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Miércoles 22/09/2021

Sevilla

Cerezal: "Yo soy mi síndrome y mi pintura"

El artista de Valencina, que padece el síndrome de Tourette, ha presentado este jueves el cartel del pregón de la Esperanza 2017

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  • José Cerezal

José María Jiménez Pérez-Cerezal, natural de Valencina de la Concepción, es de esos artistas valientes y atrevidos de la Sevilla bohemia que con el paso del tiempo estamos perdiendo. Un pintor, licenciado en Bellas Artes, que como él mismo apunta ha tenido que “convivir desde pequeño” con el amor por las artes plásticas y con el denominado como síndrome de Tourette, una patología que provoca múltiples tics físicos (motores) y vocales (fónicos), lo que complica mucho más el ejercicio profesional del artista.

Viene de presentar su última obra, el cartel del pregón de la Esperanza que este año organiza la Hermandad de La O del barrio de Triana, en un año en el que sin duda se ha erigido como uno de los pintores de moda no sólo del panorama local, sino nacional. Su obra es reconocible a muchos metros de distancia.

El colorido y las amplias pinceladas son las características principales de Cerezal, que alcanza un tacto a veces incomprensible para trazar como pocos los ojos en los rostros de la gente o de las imágenes que esboza.

Grito en la pared

Sus carteles son un verdadero grito en la pared, como lo es esta última obra en la que ha utilizado como novedad el formato horizontal y cientos de trazos de colores que describen toda una “petalá a la Virgen de la O”. Utiliza un lema para anunciar el XLIII pregón de la Esperanza que se celebrará el próximo 11 de diciembre: “Mas que un sentimiento es una ayuda verdadera”.

Todos recuerdan el cartel que trazó para la última Semana Santa de Sevilla. Una obra que según el artista le “llenó de confianza y seguridad” para afrontar mejor su vida “personal y profesional”.

Hasta diez han sido las pinturas que a Cerezal le han sido encargadas en este último año. Desde el cartel de la Velá de Triana, pasando por el de la Oliva de Salteras, la romería de Torreblanca y el del año jubilar de la Esperanza de Triana. Y como el que abrió las puertas a un exitoso año, el de la Navidad 2016 que organiza la Asociación de Belenistas de Sevilla y que en este año ha generado una ferviente polémica alrededor de la obra de Manuel Peña.

Carteles y polémicas

Cerezal entiende que el de esta edición “es un cartel distinto, tanto por la temática como por el formato”. Respeta la decisión tomada por el artista; incluso no comprende que “se haya montado la que se ha montado”, pero asegura que él “no hubiera enfocado así el cartel, aunque lo mismo hubiera pensado Manuel de mí hace ahora un año”.

Ante la repercusión que puede tener una obra pictórica, Cerezal tiene claro que “la indiferencia es el mejor arma para combatir las mofas y duras críticas vertidas por las redes sociales”, aunque como afirma “hay que aprender a estar expuesto a la opinión pública”.

Eso sí, tiene muy claro que los artistas tienen que seguir insistiendo para que todas las obras encargadas sean remuneradas. “Yo no puedo ir a la tienda de pinturas de mi pueblo y pagarle los materiales con la satisfacción que depara la repercusión positiva que me da un cartel”, dice.

Sus dotes artísticas son innatas. Su madre, que fue durante 40 años profesora de Historia del Arte, le ayudó a aventurarse en esta apasionante y vocacional profesión. La facultad “despertó” sus instintos y su sello “no procede de ningún movimiento artístico”, porque al final es él mismo.

Síndrome de Tourette

Y cómo no, nunca esconde su enfermedad y se abraza a ella lo suficiente como para combatirla “a diario”. El que haya tenido el privilegio de verlo crear en directo entenderá el titánico esfuerzo que Cerezal debe realizar para concebir sus pinturas. Para muchos sigue siendo inexplicable la calidad y perfección de los rostros que traza en sus lienzos.

El síndrome de Tourette es “una enfermedad rara, genética y heredada. Tengo múltiples tics de movimientos, fónicos, incluso cierta tartamudez, e inconscientemente hago uso en ocasiones de palabras soeces”.

Todo ello añadido a la ansiedad, fobias, nerviosismo o al déficit de atención que le provoca dicho trastorno, pero Cerezal lleva una vida luchando.

“Soy un Tourette desde que me levanto hasta que me acuesto y soy consciente de ello. Pero mis ganas de hacer, pintar y vivir me llevan a luchar cada día. Y aunque el 80 por ciento en que estoy pintando el síndrome actúa aumentando aún más los tics, no dejo de enfrentarme a mis dos batallas: mi obra y mi trastorno. Es lo que hay y tengo que aceptarlo”, dice Cerezal, que como firma de vida la tiene muy clara. “Yo soy mi síndrome y mi pintura”.

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