páez, el dueño de la empresa Jerez Industrial, y el Xerez Club Deportivo era un club de sus socios, eso que se dice ahora tan moderno. Yo he visto a mi padre sacarse 1.000 pesetas, que a lo mejor era las únicas 1.000 pesetas que tenía para llevar a mi casa, y ponerlas en lo alto de la mesa  para que se pudiera pagar a los jugadores del Xerez Club Deportivo en las asambleas del club que se celebraban en el salón de actos del edificio donde están ahora los sindicatos de la Plaza del Arenal. En Jerez nunca se ha apostado por el fútbol, el fútbol siempre ha sido de las clases más modestas; las clases pudientes nunca han apostado por el fútbol, y eso se ha notado. Siempre se ha dicho que si por cada tapón que se hubiera vendido de vino se hubiera dado una peseta el Xerez podría haber sido La Lazio, La Roma o El Inter de Milán, y sin embargo nunca fue así, nunca ha habido una colaboración. Rumasa sí colaboró en parte, pero lo que hacía era pagar nóminas, quitar hambre nada más, no apoyar decididamente el fútbol. Y después el fútbol se politizó cuando echaron a Pepe Gutiérrez Murillo de presidente, quizás uno de los mejore presidentes que ha habido en el fútbol de Jerez. Cuando lo echaron cogió las riendas el Ayuntamiento. Es cierto que el Ayuntamiento a principio de los 90 evitó que el Xerez Club Deportivo desapareciera, y lo hizo S.A. Deportiva, pero después lo gestionó mal porque ya no le interesaba. Ascendió el equipo a Segunda División, hizo una gestión nefasta en la temporada 97-98, y le entregó el club en bandeja a Luis Oliver, yo creo que sabiendo todo el mundo quién era Luis Oliver. A partir de ahí, curiosamente, empezó la mejor época deportiva que ha habido aquí en el fútbol de Jerez, pero la peor época económica hasta a llegar el Xerez a los límites económicos a los que se llegó. Después cuando llegó el año 2013, hasta entonces el tema deportivo siempre había solapado el tema económico, y llegó la gran crisis con el descenso del equipo a Segunda B. Joaquín Morales se vengó de la afición del Xerez, que le había tratado muy mal, y le dio el equipo a Ricardo, y la afición no tuvo paciencia o no quiso y se escindió en dos.

Si por cada tapón que se hubiera vendido de vino se hubiera dado una peseta el Xerez podría haber sido La Lazio, La Roma o El Inter de Milán

Y llegamos a la situación actual, que tampoco es fácil

Yo creo que ahora actualmente el fútbol de Jerez pasa por un momento muy complicado, porque ahora mismo no es ese corte de afición entre xerecista e industrialista como aquel entonces, que aquello podría ser como Jerez-Betis. Ahora es mucho peor, porque son gente nacida de una misma pasión, como se dice, pero que son enemigos acérrimos. El fútbol de Jerez es complicado, a no ser que uno de los dos equipos ascienda de categoría y sea capaz de estar ahí arriba y de que el otro equipo no ascienda. Con el Xerez Club Deportivo y el Jerez Industrial, yo viví esto de una forma totalmente distinta. Se hizo la Segunda División B y el Xerez Club Deportivo se quedó solo en Segunda B porque el Industrial fue incapaz de dar el salto de categoría. De  hecho, en el Jerez Industrial son unos héroes manteniendo a este club con vida. Lo mantienen unas 200 o 300 personas, no más, cuando el Jerez Industrial  ha llenado el Estadio Domecq. Yo he visto el campo del Jerez Industrial abarrotado en los partidos contra El Logroñés de ascenso contra el Sevilla en Segunda División.

Más allá del tema del Xerez. ¿Qué le ha pasado al deporte en Jerez?

Al deporte de Jerez le ha pasado lo mismo que le ha pasado a las asociaciones de vecinos, a muchos otros sectores de la sociedad, aquí Pacheco implantó el paternalismo. Pacheco fue muy listo e hizo lo que hacían antiguamente los grandes caciques de Jerez. Eso era el paternalismo. Tú llegabas y le decías a un Domecq  mire usted, que mi novio está parado, y él te decía, no te preocupes mándalo mañana a trabajar a la bodega. Pacheco hizo eso y se hizo cargo del deporte. Lo que ha pasado es que el deporte de Jerez no ha crecido de modo natural, ha crecido por el dinero del Ayuntamiento de Jerez. El baloncesto lo patrocinaba el Ayuntamiento de Jerez, el fútbol sala…el Ayuntamiento era el que le pagaba a los clubs. Eso es lo que le ha pasado al deporte. Tuvimos el mejor equipo de atletismo de la historia, el Chapín Atletismo Jerez, el mejor equipo de España, y uno de los mejore de Europa, ¿quién lo pagaba? El Ayuntamiento. Aquí la gente se acostumbró a que el deporte lo pagara el Ayuntamiento,  entonces nadie se preocupó de buscar nada, entre otras cosas porque tú ibas a buscar publicidad y te daban el no, porque ya le habían dado publicidad al Ayuntamiento. Cuando el Ayuntamiento ya no pudo pagar ese deporte, pues el deporte se fue al garete. Ahora sigue existiendo el deporte de base, pero el deporte profesional ha desaparecido de Jerez. Jerez ya no está en el panorama del deporte nacional. Jerez ya no es esa ciudad del deporte que se nos vendió. En Jerez incluso ha desaparecido el deporte del caballo. El concurso de saltos atraía mucho en la época de Luis Astolfi y Muñoz Escassi. Aquí venían los mejores jinetes del mundo y todo eso ha desaparecido aunque el concurso de doma siga existiendo. En la Feria del Caballo se gastaban un dineral en las competiciones hípicas, cosa que ya no existe. Y eso es lo que ha pasado, el paternalismo es lo que ha acabado con el deporte de Jerez.

Ahora mismo podría decirse el circuito es el que  mantiene el nombre de Jerez en el mundo en el ámbito deportivo, ¿qué recuerdas del proceso que lo hizo realidad y qué opinas del papel que juega hoy en día en la ciudad?

El Circuito de Jerez no es sino la conversión o el fin de lo que aquí se ha vivido en Jerez. Al Circuito de Jerez se le puso el nombre de Ángel Nieto, que a mí me parece muy bien, pero yo creo se le tendría que haber llamado desde el principio Circuito Francisco Pacheco, el presidente del motoclub jerezano, porque fue él el que trajo las motos a Jerez. En Jerez hay afición a las motos desde que yo nací. La afición a las motos empezó en La Constancia, donde falleció ‘Peluqui’, al que llegué a conocer. Murió además frente a la casa de mi suegra. Allí se hizo el circuito urbano de Jerez. La gente decía que Pacheco se llevaba el dinero, ¿qué dinero se iba a llevar con lo que costaba montar y traer el Premio de la Merced? Aquello era tremendo, un trabajo enorme. Lo del dinero era porque el Hotel Ávila, que era suyo, era al que iban los motoristas. Luego las carreras se fueron a El Portal, pero ya la gente se colaba y entonces Paco Pacheco fue el que le propuso a Pacheco que había que hacer un circuito porque las carreras urbanas estaban desapareciendo de Jerez. Era imposible ya poder mantenerlas porque Jerez fue agrandándose y ya era complicado mantener las carreras urbanas. Pacheco lo vio, lo entendió y ha hecho un circuito que ahora mismo es el reclamo de Jerez realmente.

Al Circuito de Jerez se le puso el nombre de Ángel Nieto, que a mí me parece muy bien, pero yo creo se le tendría que haber llamado desde el principio Circuito Francisco Pacheco

Al final todo viene de antes…

 Claro que todo viene de antes, de los años 50 o 60. Igual que la afición por el fútbol, ahora hay un equipo de baloncesto. En aquel entonces se hizo un equipo que era el Xerez Club Deportivo Espléndido. Nació en los años 70, a la par que el actual Unicaja, que era el Caja de Ronda; lo que pasa es que aquí en Jerez aquello se murió y el Caja de Ronda siguió hacia adelante y mira dónde está ahora, jugando en la ACB y siendo uno de los principales equipos europeos. Y menos mal que estaba Paco Pacheco que vio esa iniciativa, porque aquí en Jerez se ha perdido todo: se hizo el primer trofeo de fútbol en España, que fue el Trofeo de la Vendimia, y se perdió;  la primera corrida del Concurso de Ganadería fue en Jerez de la Frontera, y se perdió;  la primera corrida del arte del toreo fue en Jerez, y se perdió; la primera corrida del arte del rejoneo también fue en Jerez, y la han copiado. Menos mal que no han copiado todavía las zambombas. De hecho, incluso hasta la propia identidad cultural flamenca de Jerez se la han llevado muchas veces fuera porque no hemos sabido preservar lo nuestro.

 Estos días has recordado que llegado un momento tuviste que reinventarte como periodista, y lo hiciste creando la primera sección sobre flamenco en la prensa local. Ahora se han cumplido 10 años de la declaración del flamenco como Patrimonio de la Humanidad. ¿Eso se ha rentabilizado?

No, no, en Jerez no se ha hecho nada, en Jerez podría haber habido una cultura del flamenco, una industria del flamenco que no la hay. Aquí en Jerez se tendría que haber ido a los colegios, se tendría que haber hecho un circuito de peñas y tener las peñas abiertas para que la gente vaya a escuchar flamenco. Aquí no se ha hecho nada. Las peñas están demandando subvenciones porque el flamenco gusta mucho en Jerez y las peñas las mantienen los ocho, los 20 o los 30 socios que tengan cada una, que ponen su dinero para poder llevar actuaciones y regatearle dinero al artista, no porque se haya dedicado nadie a decir esto hay que potenciarlo. Por el flamenco no se ha hecho absolutamente nada, lo que se hace siempre son cosas de cara a la galería, y es cierto que este Ayuntamiento, de alguna manera, está moviendo el mercado flamenco. Paco Camas en ese sentido se está moviendo bien, lo que pasa es que habría que llegar a un acuerdo con la Junta de Andalucía. El flamenco hay que llevarlo al colegio, es nuestra cultura, si no defendemos nuestra cultura, ¿quién la va a defender? Ahora mismo acaban de quitar un programa de flamenco. Aquí en Jerez en ninguna emisora de radio de jerez hay un programa de flamenco, ¿y Jerez es capital cultural del flamenco? El flamenco lo mantenemos aquí con Claudia Moneo u otras cadenas televisión que pueden tener algún otro programa, pero emisoras de radio, nada, cuando hemos tenido los mejores programas de radio que han podido haber en España. Flamenco a la una de Radio Popular de Pepe Marín se escuchaba en Andalucía entero, el programa de las tres de la tarde de Antonio Núñez Romero en Radio Jerez lo escuchaba todo el mundo, por la noche se escuchaba en Radio Nacional el Cuarto de los Cabales de Manolo Ríos Ruiz, Premio Nacional de Literatura Jerezana. Aquí hemos tenido la Cátedra de Flamencología, que se está muriendo, cuando la cátedra tiene una hemeroteca vastísima, es historia viva de la ciudad y no se puede morir. Ahora están intentándola recuperar entre algunas personas particulares, pero tendrá que entrar la Administración para ver cómo se puede mantener.

Entonces hace falta hablar menos y hacer más por el flamenco

Es que se nos llena la boca de hablar del flamenco pero luego….Me acuerdo hace 12 años o 13 años, los que tiene el Viva Jerez, y vino José Mercé con Moraíto a la guitarra, que en paz descanse, para actuar en la presentación del Viva Jerez. Cuando me despedí de él me dijo: A ver cuándo abre otro periódico para que yo pueda trabajar aquí en Jerez. Esto es lamentable y estamos hablando de una primerísima figura del cante que tenemos aquí en Jerez, como tenemos a Los Sordera o a La Macanita. Aquí habría que tener un Museo del Flamenco, aquí hemos tenido lo mejor del flamenco. Juan Moneo El Torta es pa partirse la camisa, Luis de la Pica ha sido un cantaor que sin tener apenas grabaciones ha sido inigualable. Aquí hemos tenido a Manuel Torres, a don Antonio Chacón, a Chocolate, a Fernando Terremoto, a Agujetas. No tenemos ni un mísero monumento a Manuel de los Santos. Eso es increíble. Ahí es donde tenemos que tirar, que el flamenco y que los personajes del flamenco son los auténticos personajes. En Cádiz desgraciadamente ha fallecido gente del mundo del carnaval, y lo que se les ha hecho a esas personas no hemos sido capaces de dárselo aquí en Jerez a nuestros artistas flamencos. Aquí en Jerez no se sabe reconocer el valor que tiene el flamenco, que es nuestra cultura, nuestro sentimiento, es nuestra forma de vivir, porque en Jerez se hacía el flamenco. Tenemos barrios como Santiago, San Miguel donde tú tendrías que ir y vivir el flamenco y notarlo, y no se nota nada. Hay que revitalizar esos barrios hay que darle una enjundia al flamenco. El flamenco es nuestra vida.

En Cádiz desgraciadamente ha fallecido gente del mundo del carnaval, y lo que se les ha hecho a esas personas no hemos sido capaces de dárselo aquí en Jerez a nuestros artistas flamencos.

Hay muchas connotaciones negativas dentro de tu repaso sobre la situación de Jerez, ¿acaso nos hemos convertido en una sociedad derrotista?

El jerezano es derrotista de por sí, y Jerez una ciudad derrotista. Lo que pasa es que cuando has vivido en otra época, ves que esto hay que levantarlo, y no va a ser fácil, por mucho que el Ayuntamiento intente revitalizar la ciudad, porque ha habido muchos años en los que Jerez ha permanecido adormecida. Por eso digo que la Caja de Ahorros fue fundamental en su momento. Ellos fueron los que revitalizaron las zambombas al editar cada año los discos de Así canta nuestra tierra en Navidad, así como Radio Popular también había realizado una labor tremenda al respecto y por las cosas de Jerez. Lo que ocurre es que en Jerez hay que cuidar también nuestros barrios. Tú te paseas por San Mateo y cómo le dices a la gente que esto es el barrio antiguo de Jerez. ¿Tiene la culpa el actual gobierno? No, es la dejadez de muchos años. Cuando nace La Asunción, la gente que vivía en el barrio de Santiago se van allí desde las casas de vecinos. De hecho, yo creo que la Asunción es el tercer barrio más gitano de Jerez; hay más flamencos allí que en Santiago en este momento. ¿Qué pasó? Se dejaron morir aquellas casas de vecinos. Calle Nueva es una calle emblemática y está llena de okupas. En su momento hubo que haber intentado que la gente que vivía allí volviese, o que sus hijos volviesen, porque sería volver a sus raíces. Lo mismo se puede decir de San Miguel. Yo entrevisté a Ángel Romero Castellano y me dijo que cuando llegó al barrio vivían 18.000 personas, y en la actualidad quedan unas dos mil. Eso quiere decir que al barrio le falta vida, y eso es muy complicado revitalizarlo. Tenemos por ejemplo el edificio de la antigua comisaría, que es un edificio emblemático de Jerez y todavía no se sabe qué es lo que se va a hacer con él. O qué va a pasar con el edificio de Pemartín cuando se abra el Museo del Flamenco. ¿Se quedará también muerto? Hubo un momento en que nos pusimos a ensanchar Jerez, cuando a lo mejor hubo que haber apostado por otro tipo de ciudad más recogida. Nos hemos desentendido de los barrios. Hay gente apostando por recuperar esos barrios, como el Bar Jindama en Santiago, pero lo que hace falta es que la gente de Santiago vuelva a su barrio.

Hablas de derrotismo desde el presente, pero recuerdo que ya en tu último artículo en La Voz del Sur -"Este pueblo no vale un duro", apostilla el propio Revaliente-, en 1984, aparecen muchas cosas que sigues repitiendo hoy día, como si ese derrotismo del jerezano lleve presente pero desde mucho tiempo atrás.

Aquel artículo fue diferente, porque hacía alusión a que teníamos un periódico jerezano que había luchado muchísimo por la ciudad y a ningún empresario jerezano le dio por comprar aquel periódico. A mí me dolió porque aquello era mi vida y en cierto sentido me la estaban robando. Pero no es que yo quiera insistir en hablar desde el punto de vista derrotista, sino desde el que considera que queda por hacer mucho más en Jerez. Yo hablo así porque me duele Jerez, y yo quiero un Jerez en el que yo me vea reflejado en él. En Jerez se han hecho horrores. Antes ibas andando por las calles de Jerez y olía a vino y a vinagre, vivías la esencia. ¿Dónde están ahora las bodegas? Quitamos las bodegas para poner pisos. Tú entrabas por la calle Guadalete y estaba la bodega Garvey, Valdespino, Agustín Blázquez... Los cascos de bodega se tenían que haber dejado y convertirlos en museos si no había bodegas, pero se hizo todo por el ladrillo. Sales del centro de Jerez y es precioso, es divino, pero al final te quedas con el centro y ahí se ha perdido la esencia. Esa es la clave, Jerez ha perdido su esencia.

Yo hablo así porque me duele Jerez, y yo quiero un Jerez en el que yo me vea reflejado en él. En Jerez se han hecho horrores

En el fondo eres un romántico del Jerez de los años 70.

Soy un romántico del Jerez de entonces, del Jerez de las bodegas, de la gente que iba a la plaza, de ese Jerez lleno de gente.

Hay una frase que has repetido mucho en los últimos años en la redacción, sobre todo a raíz de la crisis de 2008: "Con lo que era Jerez...". Ahora habría que parafrasear a Vargas Llosa y preguntarte, ¿en qué momento se jodió el Perú?, o sea, Jerez.

Entre los 80 y los 90 que es cuando empezó a perderse el tejido industrial y bodeguero de Jerez, caso del cierre de Artes Gráficas, que no solo tenía Jerez Industrial, tenía también Sucre, multitud de empresas repartidas por todo Jerez. La fábrica de botellas era un gran impulso económico para Jerez, las bodegas igualmente. Cuando se ha perdido eso, Jerez empezó a decrecer. Aquí lo que pasó es que vivimos en una burbuja. Ibas a una obra y te encontrabas a los albañiles con sus audi y sus mercedes, y me parece muy bien, pero eso provocó otro problema. Los chavales con 16 y 17 años se quitaban de estudiar para trabajar a la obra y al final te quedas sin estudios, sin nada y en paro, de ahí las cifras de 30.000 parados que tenemos ahora. De los 80 a los 90 no se supo reindustrializar Jerez. Había que haber traído industria para que la gente trabajara. A Jerez lo que le falta es economía.

Lo mismo se puede decir del periodismo. Tú siempre has dicho que el periodismo de antes no tiene nada que ver con el de ahora.

Antes era un periodismo de calle, directo, que no estaba en manos de los partidos políticos.

Sin embargo, a la gente le siguen interesando más las noticias de la calle.

Pero no se las damos los periódicos, desgraciadamente. El periodista se ha adaptado a la sociedad. Antes no tenía hora. Vivías por y para tu profesión las 24 horas del día. Antes el periodista era un artesano de esto. Cada domingo iba con Juanito Carreño a Telégrafo a recoger las crónicas de los partidos, que llegaban por télex, y nos tomábamos unas tapas en el Colmao, que también ha desaparecido, y después nos íbamos a las 11 de la noche al periódico. No mirabas el reloj. Ahora el periodismo se ha adaptado a la sociedad. Son sociedades distintas.

¿Cuál es la noticia que te hubiera gustado dar antes de jubilarte?

En Jerez hay cero parados. Desgraciadamente creo que esa noticia no la va a dar nadie. Jerez con ocio y con turismo exclusivamente es muy difícil que salga hacia adelante.

¿Cómo has vivido el fenómeno de las redes sociales por su influencia en el periodismo?

Yo creo que el tema de las redes sociales ha cogido a los editores de prensa con el paso cambiado, porque no lo han visto venir. Hoy en día hay una noticia y cualquier persona la coge, la pone en Twitter y es noticia, y al día siguiente cuando la ves en el periódico ya han pasado 24 horas. Además, en ese afán por copar las redes sociales, han compartido las noticias con anticipación para ser los primeros en darlas y ofreciéndolas gratis. Ahora que se quiere cobrar de nuevo por acceder a las noticias se han dado cuenta de que es muy difícil hacer que la gente vuelva a pagar por su información. El papel, afortunadamente, está durando más tiempo del que yo creía. Ojalá exista muchos años más. Pero creo que quedarán reducidos a dominicales de opinión y periodismo de investigación, aunque en el caso de los periódicos locales confío en que sigan existiendo y que no tengan que depender de las instituciones, para hacer ese tipo de periódico que necesitan las ciudades, de acercamiento al pueblo, de la entrevista al que ha abierto un supermercado en la barriada y se la está jugando.

El papel, afortunadamente, está durando más tiempo del que yo creía. Ojalá exista muchos años más

Se ha comentado que con tu jubilación se cierra el capítulo de una generación de periodistas jerezanos muy notable, ¿qué destacarías de esa generación de la que has formado parte?

De esa generación destacaría la forma de ser y la personalidad arrolladora como Alejandro Daroca, la perspectiva de presente y de futuro que tenía Carlos Vergara en Radio Jerez, la sapiencia de Andrés Luis Cañadas, porque supo ocupar con Radio Popular el sitio que dejó La voz del sur. Radio Popular fue fundamental para el belenismo, las zambombas, la Semana Santa... Popularizó todas las fiestas de Jerez e hizo una labor inmensa. Vergara hizo muy buena labor, porque fue una gran casa de periodistas, como Rafael Plaza, Manolo Yélamo... Jerez ha sido una escuela de radio y ha tenido la mejor radio municipal que se ha podido tener, aunque ahora esté dejada de la mano de dios. Echo mucho de menos esa camaradería de aquel entonces. Yo entraba en Radio Jerez como si fuera mi casa, e igual en Radio Popular. Y después las reuniones en la Cruz Blanca, de intercambio de confidencias. Era un mundo muy bohemio, pero había mucha profesionalidad dentro de esa bohemia. Eramos bohemios, pero éramos buenos trabajadores. Nos gustaba mucho la juerga, pero también vivir la profesión.

¿No te has planteado escribir un libro sobre tus vivencias?

No, porque no me quiero meter con nadie. Yo he sido lo que Revaliente siempre ha querido ser, pero Revaliente también ha tenido que hacerse ver a sí mismo. Me pusieron en La voz del sur algunas zancadillas que solventé reinventándome como periodista. He vivido una época prodigiosa en La voz del sur, pero como he vivido en Publicaciones del Sur nada. Nadie me ha puesto pegas por nada, he escrito con total libertad, y doy mil veces las gracias por haber venido aquí a trabajar, a pesar de que fue una decisión dura, dejar mi trabajo en la Junta por venirme a hacer periodismo y con cinco hijos en el mundo. 

He vivido una época prodigiosa en La voz del sur, pero como he vivido en Publicaciones del Sur nada

Entonces, no te decides a escribir sobre ti.

Hay un proyecto en marcha de hacer un libro sobre una peña flamenca, pero no sobre mí. Mi mujer me echa la bronca muchas veces porque cuando escribo mis artículos, hablo tanto de mí que cree que la gente sabe ya más de mí que yo mismo. De mis años en la calle Fontana se han enterado toda España, pero es que aquellos trece años que viví allí son inolvidables.

¿Y te arrepientes de algo?

De lo que no me arrepiento es de haber dado ese paso para venir a trabajar a esta casa.

Estamos en un tiempo complicado por la pandemia, ¿cómo crees que vamos a salir de ésta: mejor o peor de lo que éramos?

Vamos a salir igual. Los hijos de puta seguirán siendo hijos de puta y la buena gente seguirá siendo buena gente. Ya se ha visto. Salimos a la calle tras el confinamiento y todo ha seguido igual. Las envidias van a seguir existiendo. Creo que de esto no vamos a aprender nada, lo único que espero es que todos salgamos bien y nos veamos por los barrios.

¿Qué planes tienes a partir de ahora?

Los va a marcar la pandemia, porque mientras no me dejen salir de Jerez, lo máximo que puedo hacer es ir a Cuartillos o La Suara. Lo que quiero es disfrutar de mis hijos, de mi mujer y de mi nieta Albita, a ver si la podemos hacer ya hermana de La Redención, y disfrutar de lo que a mí me gusta. Que Dios me dé mucha salud y que pueda ver seguir creciendo Jerez.

¿Y la nueva rutina?

Me siento extraño. Me va a costar adaptarme más de lo que yo pienso. Hace nueve años que no hago las clasificaciones de las competiciones, y todos los domingos me acuerdo de aquella época que a las 11 de la noche nos poníamos a montarla.

 

 

 

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