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Sociedad

Adiós al circo de 'Sálvame', una fórmula de éxito de polémicas fabricadas

A base de polémicas fabricadas y salidas de tono en una especie de "circo romano" que presentaba una realidad que no era real

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  • Jorge Javier Vázquez. -

Tras 14 años de emisión y con cuotas de pantalla que han oscilado entre el 14 y el 20 por ciento, "Sálvame" cierra este viernes una larga etapa de éxito a base de polémicas fabricadas y salidas de tono en una especie de "circo romano" que presentaba una realidad que no era real, según expertos consultados por EFE.

Y una "manera muy triste de usar la vida ajena como un modo de entretenimiento y espectáculo", apunta Amable Cima, profesor de Psicología de la Universidad CEU San Pablo.

Porque una de las claves de su éxito es que es un "ejemplo de 'bullying'" en el que las propias víctimas buscaban el acoso para convertirse en protagonistas y conseguir sus 15 minutos de fama.

"Las personas que ven y entienden lo que está ocurriendo en el programa asumen que ese es el modo normal de funcionamiento, el buscar el éxito como sea", resalta Cima.

Cuando comenzó, en 2008, "Sálvame" era un programa centrado en la vida de los famosos, una especie de extensión de las revistas semanales del corazón, cuya audiencia potencial eran las mujeres mayores que estaban en casa y que no tenían una actividad determinada.

Un programa de puro entretenimiento en el contexto de la lucha entre los canales privados por las audiencias con el lema de "todo vale", resalta el profesor de Periodismo y Comunicación Global de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) José Ignacio Nevado.

El objetivo entonces y durante todos estos años ha sido rentabilizar el programa, que acabó desdoblándose en un sinfín de derivados: Sálvame Naranja, Sálvame Limón, Sálvame Banana o Sálvame Deluxe, que será el último en cerrar sus puertas, el próximo 14 de julio.

De momento este viernes 23 de junio es el último "Sálvame", que acaba con un programa especial de más de cuatro horas con la noche de San Juan como hilo conductor, que finalizará con una hoguera en la que arderán objetos significativos del formato y de la escenografía del espacio.

Será el final de un show tan criticado como exitoso, un ejemplo de una estrategia perfectamente diseñada que a Telecinco le ha funcionado muy bien, basada en la retroalimentación de unos programas con otros. Solo hay que recordar que "Sálvame" se concibió originalmente como una tertulia satélite de "Supervivientes", como resalta Nevado.

Esa retroalimentación ha ido generando una serie de famosos de los personajes salidos de los "reality" de la cadena, que se han convertido en participantes o presentadores de "Sálvame", en un ejercicio del que Telecinco salió triunfador respecto a Antena 3, su máximo rival.

Para Cima, se pasó de los famosos de toda la vida al concepto de que "cualquiera podía ser famoso", momento en el que el programa adquirió una deriva más sensacionalista.

Pero esa idea se fue agotando por su propio concepto. "La gente piensa, qué bien es ser famoso, pero no cuando lo puede ser cualquiera. Si todos son famosos ya no interesa", explica Cima, para quien ese giro del programa fue el principio del fin.

"Hay un poco de agotamiento y saturación de esos programas y de ese estilo de programación, además de mucha más oferta con las plataformas", resalta el profesor de la UCM, que opina que a Telecinco le está costando renovar su audiencia.

"Ellos llevan 20 años con los mismos cabezas de cartel sin renovar, con Belén (Esteban), Lydia (Lozano), Kiko (Hernández) o Jorge Javier (Vázquez). Es difícil que los veinteañeros se enganchen a esos personajes porque además no consumen los 'reality'", reflexiona Nevado.

Al respecto, Cima considera que la desaparición de "Sálvame" es consecuencia de su propia dinámica. "Era como si viésemos 'Pan y circo'. Se convirtió no en un espectáculo, sino en hacer daño a los demás".

Aunque también hay que tener en cuenta que pese a que parezca espontáneo, "está absolutamente controlado y guionizado", construyen "una realidad que no es real pero que quieren que asumas".

Pero la gente se ha cansado de ese modelo. "La sociedad tiene que avanzar hacia un modelo más ético, más moral, no más restrictivo pero sí respetuoso con el derecho a la presunción de inocencia y el derecho a que no te ofendan en público".

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