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Jerez

'El especialista', una película sobre la eterna mentira del cine

Es un voluntarioso espectáculo de acción, pero carente de emoción, en el que todo parece enfocado en homenajear la figura del ‘stunt man’

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En Noche y día, de James Mangold, hay una secuencia fantástica que da la medida exacta de lo que propone la película: contar una gran mentira. Era también una forma de ajustar cuentas. Su director parecía decir: si tengo que hacer una película tan mala a partir de un guion inverosímil que sólo busca propiciar al espectador algo de entretenimiento con buenas dosis de fuegos de artificio, déjenme al menos cinco minutos de liberación.

En esos cinco minutos aparecen Tom Cruise y Cameron Diaz conversando sentados en un coche mientras avanzan en mitad de la noche. A medida que avanza la conversación compruebas que Tom deja de mirar hacia la carretera, hasta el punto que terminas por pensar: esto es el remate, ni siquiera van a tener un accidente. De pronto, la cámara se aleja y el coche en el que viajan va encima del trailer de un tren cargado de coches. El impacto era genial: todo es mentira en el cine.

Algo parecido ocurre con El especialista, aunque sin la genial licencia que se permitió Mangold, puesto que toda la película en sí está concebida para ensalzar la eterna mentira del cine, aquí subrayada en forma de homenaje al gremio de los stunt men, los dobles de las estrellas, los que los suplen en las escenas arriesgadas, algunos de ellos de fama mundial, como Yakima Kanut, con quien John Ford solía contar para sus westerns.

En este sentido, la película es un voluntarioso espectáculo de acción, entregado al más difícil todavía, pero carente de emoción y suspense, por mucho que se esfuerce en la interrumpida historia de amor entre Ryan Gosling y Emily Blunt y por dotar de cierto atractivo a la trama criminal de fondo, como consecuencia de un mediocre guion al que le cuesta situar al espectador en situación y que abusa de una pretendida comicidad poco inspirada.

David Leitch, experto ya en el género de acción -Atómica, Deadpool 2, Hobbs & Shaw- y que venía de dirigir su más atractivo y original entretenimiento hasta la fecha, Bullet train, parece asimismo más interesado en el espectáculo de acción que en la propia historia, como subraya en los títulos de crédito, y acierta con un par de persecuciones notables, pero fracasa en el conjunto, aunque se le agradezca su reivindicación del gremio de los especialistas, como viejo bastión del cine frente a la expansión exasperante de los efectos digitales.

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