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Martes, 10/12/2019

Doñana 50 años

El holandés llovido del cielo

Publicado: 02/11/2019 ·
18:24
Actualizado: 14/11/2019 · 14:39

Existen en la historia de Doñana algunas derivaciones que llevan hasta Holanda bastante interesantes, e incluso determinantes


Existen en la historia de Doñana algunas derivaciones que llevan hasta Holanda bastante interesantes, e incluso determinantes. Pero ninguna con el halo de misterio que la protagonizada por L. A. van der Molen…

Empecemos por las dos primeras conexiones holandesas.

El Patrimonio Forestal del Estado era una entidad estatal que desde 1941 fue llenando de eucaliptos y pinos el flanco onubense de Doñana, la costa oeste. Incluso entró en el coto de caza propiedad del trío Noguera-Carrizosa-González. Esto provocó, por cierto, el famoso documento que envió el bodeguero Manuel María González a Franco, para evitar que se destrozara Doñana a base de eucaliptos. Un aspecto poco conocido, y no demasiado importante, es que el inicio de todo el ímpetu repoblador, en 1920, se debe a la Sociedad Forestal de Villarejo, compañía holandesa de impronunciable nombre (Handelmaatschappij Ibérica), que desarrolla una intensa actividad repobladora sobre unas 3.000 hectáreas en los cotos de Los Cabezudos y Bodegones, junto al arroyo de la Rocina, efectuando plantaciones sobre todo de eucaliptos blanco y rojo y de pino piñonero.

Estos trabajos se acompañan de ensayos experimentales para determinar las especies más idóneas, para lo que se creó un arboreto que llegó a tener 177 especies y variedades, 67 de ellas eucaliptos, junto a la casa de Los Cabezudos.

Esta fase se prolonga hasta la adquisición de las fincas de la citada sociedad por el Patrimonio Forestal del Estado. Desempeña un papel clave el ingeniero holandés Thomas F. Burgers, quien se asienta en 1927 con su familia en una casa dotada de unas condiciones de habitabilidad desconocidas hasta el momento por esos parajes almonteños.

El objetivo, si todo iba bien, era montar una fábrica de papel en el arroyo de la Rocina, y abastecer a las minas de Riotinto de traviesas. Si quiere conocerse la epopeya humana que supuso ese tremendo operativo, nada mejor que leer las novelas de Juan Villa. O bien ver el NODO del 27 de abril de 1953 en este enlace.


El siguiente holandés es nada menos que el príncipe Bernardo de Holanda. Él fue el primer presidente de WWF, la organización ecologista que nace para recaudar dinero con el que comprar fincas de Doñana, salvarla de su destino agrícola o cinegético, y destinarlas a la ciencia. El príncipe es el elegido porque supone un señuelo de categoría para manejar influencias. Los vicepresidentes son Luc Hoffmann y Peter Scott (hijo del explorador antártico), dos primeros espadas que recorrieron Doñana en 1957. El mismo Scott diseñó el logotipo, un oso panda, animal de moda en Londres por la llegada de un ejemplar al zoo.

De forma mimética, cuando se crea la filial española de WWF, llamada Adena, es el príncipe Juan Carlos el primer presidente. De ese honroso puesto acabaría defenestrado al descubrirse la famosa foto de él y un elefante muerto que había cazado…
El tercer holandés es el que nos intriga. Se trata de L. A. van der Molen. Dice José Antonio Valverde en sus memorias que «entre los visitantes habituales de Doñana había un holandés, ya de edad; un hombre independiente que me había caído bien desde que cruzó la puerta del despacho y con el que mantenía con gusto charlas y correspondencia».

«Un día anunciaron su visita y me levanté encantado… aunque para ver sólo entrar a dos desconocidos, sus hermanos, que venían a informar que había muerto y legado al WWF, con destino específico para Doñana, todo su dinero, unos 6 millones de pesetas».

El director de la Estación Biológica de Doñana y del propio parque decidió que los utilizaría en comprar el lucio de Mari López y la ahora reserva del Guadiamar, 3.300 hectáreas. El coste se elevaba a de 25 millones de pesetas, un precio ventajoso que cerró con un apretón de manos con el bodeguero, banquero y terrateniente Salvador Noguera, de La Palma, ya en cama para morir.

El resto debían ponerlo los recaudadores de WWF, cosa a la que accedieron tras visitar la zona, en un recorrido que Valverde llamó de las vacas muertas (dead cow trip), por cómo estaba la marisma de cadáveres debido a la sequía. En la firma en Madrid del documento, que hacía dueños de la finca a partes iguales a WWF y al CSIC, Valverde cuenta que introdujo en el texto la cláusula de que el Consejo de Investigaciones Científicas «se comprometía a dotar dos plazas de biólogos».

Así fue como el vallisoletano dejó de estar «solito y enfermucho» en la Estación Biológica, y entraron en plantilla los dos primeros colaboradores. Se trató de Javier Castroviejo (luego sucesor de Valverde) y Fernando Álvarez, «que quizás ignoren que deben su puesto en último lugar al señor Van der Molen».

La compra de esas dos fincas origina la famosísima foto de Valverde brindando con Doñana con una botella de Tío Pepe, fino de su amigo Mauricio González Gordon.

Más información y fotos en www.donana50.es

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Autor en Andalucia Información

Jorge Molina

Periodista, escritor y guionista. Y siempre con el medio ambiente como referencia

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Publicado: 02/11/2019 ·
18:24
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