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Viernes 22/01/2021

La Pasión no acaba

Bésala de una vez

Una vez más -ocurre con la frecuencia del ocaso y las amanecidas- mi amigo subrayó el lado negativo (que viene de negro, oscuro, apagado) de la vida para contar

Publicado: 13/01/2021 ·
17:53
· Actualizado: 13/01/2021 · 17:56
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  • Amanecer.
Autor

Víctor García-Rayo

El periodista Víctor García-Rayo es el presentador y director del programa La Pasión de 7TV Andalucía

La Pasión no acaba

Dedicado al alma de "la ciudad más hermosa del mundo" y su universo cofrade. Pasan siglos, personas, pero la pasión no acaba

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Una vez más -ocurre con la frecuencia del ocaso y las amanecidas- mi amigo subrayó el lado negativo (que viene de negro, oscuro, apagado) de la vida para contarme que aquel taxista no le había dado ni las buenas tardes, que el coche olía a tabaco y que la tapicería no veía un aspirador desde que la Renault terminó de fabricarlo y lo subió en el camión de doble plataforma que lo trajo a Sevilla en un viaje de chapa y plástico. Otra vez los taxistas eran unos canallas, otra vez mi amigo erre con erre con la pena, con el malestar, con las ganas de dibujar en mi rostro una decepción, una contrariedad, una queja perenne. Estaba azul el cielo y la vida nos daba una nueva oportunidad porque, al fin y al cabo, estábamos vivos y podíamos contarnos un millón de cosas hermosas, desde el estado de salud de nuestras familias hasta la suerte de ser libres y elegir qué cara podíamos ponerle al día. Pero, otra vez, la primera conversación fue negativa y sirvió de nuevo para destacar algo controvertido, cortado con la tijera de la oscuridad.


Fue escuchando a mi amigo cuando se encendió una luz en mi y decidí dar el paso adelante. Oye, Juan, ¿cuántas veces te habrás encontrado a taxistas amables que te dieron charla, compañía, tranquilidad y seguridad hasta que te dejaron en la puerta de casa? Muchas, me dijo. Le recordé que jamás me había hablado de lo bien que le trataron los profesionales del taxi y nos quedamos hablando hasta las dos de la mañana. La conclusión, que estamos empeñados en ennegrecer, en hacer la vida peor, en destacar aquello que puede hacer nuestro día más gris y nuestra vida más penosa. Nos quedamos siempre con lo malo, nos gusta estar mal, sentirnos mal, criticar por criticar.


¿Qué tenemos tan negro en el corazón que nos hace ver siempre la parte negativa? ¿Por qué? ¿Cuál es ese mecanismo que logra sacar lo peor de nosotros? ¿Por qué damos por hecho que aquel funcionario es un flojo, que el médico atiende a menos pacientes de los que puede? ¿Por qué?


Deberían llevarnos a todos a un día de trabajo en esos lugares. Deberían obligarnos a ser mejores personas, a leer, a pensar, a sonreir. Y, especialmente, deberíamos mirarnos más al espejo, desnudos, despojados de cualquier prejuicio. Igual nos damos cuenta de que los mal educados, los desagradecidos, los malos somos nosotros. Pero para reconocerlo, primero hay que ser valiente. Busquemos la parte blanca, hermosa, luminosa de nuestra existencia, alarguemos más la mano y menos la pierna de la zancadilla. Reconozcamos más al otro y sus virtudes. Hagamos la vida más hermosa a quienes nos rodean.


 La vida es un regalo de Dios. Bésala de una vez.

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