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Miércoles 25/11/2020

La Pasión no acaba

Raza

Recuerdo a Pablo López Rioboó con aquella voz temblorosa que mezclaba el respeto con la incertidumbre a la hora de la inocencia. Quería venirse al campo...

Publicado: 18/11/2020 ·
18:32
· Actualizado: 18/11/2020 · 18:32
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  • Raza, de Pablo López Rioboó.
Autor

Víctor García-Rayo

El periodista Víctor García-Rayo es el presentador y director del programa La Pasión de 7TV Andalucía

La Pasión no acaba

Dedicado al alma de "la ciudad más hermosa del mundo" y su universo cofrade. Pasan siglos, personas, pero la pasión no acaba

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Recuerdo a Pablo López Rioboó con aquella voz temblorosa que mezclaba el respeto con la incertidumbre a la hora de la inocencia. Quería venirse al campo con el equipo de grabación del programa y llevaba en los ojos el capote de paseo del amor a la fiesta. Tenía en su mirada ese convencimiento radical, cierto, inexpugnable. Pablo haría del campo bravo su sentido de vida, su carril de supervivencia, su motivo para ser y estar en el mundo. No se me olvida ese instante en el que aguardaba mi respuesta como no puedo olvidar la luz de su rostro cuando le dije que sí. Pablo vino al campo, a "La Ruiza", y vivió con nosotros de cerca el latido vivo y perdurable de la sangre de Veragua en los pastos onubenses que gobierna Tomás Prieto de la Cal.


Han pasado los años y Pablo ha conocido cancelas y faenas, plazas de tienta y cerrados, destetes y crotales, vaqueros y terruños, pastos, encinas y alcornoques. Sus ojos han visto parideras y corridas apartadas, hierros encendidos a fuego y anocheceres de bravura en el silencio más hermoso del mundo. Y se ha emocionado, y sigue enamorado.


Es arrojado, como su amor por la fiesta. Hoy lidera en youtube el programa "Raza", un homenaje permanente a una fiesta que adora y en el que siempre está presente -como en primera persona- el campo, ese campo que le hizo (con voz temblorosa) pedirme permiso aquel día para vivir de cerca una grabación televisiva en "La Ruiza".


Me emociona su constancia, su afán, su amor, su entrega. Lo hace porque lo siente, porque lo necesita para latir, porque lo adora con toda su alma. Aún no se ha apagado en el brillo de sus ojos aquella luz veragüeña que encendió de un golpe una jornada que había amanecido gris. López Rioboó es un valiente, un joven con ambición y honradez, un luchador, un loco. Y por eso me veo, hace ya algunos años, reflejado en su pasión por la fiesta, por cada segundo de un programa que cuida con mimo, que se come él solo derramando horas y que de momento no le deja más que satisfacciones personales y retientas de ilusión por un futuro que debería darle a este compañero las dos orejas.


Está rompiendo el verde en las dehesas. Pablo andará a esta hora metido en algún carril, aguardando en una venta de carretera o metido en su ordenador de montaje. Quizá esté leyendo algún libro de toros o repasando en la agenda para cuadrar una faena en aquella finca que le falta. Yo sé que estará amando a la fiesta y de manera especial al campo. Hablo con propiedad porque he visto la pasión en sus ojos. A menudo me preguntan qué podríamos hacer por defender y salvaguardar la fiesta de los toros. Y lo tengo claro. Habría que buscar tres o cuatro Pablos y llenar nuestras vidas de Raza.

 


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