Actualizado: 20:51 CET
Sábado, 04/04/2020

Sevilla

El fenómeno Spyro en Sevilla

Alberto Cañizares repasa los diez años de su llegada a la ciudad y la evolución de Spyro Music

  • Alberto Cañizares.

Alberto Cañizares, madrileño, que ha vivido en Murcia, es un enamorado de Sevilla, donde decidió vivir y desarrollar una carrera profesional que lo ha llevado cosechar éxitos sonados, tanto en el mundo de la música como en el de la hostelería.

Máximo responsable de Spyro Music, empresa que acoge en su seno artistas de la talla de Antílopez, Ofunkíllo, La Jungla Band o Bosco, organizadora de festivales como el Caravan Sur Fest o el Hype Me, y que ha apostado por otra vía de negocio, complementaria a la música, la hostelería, con dos negocios emblemáticos de la ciudad, La Sala Spyro Club, Malandar y Vinilo Rock Bar.

Alberto Cañizares se sincera con Viva Sevilla.

¿Cómo y por qué llega Alberto Cañizares a Sevilla?

Cómo bien sabes, yo soy de Madrid, estuve allí hasta los 19 años, que fue cuando destinaron a mi padre, que es profesor, a Murcia. A los 8 años de vivir en Murcia conocí a una chica sevillana en un concierto en Granada. Eso hizo que empezase a venir mucho a Sevilla y me enamoré de esta ciudad. Soy muy malo para las fechas pero creo que llegue a Sevilla en 2010, y fíjate, lo primero que hice cuando llegue fue ir al Fun Club a ver un concierto de Los News.

¿Cuál fue su primera aventura empresarial en Sevilla?


Spyro Records, un sello discográfico amateur que montamos con bandas como La Suite Bizarre, Cerebral, Neorama, Los News, Robot… Con ellos empecé a aprender cómo gestionar una banda y también los problemas que conlleva que algunas cosas no salgan bien.

¿Qué recuerdos le quedan de un emblemático espacio como fue La Caja Negra de la calle Fresa?

La Caja Negra fue uno de los primeros lugares que le dieron a Spyro Music la oportunidad de crecer. Considero que entre los 3 compañeros (Antonio Romero, Miquel Peris y yo) hicimos un muy buen trabajo y además fue un enorme aprendizaje. No es fácil que te den la oportunidad de programar un espacio como La Caja Negra, absolutamente emblemático en aquella época, siendo una empresa nueva y con una gran parte de gente de fuera de la ciudad. Recuerdo esa época con mucho agradecimiento.

Spyro Music nace contando con tres socios, ahora es usted el único propietario

Los socios eran Antonio Romero y Miquel Peris, con los que me llevo muy bien a día de hoy, pero que salieron por diferentes razones. Fue algo que se hizo sin estridencias y me alegro de que a los tres nos haya ido muy bien después de salir Spyro Music. Lógicamente es más fácil tomar decisiones si estas solo que si tienes que consensuar con mas personas.

Spyro ha crecido mucho en el último lustro, ¿cómo valora ese crecimiento?

Valorar los últimos cinco años sin tener en cuenta todo lo anterior no tiene sentido. Fueron años de aprendizaje. Aprendes lo que hay que hacer y sobre todo lo que nunca debes hacer. Al final yo creo que es cuestión de constancia y de trabajar mucho en la dirección correcta. Sabía que la empresa iba a crecer, por pura inercia, y así ha sido.

¿Cómo se estructura una empresa como Spyro Music?

Existe un departamento de administración fiscal, laboral y jurídico, otro de Booking y Contratación, está el departamento de Marketing y publicidad y un apartado para Prensa.

Musicalmente hablando, ¿Qué tiene que tener un solista o grupo para que interese a Spyro Music?

Es una buena pregunta, porque ni yo lo sé (Risas). Yo tengo un problema y es que me fijo demasiado en que la música sea buena (desde mi punto de vista), quizás por eso no tenemos productos estrella o muy mediáticos, comercialmente hablando. No somos mainstream, pero es que no queremos serlo. Soy musicalmente inconformista y no me limito a creer que la calidad es lo que sale en las radios o lo que “lo peta” en Instagram. Los artistas que he fichado han sido grupos que he visto en un concierto, normalmente en un espacio pequeño, y me han encantado. Así pasó, por ejemplo, con Antílopez. Los vi y pensé que era lo mejor que había visto en mi vida y que tenía que trabajar con ellos. Musicalmente no hay ningún tipo de criterio definido, ni creo que lo haya nunca. Es más un sentimiento o emoción que algo mercantil.

Llega el día en que se lanza al mundo de la hostelería, primero con Sala Malandar y poco después con Vinilo Rock Bar.

Ese ha sido sin duda un gran punto de inflexión. En la primera etapa de Malandar aun estaba Miquel Peris en la empresa y gestionábamos solo la parte de conciertos. Al marcharse Miquel tuve la oportunidad de quedarme con la gestión integral de Malandar y además abrí el Vinilo. Lo hice porque aprecié una falta de locales para gente de cierta edad y que les guste el rock en particular. Pero no ha sido fácil. Por ejemplo en Malandar he tenido que invertir mucho en equipo de sonido, luces y, sobre todo, en personal: he intentado contar con los mejores en cada puesto y creo que lo hemos conseguido. Tener a gente como José Juan o Jose Regaera a los mandos de la parte técnica, a Manuel Chávez como responsable de iluminación, Paula Jiménez como encargada de la hostelería, Pedro Canela, Tridi Puñema, Rafa Marinelli y Javier Conde-Duque en lo relativo a marketing y comunicación o Jonathan Vicente como responsable de programación... eso es un lujo, la verdad.

¿Son un complemento positivo para la empresa los negocios hosteleros?

Malandar sí, porque es un espacio en el que vemos la evolución de las bandas nacionales. Suelen repetir y ves si van al alza, si venden más entradas o todo lo contrario. A Bosco se le fichó porque los vi actuar en nuestro escenario delante de 25 personas. Hace una semana estuvieron delante de 250 en ese mismo escenario. Vinilo Rock Bar es otra cosa y no creo que tenga una influencia notable, más allá de que podemos utilizarlo para hacer pruebas con nuestros artistas, poner canciones que nos interesa promocionar y cosas así.

¿Cómo será la evolución de Spyro en los próximos años?

Es algo en lo que pienso mucho últimamente, es lo que más me preocupa. Por un lado está la parte romántica, la de que músicos incorporar, traer a Sevilla artistas que me gustan, pero que a lo mejor no son tan mediáticos. Por otro está la parte de los negocios de hostelería, que son mucho más rentables. A día de hoy Spyro se sustenta en tres líneas de negocio, el management y booking de artistas, la hostelería y la promoción de conciertos. Tampoco me hagas mucho caso pero la intención sería renunciar poco a poco a la organización de festivales, y quedarme con lo que más me gusta, que es el management y booking de artistas y con la hostelería. Te puedo asegurar que habrá más negocios en Sevilla con la firma Spyro. Los festivales, que ya hemos hecho varios, como el Benalmádena Suena, El Caravan Sur, con tres ediciones, o la primera del Hype Me, también llamado Jaime Fest… (Risas) son algo que terminaré dejando, ya que es muy arriesgado. Aunque es algo romántico, y hasta divertido, cuando planteas el cartel, luego llega el día y o ganas o pierdes dinero. Se podría decir que me da igual hacerlo o no, es una locura que se te ocurre un día y luego te arrepientes durante los próximos seis meses, hasta que llega la hora de hacer el nuevo cartel… Como negocio es absurdo. Mucho riesgo y muchas preocupaciones y todo a una sola bala. Aún así, es complicado que dedicándote a la música no se te caliente el hocico y digas: "venga, vamos a hacer esto".

La Sala Malandar está en pleno proceso de cambio de nombre, ¿pasará a llamarse Spyro Club? ¿Será un cambio rápido o llevará su proceso?

No será rápido ni radical, sobre todo porque no sería bueno empresarialmente. Será un paulatino cambio de marca. Se irán utilizando las dos denominaciones durante un tiempo hasta que se quede solo Spyro Club. Existe una razón de peso por la que se toma esta decisión: Malandar no es una marca creada por mí,  la respeto demasiado como para seguir usándola como si fuera algo mío. No olvidemos que Malandar fue en 2011 elegida por UFI como la mejor sala de conciertos de España. Eso ni fue cosa mía ni quiero que la gente se pueda confundir al respecto: ese mérito no me corresponde.

¿Cómo cree que ha cambiado la industria musical desde la llegada de las redes sociales?

Lo ha cambiado todo, antes el control absoluto lo tenían unos pocos, ahora esos pocos siguen teniendo mucha pasta pero mucho menos control. Los medios de comunicación antes eran pocos y mucho más caros que ahora. Con la llegada de las redes y de Facebook, sobre todo, cualquiera que tenga dinero o una idea grandiosa puede llegar a millones de personas.

¿Hábleme de la escena musical en Sevilla hoy?

 Veo dos temas de los que hablar, por un lado está el tema artístico y por otro el empresarial o industrial, que tienen mucho menos que ver entre sí de lo que se podría pensar. Por un lado veo, y no soy el único, una gran proliferación de bandas increíbles, pero no todas con la intención o la opción de dar el salto a profesionalizarse. Lo cierto es que aunque reitero que Sevilla tiene un nivel artístico brutal, buscarle una salida comercial a la gran mayoría de las bandas es casi imposible, y no porque no sean buenas. En el tema industrial creo que existe un exceso de programación, que es muy bueno culturalmente para la ciudad. Como apasionado de los conciertos, me encanta que haya tanta oferta para elegir, pero claro, tiene una parte negativa: el poco dinero que genera la escena alternativa, se reparte mucho más, y eso hace que algunos empresarios pasen dificultades al no haber público para todos.

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