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Sábado, 21/07/2018

Sindéresis

Solo tenías a Mary Shelley.

¿Y tú qué miras, pollavieja? No estoy hablando contigo.

Convéncete de que puedes ser escritor de monstruos y máquinas futuristas cuando el mensaje que te rodea es que eso es algo que consiguen otros. Que hay que tener un padrino. Que es un hobby. Que a lo mejor sigues y nunca te enteras de que no sirves. Que la vida ya es dura con un trabajo normal. Que aquí eso no vende. Hace falta ser un puto misil Tomahawk para criarse con ese mensaje y a pesar de todo seguir en la brecha. Hubiera preferido que no hiciera falta tanto, desarrollar tantas espinas en el lomo, congelar de tal manera la visión periférica.

Y si fue difícil para mí, no me quiero imaginar para ti.

Me gustaría poder viajar en el tiempo, cuando eras niña, y decirte que aguantaras. Que la cosa acabaría mejorando. Que no guardaras el cuaderno de licántropos y dragones, de asesinos en serie, de corazones de silicio. Que el mundo no era predeterminado. Que iría a mejor. Que acabarías viendo como normal a un hombre echar un currículo para ser cajero de un supermercado. Que acabarías viendo normal a una mujer con traje de las fuerzas armadas.

Que acabarías viendo normal a una mujer firmando libros sobre corazones de silicio y asesinos en serie y dragones y licántropos, y no solo eso. Firmándolos o ilustrándolos, o corrigiéndolos, editándolos, seleccionándolos en un concurso de género, comprándolos el mismo día de su puesta a la venta. Camisetas de huargos y zombis sobre pechos de mujeres, y mujeres abriendo librerías, monstruos cabezones en los estantes, mujeres abriendo cafeterías con libros que se llenarían de telarañas falsas en Halloween.

Me gustaría poder viajar en el tiempo y decirte que ni en esas será fácil, como no es fácil a veces para esa mujer con traje de las fuerzas armadas, como no es fácil a veces para ese hombre en la caja de un supermercado. Que no es fácil, pero es, y que para los que ahora son niños y niñas, acabará siendo natural; que nosotros nos encargaremos de ello.

Me encantaría pensar que no guardaste el cuaderno y que ahora, cuando vas a una librería a comprar un regalo para tus hijos, no se te llevan los demonios, no se te escapa un poco de vida por la boca, no te pasa como a los cuervos de la Torre de Londres cuando miran el cielo. Como a Segismundo.

Me gustaría poder viajar en el tiempo y pedirte que aguantaras, que solo tenías que aguantar un poco más que yo, o un poco más en secreto. Que solo te hacía falta un poco más de voluntad que a mí, que ya es mucho. Que los moldes siempre se rompen desde dentro.

Que no estabas destinada a ser la chica del protagonista, a enamorarte de un escritor, a apoyarlo en su carrera. Y sé que esto es todavía más difícil que todo lo anterior y que te va a joder que te lo diga, pero te lo digo igual: nunca es tarde.

Viaja tú en el tiempo, levanta con tu mano la barbilla de esa niña, por favor te lo pido, y escribe como una bestia, sin tutús ni corsés, con barro y ramas. Te lo pido por favor. Quiero pensar que nunca es tarde, que estamos arrastrando con tanta fuerza como para mover el presente, el pasado y el futuro.

Lo tuviste más difícil que yo, lo de convencerte a ti misma, lo de teledirigirte a ti misma. No dejes que nadie intente lavar su conciencia a costa de que olvides que lo tuviste más difícil que yo, de que olvides las miradas de condescendencia, los escaparates de libros de género firmados por hombres que eran a la vez una puerta y un muro, los regalos para niña, los libros de niña. La vida predeterminada de niña. Solo tenías a Mary Shelley.

¿Y tú qué miras, pollavieja? No estoy hablando contigo.

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