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Motor

Fiat Bravo MY Life: resistencia a la fatiga

El Fiat Bravo sale rejuvenecido de esta operación de maquillaje. · Efe

Ángel Alonso
04/09/2012 02:12

El alargamiento de la vida de un modelo implica actuaciones en el intermedio de su existencia para evitar que la fatiga haga mella en el consumidor, al tiempo que estimula su actualización de cara al siempre imparable movimiento de la competencia. Un ejemplo está en el Fiat Bravo, uno de los insignes veteranos del mercado, al que la crisis ha obligado a extender su vigencia en la actual generación hasta el año 2014, en que llegue el ansiado y esperado relevo.
Entretanto, los responsables de la marca italiana modernizan el modelo con un recurso de incentivar su presencia con equipamientos generosos a precios interesantes.
De este modo, el Fiat Bravo hoy se presenta renovado con una versión My Life, en la que desde poco más de 15.000 euros, incluye de serie aire acondicionado, sistema de interconexión Blue and Me, cuatro airbag, faros antiniebla, control de velocidad de crucero, volante y palanca de cambio forrada en cuero y llantas de aluminio de 16 pulgadas en color negro diamantado.
El nivel de equipamiento es un excelente reclamo para mantener viva la llama del interés del público en un modelo como el Bravo que, en diseño exterior, mantiene incólume una cierta actualidad, fiel al espíritu que en sus formas externas imponen todos los fabricantes italianos aún en sus coches más populares.
Se reconoce abiertamente el mérito de un diseño lo suficientemente interesante como para que sea bastante resistente al envejecimiento que en otros modelos se deja notar en cuanto pasa ese ciclo de vida no muy superior a los cuatro o cinco años.
Ya que se trata de una historia de equipamiento, Fiat añade reclamos en este Bravo My Life con un paquete añadido en el que se incluyen el elevalunas eléctrico posterior, reposabrazos en el asiento delantero y sensor de lluvia.
Las iniciativas de Fiat por mantener actual su modelo del segmento compacto llegan a la financiación, de modo que ha establecido un plan, denominado Bonus ECO, con gran descuento para los usuarios que entreguen su coche viejo, con más de siete años de antigüedad, es decir una especie de Plan 2000E proaio.
Por si esto no bastara, la financiera de la marca (FGA Capital) establece una tarifa de financiación con hasta cuatro años de garantía gratuita para el cliente.
Las novedades del equipamiento My Life se incluyen en toda la gama del Bravo y, por tanto, se ha llevado a la versión gasolina 1.4 de 90 CV y a la diesel 1.6 Multijet, con la doble potencia de 105 y 120 CV.
Es el diesel de 105 CV la versión sometida a nuestra prueba. Suficiente en cuanto a prestaciones y grado de respuesta del coche, si bien desvela un ruido muy propio de los diesel antiguos que hoy ha sido ampliamente superado en la casi totalidad de la oferta automovilística de este ciclo.
Es un motor poco refinado, pero eficiente, que empuja con soltura desde las 1.500 revoluciones y que tiene el suficiente fuelle para mantener buenos registros de velocidad punta. En aceleración se muestra rápido, pero es mejor en las recuperaciones siempre que su régimen de giro esté en el entorno de las 2.000 vueltas.
Se revela francamente bueno en consumos, donde en prueba avaló algo menos de 6 litros a los cien kilómetros y, como añadido, se mantiene muy constante en gasto en los aledaños de las velocidades máximas legales. Es, indiscutiblemente, uno de sus puntos fuertes.
El motor se maneja con una transmisión manual de seis velocidades, bien proporcionada en el estiramiento de cada uno de sus desarrollos, pero permite jugar muy pronto con la sexta para incidir en esa virtud de su bajo consumo.
El coche circula con buen poso en todo momento, aunque en alguna que otra trazada exigente demuestre algo de blandura en los apoyos. También es propenso a ciertos tirones del tren delantero que, por otra parte, no ponen en peligro su estabilidad.
La dirección peca de algo blanda, pero cogido el truco, posiciona siempre bien el coche para trazar. Tiene la complicidad del sistema City, con dispositivo propio en el salpicadero, para facilitar sobremanera las maniobras de aparcamiento con el mínimo esfuerzo.
Los frenos actúan rápido, pero el tacto esponjoso obliga a apretar con más decisión el pedal. El tiempo y la distancia de parada entran en lo que se denominaría normalidad.
La vida a bordo es la de un compacto en el que se han medido con bastante justeza las dimensiones para el confort del pasaje. Bien queda la ocupación en los asientos delanteros en banqueta y respaldo, además de la fijación del tronco.
La separación entre filas de asientos se queda en el punto medio no precisamente virtuoso por su gran espacio. Aceptable sin más.
El Bravo es un coche de sencillo manejo de la instrumentación, muy bien colocada para llegar a todos los dispositivos con la simple intuición de un primer golpe de vista.
Para los tiempos que corren, más de pragmatismo que de emociones, este Bravo tiene todavía su tirón.

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