Nadie gana si no ganamos todos

Publicado: 21/09/2022
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Viva Sevilla

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Jorge Carlos Lebrón, secretario de Política Institucional de CCOO de Sevilla, nos habla de la "deuda social" de la economía privada con lo público
La solidaridad y la cooperación pudieron ser las señas de identidad de un tiempo que durante la pandemia de Covid hizo que existiera una utópica sensación de que, por una vez en la vida, todos y todas íbamos a tirar del carro en la misma dirección.

Acuerdos entre gobiernos, patronales y sindicatos fueron claves para no hundirnos en una crisis sistémica que, en nuestro caso, podría haberse convertido en crónica. Pero aquello era el espejismo de un momento en el que todos y todas perdíamos. El matrimonio entre el mercado y la sociedad quedaba unido por el aislamiento y, ahí, se generaron alianzas.

Nos encontramos ahora en un momento donde esa triada de ayuda mutua ha quedado rota, al tener una de las partes ya no poco que perder, sino mucho que ganar. No seamos ingenuos. No existe la lealtad en los mercados, pero quienes son poseedores de las rentas y excedentes, lejos de pararse o distribuir su crecimiento, han decidido continuar con su proceso de hiperconcentración de la riqueza. La mejoría de los beneficios ha sido generalizada entre todas las empresas del mercado continuo, pero su repercusión para mitigar la alta inflación, el coste de la cesta de la compra y la perdida de poder de los salarios, para quienes lo tienen, ha sido nula.

Llevar el SMI al 60% del salario medio en España es una transfusión de antibióticos contra la infección de la desigualdad, pero la CEOE parece encontrarse al margen de aplicar este paliativo. CCOO ya puso sobre la mesa que casi 9 millones de personas tienen unos ingresos que no llegan a los 1.000 euros mensuales, y en Sevilla más de la mitad de las personas trabajadoras (50,7%) de la provincia vive en la pobreza salarial.

No es novedoso que se hable sobre la precariedad ni sobre la calidad del modelo productivo en Sevilla, pero es un hecho constatable la baja remuneración de gran parte de los sectores que generan el empleo en esta tierra, la cantidad de trabajo no declarado o las horas extraordinarias no retribuidas o no cotizadas. Desde esta perspectiva, el escenario actual es de lo más líquido e incierto. La crisis llega a gran parte de la clase trabajadora mientras hacemos oídos sordos al aumento de la distribución de la economía vía crecimiento o mejora del empleo y los salarios, como ha quedado demostrado en anteriores ocasiones.

Si pretendemos salir de esta catástrofe reduciendo las desigualdades, estamos obligados a forzar un cambio en la dirección actual, de ahí aquello de ‘salario o conflicto’, y que más allá de ser un lema de intenciones, es una apuesta por reclamar básicamente lo que nos merecemos. Estamos en la tormenta de la desigualdad perfecta, ganancias exacerbadas frente a miseria contenida, polarización de los que no llegan frente a los que cada vez más acaparan y un horizonte donde la patronal ha decidido tirar por la calle de en medio en esta encrucijada de intereses.

Es clara la ‘deuda social’ que el espacio económico privado tiene sobre la aportación pública a sus propios intereses, aunque parecen querer olvidar que, como decía Sprinsgteen, “nadie gana si no ganamos todos...”.

 

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