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Miércoles 17/08/2022  
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Sociedad

Bebés y la playa ¿Cuándo y cómo?

El verano se aproxima a pasos agigantados y ya empezamos a imaginarnos postrados sobre la toalla, paseando por la playa o divirtiéndonos con los más pequeños

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  • Playa.

El verano se aproxima a pasos agigantados y ya empezamos a imaginarnos postrados sobre la toalla, paseando por la playa o divirtiéndonos con los más pequeños de la familia en el parque acuático, ¿verdad? Todas estas actividades se distinguen por una exposición continua y sin tregua al sol del que siempre debemos guarecernos, aunque nos encante la morena huella que deja sobre nuestra piel.

Lo cierto es que la radiación solar siempre es motivo de preocupación, pues su influencia no solo envejece la piel y la pigmenta, sino que también la vuelve más proclive al desarrollo de melanomas y otros tipos de cánceres como el carcinoma basocelular. Para colmo, su efecto es acumulativo, pues como ya sabemos todos a estas alturas, la piel tiene una memoria portentosa y recuerda todos los excesos que cometimos con ella (incluso desde bebés).

Por lo tanto, la recomendación de los dermatólogos es insistente en este aspecto: debemos proteger la piel del sol con una adecuada protección solar. Su aplicación, además, debe repetirse cada dos o tres horas, y sobre todo con ocasión del baño, ya que la acción del agua puede arrastrar parte de la crema y dejar la piel desprotegida.

Pero si estos consejos son básicos para la piel de los adultos, aún lo son más para la epidermis de los bebés y niños que no superan los dos e incluso tres años. No en vano, su delicada piel es más sensible, y carecen de la capacidad de regular la temperatura corporal de manera tan eficaz como los adultos.

Al respecto, los pediatras aconsejan que hasta que los pequeños no tengan seis meses, e incluso el año, se renuncie a ir con ellos a la playa. Al menos durante la mañana y las horas centrales del día, que es cuando el astro rey incide de manera más directa y nociva.

Además, la crema solar no es recomendable hasta el medio año de vida, dado que los protectores solares pueden causarles reacción. Pasada esta edad se puede optar por un protector solar específico para bebés, ya que están formulados específicamente para su delicada piel. Los pediatras aconsejan los filtros físicos o minerales, pues no penetran en la piel y consiguen que la radiación solar rebote. Su único inconveniente es que pueden otorgar una apariencia blancuzca.

Los especialistas aconsejan vestir a los bebés con pantalones largos y livianos, camisas de manga larga, y sombreros anchos que sombreen también zonas tan sensibles como el cuello o las orejas. Así, aunque estemos tentados de colocarles una gorra con visera, esta última no cumple correctamente el cometido de proporcionar una adecuada protección, pues muchas partes quedan expuestas. Y, por supuesto, no olvides colocarle un pañal o un bañador que evite escapes en el agua.

Conviene reiterar que hasta los tres años el sistema de defensa cutáneo de los niños es inmaduro, y esta circunstancia los vuelve muy vulnerables al sol. A partir de esa edad, podremos pasar de los filtros físicos a los químicos, y con un factor de protección solar de al menos 30. Por supuesto, estos deberán ser específicos para niños y resistentes al agua, pues el trajín de los pequeños será de aúpa en un entorno como la playa.

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