Actualizado: 17:17 CET
Domingo, 09/08/2020

Sevilla

77 Autores fotografían sus escritorios en un curioso juego literario

"Proyecto escritorio" es un libro y un experimento en el que 77 escritores actuales fotografían sus escritorios y comentan cómo surgen sus escritos

  • Escritorio de Fernando Aramburu

Es habitual que los lectores se pregunten dónde y cómo ha sido escrito lo que suelen leer con entrega, veneración o simple curiosidad, una pregunta a la que trata de responder "Proyecto escritorio", un libro, un experimento en el que 77 escritores actuales fotografían sus escritorios y los comentan.

Publicado por la granadina Cuadernos del Vigía en edición de Jesús Ortega, escritor y gestor cultural que, originariamente, invitó a algunos de estos 77 autores para un blog que tuvo activo entre 2012 y 2013, "Proyecto escritorio" se ofrece como "una aproximación a las condiciones materiales y espirituales necesarias para la escritura".

El conjunto es una curiosa reflexión sobre "los espacios de la escritura", sobre la cotidianeidad de la creación, sobre las condiciones que ésta exige, pero también sobre el lugar donde se aguarda la inspiración, sobre rituales, fetiches y manías, sobre comodidad e incomodidad, sobre la relación entre espacio físico y disposición anímica, sobre orden y desorden, ruido o silencio, luz o penumbra.

Tal vez de todas las fotografías la más inesperada sea la de Angélica Liddell, quien se ha autorretratado semidesnuda sentada en el sofá de una habitación de hotel, lo que ella misma explica: "Dependo tanto, tanto de los acontecimientos, de los encuentros, del azar y del misterio que el escritorio muchas veces acaba siendo mi cuerpo. Un escritorio necesita horario. En cambio un cuerpo solo necesita vida. Escribir significa organizar la catástrofe (...)".

Todos los autores han participado con una única foto en color de su escritorio y un texto breve, casi nunca más de una página, y curiosamente uno de los más largos es el de Cristina Morales quien, sin embargo, no envió ninguna foto, lo que ella misma explica:

"A vosotros no os interesa la literatura, a vosotros lo que os interesa es la escritora y las condiciones de vida y milagros. Sois, pues, unos fetichistas, aburridos herederos de aquello de la habitación propia de la Virginia Woolf esa. Sois unos psicoanalistas ansiosos de justificaciones, unos melancólicos de la lectura de salón, pipas y frufrús, unos buscadores del burgués entretenimiento de la intimidad".


Uno de los más abigarrados es el escritorio de Mauricio Wiesenthal -un banderín del buque Juan Sebastián Elcano, un busto de mármol, una colección de fotos enmarcadas, un timón de barco y una copa de cristal entre otros objetos, antigüedades y estanterías repletas de libros, lo que el autor comienza explicando:

"Decía Dostoievski que los seres vivos acabamos adoptando el estilo del espacio en que nos movemos. Por eso intenté moverme siempre en lugares donde hubiese mucho Renacimiento, porque las perspectivas estéticas desarrollan la visión humanista. Y el barroco es también importante porque los ángeles sólo se aparecen donde hay formas que vuelan. La cultura es una transfiguración sutil y aérea de la naturaleza. Detesto profundamente el moderno minimalismo nórdico que me parece una forma pesada y desagradable del nudismo".

Quien debe sentirse en este libro como 'cazador cazado' es Jesús Marchamalo, autor de una obra sobre las bibliotecas de los escritores, que para este caso ha colaborado con una foto que muestra una acumulación de libros, papeles, fotografías y figurillas, en parte distribuidas en una estantería azul que sirve de telón de fondo y en parte orbitando junto a un ordenador portátil.

Erika Martínez se sienta para escribir sobre un sillón que podría ser el del director de un multinacional aunque dispone los folios por el suelo; en la mesa de Ignacio Martínez de Pisón no queda espacio ni para dejar un lápiz, como en la de Carlos Marzal o en la de Juan Antonio Masoliver Ródenas.

Ricardo Menéndez Salmón remitió una foto de un paisaje marítimo, Pilar Fraile Amador el corral de la casa rural de su abuela, Francisco Ferrer Lerín, también ornitólogo, una estancia con terraza desde la que seguir el vuelo de los pájaros, y Francisco Javier Irazoki una mesa que podría ser la de un comedor familiar.

Juan Gracia Armendáriz envió un primer plano de otra foto que tiene en uno de los estantes de su escritorio, la que muestra al escritor Juan Carlos Onetti apuntando con una linterna encendida al objetivo del fotógrafo que lo retrata, deslumbrándolo o, tal vez, desvelando el juego de la literatura.

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