Hablillas

Labios rojos, chocolate y una rosa

Es un momento único, porque apreciamos el brillo tenue de la ilusión que matiza la voz mientras salva la distancia entre ambas manos...

Publicado: 25/07/2021 ·
18:18
· Actualizado: 25/07/2021 · 18:18
Autor

Adelaida Bordés Benítez

Adelaida Bordés es académica de San Romualdo. Miembro de las tertulias Río Arillo y Rayuela. Escribe en Pléyade y Speculum

Hablillas

Hablillas, según palabras de la propia autora,

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Hace unos meses que venimos recogiendo el fruto de las actividades realizadas durante el confinamiento. Entre ellas, la televisión y la lectura han discurrido paralelamente compartiendo sofá y lámpara. La escritura se ha cultivado de forma alternativa, siendo una de las disciplinas trabajadas con mayor intensidad. Por la ventana de Internet han desfilado los enlaces a talleres con el fin de pulir, ampliar, perfeccionar, seguir aprendiendo en suma y -por qué no- ordenando cuanto hemos acumulado desde que nos embarcamos en esta aventura fascinante. Estos renglones lo han referido sin ánimo de repetición y pasado el tiempo tenemos una cosecha importante, un buen número de trabajos reunidos en libros. Es gratificante recibir la notificación en la bandeja de entrada del correo, la referencia subrayada que lleva a ellos, contestar agradeciendo la posibilidad de adquirirlo. Sin embargo hay veces que este agradecimiento se expande cuando una mano amiga te entrega un ejemplar. Es un momento único, porque apreciamos el brillo tenue de la ilusión que matiza la voz mientras salva la distancia entre ambas manos, un segundo escaso donde el libro une la emoción y la sorpresa a la palabra más sencilla: gracias.

Labios rojos, chocolate y una rosa es una tarde por donde pasan los minutos hechos palabras con la singularidad de lo plural. Treinta autores de distintas nacionalidades logran este prodigio, regalándonos historias urdidas a partir de los dos primeros términos del título y a su poder de evocación. Treinta artistas de la palabra que han creado, desarrollado y concluido relatos tan verosímiles como la realidad manifiesta desde su particular enfoque, dándoles un significado tan propio como la lengua materna, una forma de expresión inconfundible trabajada con rigor para lograr la siempre difícil sencillez. En poco más de tres páginas los autores narran con intensidad tanto un momento como una vida entera, el amor más desesperado y el más trágico, la soledad obsesiva o el deseo caminando desnudo por una azotea. Siguiendo la estructura habitual, cada relato es un ejercicio de estilo donde el lector participa de cuanto se le muestra, tan impresionante y directo como un cortometraje, tan claro como lo que cuenta, tan imaginable como lo que calla. Y entre estos treinta autores se encuentra Purificación García Díaz, emocionándonos con el  sonido de los años de quien se quedó en ellos a pesar de seguir viviendo, unos toques tan suaves como los percutidos por un llamador de ángeles, capaces de cambiar el olor amargo del dolor por el de jazmín dispensado a litros, endulzar la derrota con el regusto oxidado del cacao y desdibujar los labios pintándolos de rojo. Un libro para releer. Una palabra para expresar el bienestar que produce su lectura: gracias. Y muchas a Puri y a sus compañeros de páginas.

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