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Jueves, 14/11/2019

Sindéresis

Al fondo del tarro

Viven en un mundo donde puedes llevar minifalda y decir que sí o que no, o primero que sí y luego, si la cosa no te está gustando, que no.

Bien, después de tanto argumentar, debatir, intentar que no nos separemos y separarnos, creo que ya hemos llegado al fondo del tarro en esto de los debates políticos, tanto a nivel redes sociales como a nivel líderes de la caspa y la zanja. Es decir, que, por debajo de este nivel, ya no hay más que tarro, transparente, y luego el mundo real. Ellos mismos lo van descubriendo.

Si tú defiendes una idea progresista acorde con la Declaración Universal de los Derechos y la igualdad de oportunidades, alguien indefectiblemente va a acabar sacando a colación que los regímenes comunistas son los que más muertos han provocado. Si cortas toda la maleza de verborrea inútil, hasta que alguien de los que piensan votar a los de la caspa y la zanja ya no tiene modo de explicarte por qué está en contra de la eutanasia, te van a mentar a Otegui. Y el chalet. Aunque tú votes a PACMA. Aunque tú no votes.

Han llegado al nivel de conspiranoia en que defender a las personas independientemente de su orientación sexual, etnia o procedencia, es hacerle el juego a un tal Soros que quiere acabar con los valores de occidente. ¿Qué valores, me pregunto, los católicos, los protestantes, los ilustrados, los tauromáquicos, los nacionalsocialistas, los catalanes, los sicilianos, los anarcosindicalistas? Da igual, no nos desviemos. Como ya no encuentran ninguna argumentación racional para seguir siendo xenófobos, homófobos o machistas, te dicen que tú estás siendo manejando por intereses oscuros al nivel de los Illuminati, los cuatro grandes o Hydra. Les queda poco para el sombrero de papel albal.

Están llegando al fondo del tarro cuando la única argumentación para ir en contra de una ayuda social es que hay «mucha gente que se aprovecha». Nos ha jodío mayo. Más gente hay que te quitaría un billete si lo llevaras en la boca cuando te echas la siesta en el parque, pero eso no crea la urgencia de eliminar la Real Fábrica de Moneda y Timbre.

 Hay un tipo de gente que vive en el tercero y quiere pagar menos que el del séptimo por el arreglo del ascensor, que tiene un gato y quiere pagar menos por la desratización del edificio, que viaja mucho y quiere pagar menos por la limpieza, que tiene dos piernas muy lindas y se niega a pagar por la rampa de acceso al edificio. ¿Sabéis ese tipo de gente? Son así y lo son con todo. Cuando discutes con ellos en la reunión de vecinos, están a la picha de un piojo de decir que Stalin mató más gente que Hitler, que lo sepas.

 En el fondo del tarro y los argumentos de mierda, las buenas personas son comunistas sangrientos, los homosexuales quieren dominar el mundo, el cambio climático es un engaño y algún día solo habrá rampas resbalosas y gente cortándose los pies para cobrar pensiones vitalicias y darse la gran vida. La mezquindad es un prurito que, si no se cura, te acaba comiendo el cuerpo. A esa gente hay que darle algún tipo de pomada, no la razón.

 Esa gente no necesita un partido político que los represente, necesita cultivarse en valores, porque cuando levantan la cabeza del teclado, del Facebook, viven en un mundo que ya nunca será el mundo que les prometen. Viven en un mundo en el que la criminología estudia factores como el desarraigo social, la precariedad económica, la drogadicción, pero no la raza. Viven en un mundo donde los hombres reconocen los privilegios que han tenido en ciertos campos de la vida y no tienen miedo de echar un cable para equilibrar las cosas.

Viven en un mundo donde puedes llevar minifalda y decir que sí o que no, o primero que sí y luego, si la cosa no te está gustando, que no. Viven en un mundo que ya no es el suyo y quieren arrastrarnos a los demás a estúpidas discusiones sobre Stalin, cuando nuestras cunetas siguen llenas de padres, madres, hermanas y hermanos sin identificar. Y ya no razonan con claridad, porque ven el fondo del tarro, el cristal, y al otro lado del cristal está el mundo.

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