Actualizado: 23:34 CET
Viernes, 27/04/2018

Sevilla

El fin de las tribus en el PSOE

Los 34 puntos de diferencia de Susana Díaz sobre la candidatura de Gutiérrez Limones le ha permitido configurar, cual mayoría absoluta, un gobierno a su medida y conforme a su proyecto político

  • Díaz triunfó

En las pasadas elecciones generales, el PP de Mariano Rajoy obtuvo la mayoría absoluta en el Congreso con 10.830.693 votos que le otorgaron 186 escaños, por los 6.973.880 votos del PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba, que se quedó con 110 actas de diputados. La diferencia de votos entre un partido y otro fue, en porcentaje, de 36 puntos y, naturalmente, Rajoy formó un Gobierno monocolor con militantes o simpatizantes del PP que representa a España ante el mundo y los organismos internacionales. En ninguna parte se cuestiona la legitimidad democrática del Ejecutivo español, ni se dice que nuestro país está dividido por que el PSOE cosechara casi 7 millones de votos y no forme parte del Gabinete, pese a que España sufre una de las peores crisis socioeconómicas de su historia y, de hecho, está intervenida por la Unión Europea.

Hemos tenido que recurrir a la metáfora de España y de su Gobierno para tratar de comprender mejor lo ocurrido en el PSOE de Sevilla tras su congreso provincial, en el que Susana Díaz se ha impuesto a Antonio Gutiérrez Limones por 34 puntos de diferencia – 67% de los votos de los denominados ‘oficialistas’ frente al 33% de los conocidos como ‘críticos’-, y su mayoría absoluta le ha permitido configurar un gobierno de la principal agrupación socialista de España,  o sea la Ejecutiva Provincial, a su medida y conforme a su proyecto político; un equipo de su total confianza y acorde con su línea de trabajo y el diseño que quiere para el PSOE del siglo XXI en Sevilla, al igual que ha hecho, salvando las inevitables distancias de extensión territorial e ideológicas, Rajoy en el Gobierno de la nación.

Cuestionada

Pues bien, mientras que nadie, ni siquiera Francisco Toscano, pone en duda la legitimidad democrática de Rajoy para designar a los miembros de su Gobierno, sean del PP o independientes, el alcalde de Dos Hermanas y destacado representante del sector crítico socialista sevillano no deja de cuestionar la victoria de Susana Díaz como nueva secretaria provincial del PSOE y su decisión de formar una Ejecutiva con personas de su confianza, una práctica que no tendría por qué suscitar recelo alguno en un partido democrático, donde impera la regla de las mayorías y las minorías.

Si gran parte del PSOE de Sevilla -ese 67% de los delegados- ha otorgado la mayoría absoluta a Susana Díaz es para que ésta materialice su proyecto de partido con plena libertad y sin tener que estar sometida a la tutela de la minoría que representa el sector crítico de Francisco Toscano, derrotado en buena lid por la también consejera de la Junta de Andalucía.

Para Francisco Toscano, sin embargo, el hecho de que Susana Díaz no haya incorporado a su gobierno interior, la Ejecutiva Provincial, a ningún representante de la corriente rival, que tenía un modelo de partido diferente al que ella  preconizaba, es “un fracaso absoluto del que todos tienen responsabilidad” porque, a su juicio, supone que más de un tercio de la militancia –el 33% de votos cosechados por los ‘críticos’- no encuentra fórmulas para quedar integrada. Según el alcalde nazareno y presidente de la FAMP, “es la primera vez que se produce en el seno del PSOE andaluz en el periodo democrático”.

El Congreso de 2004

Toscano parece haber olvidado lo ocurrido en el año 2004, cuando el PSOE sevillano, donde jamás ha habido tradición de las habituales mayorías a la búlgara de otras agrupaciones socialistas y de partidos como el PP, acudió más dividido que nunca a aquel congreso provincial en que se disputaban el liderazgo José Caballos, autodenominado el ‘líder natural’ por los años que llevaba manejando la agrupación entre bambalinas y luego como máximo responsable pero que había perdido el favor del por entonces secretario general y presidente de la Junta,  Manuel Chaves, y José Antonio Viera, apoyado por el aparato del partido y por  el  Gobierno andaluz.

Viera se impuso a Caballos por un apurado 55% de los votos, frente al 45% de su rival, y diseñó, como cualquier otro secretario provincial anterior, una Ejecutiva a su medida, sin sentirse condicionado por los apoyos logrados por Caballos ni tener que entregarle el 45% de los puestos del máximo órgano del partido en la provincia. Francisco Toscano, que entonces formaba parte de la mayoría oficialista, no habló nunca de fracaso colectivo, de partido dividido y de falta de cauces para la integración de aquel 45% de sus compañeros que no habían votado a Viera.

Resurrección

La prueba de que en el PSOE caben todos y de que el tiempo da siempre una nueva oportunidad de resituarse en primera fila es el propio Caballos, que como en una montaña rusa política ha pasado de ser el líder provincial al ostracismo interno y ahora forma parte del círculo de Susana Díaz.  Otro ejemplo de que nadie, por muy derrotado que se sienta, debe autoexcluirse es Carmelo Gómez. Defenestrado por Monteseirín de su cargo en el Ayuntamiento hace diez años e incluso con un expediente de expulsión abierto, Gómez se aplicó la máxima de Cela de que “resistir es vencer” y ha reaparecido como secretario de Organización, equivalente al número 2 de los socialistas sevillanos.

Por tanto, la posición intransigente de Toscano de proclamar a los cuatro vientos que la Ejecutiva de Susana Díaz, al igual que la de Griñán en Andalucía, no representa a toda la militancia carece de sentido en Democracia -¿acaso el 100% de votos favorables en las instituciones franquistas representaba a todos los españoles?-, y más aún en un partido como el Socialista, donde uno de sus principios básicos de funcionamiento es que  una vez celebrado un congreso y elegida una nueva Ejecutiva, todos los militantes cierran filas como una piña con el nuevo o la nueva secretaria general y se ponen a sus órdenes.

Recetas de Viera

La paradoja para Toscano y su sector crítico, en el que también figura el exsecretario provincial José Antonio Viera, es que Susana Díaz ha aplicado tras el congreso socialista algunas de las recetas políticas que propugnaba Viera cuando lideraba el PSOE sevillano y ella era su mano derecha como secretaria de Organización. Viera, que tuvo que enfrentarse a las maniobras desestabilizadoras de Monteseirín a pesar de que lo tuvo sentado a su lado como presidente del partido en su primera Ejecutiva, estaba harto de lo que denominaba ‘tribus’ en el seno del PSOE y ‘cuotas’ de poder de las agrupaciones en la capital, y su afán era acabar de una vez con las luchas intestinas que le obligaban a dedicarle más tiempo a sofocar las conspiraciones y rebeliones internas que a conectar con los votantes.

Esta lucha fratricida, en que Monteseirín utilizó los resortes económicos y políticos que el otorgaba el Ayuntamiento para tratar de dar un golpe de mano interno contra el secretario provincial con el apoyo de las agrupaciones críticas de la capital de Andalucía, fue una de las razones de que el PSOE perdiera Sevilla a manos de Zoido en las últimas elecciones municipales.

La propuesta de Gutiérrez Limones de convertir Sevilla capital en una especie de partido dentro del partido con autonomía respecto de la Ejecutiva Provincial habría propiciado, en caso de victoria del alcalde de Alcalá de Guadaíra, que en el futuro un segundo Monteseirín que fuera alcalde de Sevilla se pudiera convertir en una especie de contrapoder del secretario general, en un poder bicéfalo y a la larga con más peso orgánico que el propio secretario general socialista en el conjunto de la provincia de Sevilla, reeditando el enfrentamiento de los ‘capitalinos’ contra los ‘catetos’ como en su día se vivió en Granada y también, con sordina, en Sevilla, donde Viera hubo de apoyarse en los pueblos y en el presidente de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos,  para doblegar a los críticos de la capital impulsados desde el Ayuntamiento por Monteseirín y con Demetrio Pérez como ariete.

Un solo PSOE

Susana Díaz, que junto a Viera en sus tiempos de número  dos como secretaria de Organización vivió en primera línea el asalto al partido de Monteseirín y los críticos y organizó la resistencia y la victoria de Viera, ha aprendido de aquella lucha tribal entre facciones socialistas y ha preferido, al menos de momento, rodearse de una Ejecutiva monolítica en que todos sus miembros remen en la misma dirección para volver a reconquistar Sevilla capital y mantener la provincia,  en vez de dedicarse a abortar luchas cainitas en clave interna que tanto repudian los electores.

Susana Díaz, por de pronto ha acabado, siquiera formalmente, con una de las lacras del PSOE en Sevilla: el reparto del poder en función de la pertenencia a ‘tribus’ o por cuotas internas. Para la nueva secretaria provincial, lo más importante es que los electores perciban el PSOE de Sevilla y no, como antes, un PSOE ‘de’ Viera y otro ‘de’ Monteseirín, o, ahora,  un PSOE ‘de’ Susana y otro ‘de’ Limones.

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